La Transformación se Puede Parar

Por Antonio Rivas.

El dominio político y electoral de la derecha en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, necesita ser analizado a fondo. Casi veinte años de hegemonía, no se explican por una suma de datos sueltos. Pareciera como si nada pudiera erosionar a las sucesivas figuras que han cumplido un papel en esa construcción. Los debates en torno a personas, a sujetos, se agotan si no se los vincula a los sistemas de poder institucionales y sociales en los que se sostienen. El PRO y JUNTOS POR EL CAMBIO, representan en la CABA, un conglomerado de intereses sumamente cohesionados y articulados, que pocas veces actúa a luz del Sol y que en la sombra y el anonimato, orienta las acciones de un Gobierno, prohijado por las corporaciones, desde su mismo nacimiento.

Los que cuestionamos y disentimos con el oficialismo porteño, debemos reconocer un dato ineludible: el consenso social con el que cuenta la derecha conservadora en todos los barrios de la Ciudad. Hay una mayoría popular, compuesta por diversos sectores y clases sociales, que hace posible la poderosa influencia de ciertos valores y principios, y la implementación de políticas públicas muy específicas, que desde nuestro lugar, consideramos dañinas y escandalosa e impúdicamente corruptas. Sin esa mayoría, sin esos votos – miles, cientos de miles de votos- el Macrismo no hubiese podido sostenerse tantos años en el poder y colocar a su máximo referente, en el Sillón de Rivadavia, entre 2015 y 2019.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires – un histórico espacio para la consumación de grandes estafas y negociados – avanzó, por ejemplo, con sus intenciones de sancionar por ley, la remodelación inmobiliaria de la Costa del Río de la Plata, en medio de críticas que, emitidas con buenas intenciones, e incluso con un rigor técnico y lógico admirables, le hicieran referentes y militantes de todos los partidos opositores. La determinación con la que Horacio Rodríguez Larreta insiste y ha insistido, en la instalación pública del tema de un modo amigable, desnuda que detrás de sus iniciativas – presentadas pulcra y consistentemente, hay que decirlo –están importantes grupos económicos locales y extranjeros, que además de plata, disponen de un aparato comunicacional enorme y eficiente, de operadores hábiles y experimentados, que deambulan por canales y radios, pregonando las bondades que tendría, a futuro, destinar a la especulación, la última zona verde y ecológica de la Ciudad.

Hay un eslogan publicitario, que Larreta nos presenta desde todo tipo de plataformas: “La Transformación no Para”, que alude, sin dudas, a una verdad indiscutible: desde que llegara al gobierno, la Ciudad tiene otro rostro. Resulta importante, desde nuestro punto de vista, resaltar el impacto modélico, que la obra pública porteña, ha tenido en muchos municipios del conurbano y del interior de la provincia de Buenos Aires. Muchos intendentes – de la derecha pero también del oficialismo nacional – copian el estilo y las formas estéticas del “larretismo”, a la hora de remodelar y mantener en valor, el espacio público. Una cuestión que no puede ser ignorada, es que los grupos empresarios que consiguen fabulosas ganancias en sociedad con los Estados, no tienen – más allá de declaraciones públicas de algún referente famoso- fronteras ideológicas, si hay plata de por medio.

La decisión de algunos diputados y dirigentes sociales opositores, de recolectar firmas para involucrar a la sociedad – o a una parte de ella – en la construcción de herramientas políticas e institucionales, capaces de frenar primero y derrotar después a la derecha en la CABA; debe ser aplaudida y ponderada positivamente. Rompe con el remanido estilo contestario, al que tan afecta suele ser la izquierda; para involucrarse en una lucha colectiva, detrás de objetivos concretos, de carácter táctico. Hay – de modo indubitable – un espacio para dar cuerpo a ideas y valores distintos a los hegemónicos, que esperan – hace muchos años ya – una expresión sólida y coherente, que los transformen en hechos, más allá o más acá de las palabras.

Los resultados son auspiciosos. No importa tanto el resultado de las votaciones en una Legislatura hoy bloqueada por una mayoría automática; sino que lo relevante del caso, está en la organización barrial y popular, que es el arma que más temen los dirigentes del Macrismo porteño. Saben que pueden comprar voluntades aisladas, y detener iniciativas sueltas y descoordinadas; pero que será más difícil, evitar los caminos abiertos por agrupaciones de vecinos y de militantes, surgidas de abajo, y movidas por una vocación práctica. Obligar a tratar ciertos temas y poner en la agenda, cuestiones invisibilizadas ex profeso, no garantiza un éxito electoral inmediato, pero pone las bases de una alternativa, que de eso y no de otra cosa, estamos hablando.

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