Los Socios Militares y la Argentina Sojuzgada

Por Elías de la Cera

No me nuembren que es pecao

y no comenten mis trinos,

yo me voy con mi destino

pa’l lao donde el sol se pierde,

tal vez alguno se acuerde

que aquí cantó un argentino”.


Atahualpa Yupanqui


Mientras que el gobierno de los científicos discutía acaloradamente “el tema de los runners”, en el vecindario (Hispanoamérica) se produjo un hecho que podría llegar a marcar un hito en la historia de nuestro continente y, ¿por qué no?, del mundo.


Ensimismado, nuestro presidente piensa que el mundo está parado y que todos los gobiernos han fracasado con respecto al manejo de la pandemia. Menos él, claro. Y así, haciendo oídos sordos a los rumores, solo contemplando la “evidencia científica” y la opinión de los expertos (que todavía no saben si el barbijo es una compadrada o un elemento sanitario indispensable para que la raza humana prevalezca), el presidente hace gala de su obra de gobierno contando los muertos de otros países y exponiendo la insensibilidad de los bonistas.


Pero el mundo ni está detenido, ni va a cambiar. Todos aquellos que anunciaron el fin del capitalismo, el fin de Estados Unidos, el fin del sector privado, el fin del individualismo y el egoísmo, a mi modesto modo de ver y entender la realidad, se han equivocado. El Covid-19 solo terminó por catalizar un proceso que, para simplificar, diremos que comenzó con la asunción de Trump. Me refiero específicamente a la crisis de la globalización (socialdemocracia y neoliberalismo), con su consecuente reivindicación del nacionalismo y la puesta en valor del trabajo y la producción en detrimento de los esquemas especulativos rentísticos.

Todo eso está muy bien, pero ¿cuál es ese suceso tan farolero y compadrón al que se hace mención en la primera oración? Algunos ya lo sabrán, pero el gobierno no lo sabe o no le importa: Estados Unidos y Brasil firmaron en Miami el “Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Pruebas y Evaluación” (RDT&E para los amigos) en materia de Defensa, y pareciera ser el primero de muchos frutos que surgirán de aquella designación de “Aliado estratégico extra OTAN” que EE.UU. le otorgara a Brasil allá por Marzo del 2019.


El objetivo de la marrulla es incorporar la industria de Defensa brasileña al inmenso complejo militar industrial norteamericano que, siempre es importante recordarlo, es el primero del mundo, no solo por su potencia financiera e inversora sino por su inigualable capacidad tecnológica (se sabe que en los últimos 4 años, el gigante del norte ha invertido en sus fuerzas armadas unos U$S 2.5 billones, una cifra superior a la suma de gastos que hacen todos los países del mundo en materia de Defensa, una verdadera y auténtica bicoca).


En el presupuesto 2019/2020, el gasto fijado en Defensa estadounidense asciende a U$S 741.000 millones y es, por lejos, el primero del mundo (lo sigue China con U$S 280.000 millones). Me demoro en estos datos simplemente porque veo que está muy de moda hablar de potencia en declive y potencia en ascenso. Yo creo que hay que ser más prudente. Mientras que el poder lo siga definiendo la economía y el ejército (la guita y los fierros), EE.UU. conservará su carácter de hegemón, su cartel de guapo.


A ver si nos entendemos: el RDT&E pone a disposición de la industria de Defensa brasileña el acceso inmediato al “Fondo del Departamento de Defensa de EEUU”. Estamos hablando de unos U$S 100.000 millones (¡Cien mil palos verdes!) destinados al desarrollo de proyectos high tech. Esto implica que Brasil ha modificado su status internacional y ha egresado del marco regional tras el acuerdo político, estratégico y militar firmado por Trump y Bolsonaro; aliados estratégicos y socios militares.


No hace falta ser Braudel para darse cuenta que Brasil fue históricamente un aliado de Estados Unidos. Ya el famoso Barón de Rio Branco miraba con cariño a una nación que había sacado a los españoles de Cuba y Filipinas y había mediado entre Rusia y Japón en la guerra de Manchuria. Pero este acuerdo puede significar un punto de inflexión. Bolsonaro (que después de todo no es tan imbécil) está a punto de lograr el más anhelado de los imperialistas berretines de Brasil; el estatus de potencia mundial.


¿Como queda parada la Argentina con esto? En una clara situación de debilidad objetiva. El diferencial económico-militar que desplegará Brasil en los próximos años será irreversible. Basta con echar un vistazo a lo expresado en el Libro Blanco de Defensa de Brasil para ver a las claras cómo se habla lisa y llanamente de hipótesis de conflicto y de intereses en el Atlántico sur. Es claro que teniendo un gobierno adicto en Bolivia, y con Trump encargándose de Venezuela, el próximo objetivo somos nosotros.


Yo no sé si el presidente no sabe esto, o lo sabe y no le importa. Lo que sí sé es que la manera de resolver esto no es acudiendo a la estudiantina del Grupo de Puebla o haciendo conferencias con los estadistas jubilados. Es ridículo que el presidente de un país tan importante como este se ponga a hablar sobre la inmoralidad del lawfare con personas que ya no tienen poder y, a la vez, esté enemistado con todos los líderes de la región.


Si Alberto y Cristina no se sacan la modorra, no solamente van fracasar rotundamente, sino que van a dejar al país humillado, empobrecido y sojuzgado. Algo imperdonable para mí, que soy peronista. Algo imperdonable para mí, que soy argentino.


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