Develar-Debelar

Por Néstor Forero

El siguiente artículo corresponde al Capítulo 6 del libro “El Crimen de la Deuda Externa. De Martínez de Hoz a los fondos buitre” (2016), Buenos Aires, Argentina. Ediciones Fabro.



Según el diccionario de la Real Academia Española:


Develar (del latín develáre): levantar el velo, quitar o descorrer el velo que cubre algo.


Mientras que,


Debelar (del latín debellare): rendir a fuerza de armas al enemigo.


Debelar, según el derecho romano, es el aniquilamiento del Estado a causa de una conquista.


Existe un principio del derecho romano trasladado al derecho público internacional que proviene del principio de debellatio, que define el aniquilamiento de los conquistados.


El profesor Risso Romano, en su Tratado de Derecho Público Internacional, señala que la debelación es la desintegración como consecuencia de una guerra de conquista. Por su parte, Seille señala que la debelación constituye un hecho ilegal que no interrumpe la existencia jurídica de un Estado, pero lo afecta irremediablemente. La debelación, así entendida, es la consecuencia de una guerra injusta.


Y vaya si la nuestra ha sido una guerra injusta, librada en nuestro propio territorio, de manera silenciosa y silenciada, que afecta a la mayoría de los argentinos, aunque por pereza intelectual, comodidad, justificación de la situación o falta de entendimiento global de la situación, no hemos hallado la forma de canalizar la íntima y profunda voluntad de librarnos de nuestros conquistadores.


Y es que el conquistador con mano diestra supo utilizar los elementos nativos antes que los foráneos para hacer rendir a nuestra Nación.


En esta lógica, Ias peleas políticas se reducen a cuestiones de quién es el mejor administrador a los fines del Imperio.


Para nosotros, el período que comienza el 24 de marzo de 1976, y aún antes, hasta la entrada a este nuevo siglo, debe ser considerado como un proceso de debelación, donde la derrota de las armas en nuestra Guerra Nacional de Malvinas fue el instrumento utilizado para apresurar las modificaciones estructurales y destruir la revolución iniciada por Perón, tal como lo señala el profesor Ferns, cuyos conceptos están recogidos en estas páginas.


Malvinas y Deuda Externa, dos elementos permanentes de nuestra lucha popular y, a la vez, dos instrumentos para vaciar nuestro patrimonio y entregarlo en parte de pago a los vencedores de la contienda austral.


Esto explicaría por qué Gran Bretaña y sus aliados no invadieron el continente durante la disputa militar; el argumento de que una invasión continental despertaría una conciencia latinoamericana, y consecuentemente se levantarían los pueblos hermanos en pos de una causa común ante el imperialismo, no alcanza a explicar la no invasión. Hechos anteriores y posteriores nos demuestran que no han tenido pruritos en invadir y masacrar pueblos enteros en nombre de ahuecados valores y mentiras consuetudinarias.


La no invasión militar al continente puede explicarse de la siguiente manera: ¿para qué arriesgarse si, con solo unos años más, se firmarían los Tratados de Madrid y Londres, y con ellos se consolidaría un nuevo estatuto del vasallaje?


“Si se ha de permitir que un niño viva otro debe darle su lugar”, la célebre máxima del Reverendo Thomas Robert Malthus, cura de Albury, Surrey, Inglaterra, receptada en su famoso ensayo de 1798: Ensayo sobre el principio de la población en cuanto afecta al futuro mejoramiento de la sociedad; con observaciones sobre las especulaciones de Mr. Golwin, M. Condorcet y otros escritores, para desgracia del género humano no ha dejado de tener vigencia para los esclavistas del poder mundial que pretenden aplicarla a toda la humanidad.


Aquel que nacido niño el 13 de febrero de 1766, a las tres semanas de vida fue visitado por las luminarias de su tiempo, David Hume y Jean Jacques Rousseau, como sendos “reyes magos paganos“, y educado por su padre en las ideas liberales y fortalecido luego por su paso por la Universidad de Cambridge, sigue siendo el foco que ilumina a los planificadores del genocidio humano.


En efecto, la ideología imperial del genocidio humano hace campaña sobre una supuesta sobrepoblación del mundo, insistiendo en que la hambruna y el agotamiento de los recursos son las razones principales para limitar la reproducción humana. Y que en esta limitación está en juego el bienestar de los sobrevivientes.


Sobre un mundo que se asoma a una población mundial de 7 mil millones de personas, ellos planean un mundo de 2 mil millones, el resto es un excedente del cual hay que desembarazarse.


“Todos los niños que nazcan por encima de los necesarios para mantener la población al nivel deseado, deben perecer, a menos que se les haga espacio por la muerte de otras personas. Por tanto, debemos facilitar las acciones de la naturaleza que produzcan dicha mortalidad y no soñar torpe y vanamente con impedirlas. Si nos asusta la aparición de la hambruna, debemos facilitar las otras formas de destrucción que impulsaremos a la naturaleza a usar”.


La ya conocida Acta de Seguridad Nacional Nº 200 elaborada por Sir Henry Kissinger para el entonces presidente norteamericano Richard Nixon, recepta estos conceptos, cuando señala que “un crecimiento desmedido de la población en los países en desarrollo podría constituirse en una rebeldía contra los países ricos”.


Los pobres del mundo son motivo de inseguridad para los poderosos.


Exterminar a casi 5 mil millones de seres humanos es el plan que han puesto en marcha para consolidar su seguridad.


Bilderberg, C.F.R., Club de Roma, son algunos de los organismos donde se planifica esta matanza, utilizando las más variadas formas de sometimiento material, ideológico, psíquico y espiritual, utilizando los más sofisticados mecanismos de aculturación y dominio, seduciendo a las futuras víctimas con los más variados y sutiles argumentos que faciliten el adormecimiento para su posterior devastación.


El control de natalidad, las guerras químicas (drogas) y bacteriológicas (HIV), son algunas de las formas de destrucción que impulsan a la naturaleza a tomar, mientras se convierten en fenomenales negocios, que por su magnitud compiten con el tráfico de armas y la explotación de personas.


Así, las nuevas culturas basadas en el individualismo, el hedonismo y el utilitarismo, permite aportar nuevas materias primas de los niños que nacidos son un riesgo para los poderosos; ese riesgo se elimina con el aborto, así los fetos abortados se convierten en una nueva materia prima para la industria farmacéutica; por ejemplo, las células de los abortados se utilizan para producir piel artificial.


El argumento de la superpoblación como causa de la pobreza no resiste el menor análisis y, sin embargo, lo escuchamos a diario. Ciudades como Bangkok, Seúl, Singapur, Tokio y Hong Kong están superpobladas y, sin embargo, son prósperas. Taiwán tiene una densidad demográfica de 912,5 habitantes por kilómetro cuadrado y un producto interno bruto per cápita de 16.500 dólares por habitante, mientras que China tiene una densidad de 225 habitantes por kilómetro cuadrado y un PIB per cápita de 3.600 dólares.


En África y en América Latina, continentes empobrecidos, la densidad es de 80 y 55 habitantes por kilómetro cuadrado, respectivamente; en Europa, continente desarrollado, la densidad poblacional es de 213 habitantes por kilómetro cuadrado.


La causa de la pobreza no es la sobrepoblación, sino la explotación del hombre por el hombre.


De hecho, si se invitara a toda la población mundial a una mega fiesta y se calculara medio metro cuadrado por cada invitado (el doble del espacio que se calcula en los subterráneos) serían necesarios 3.850 kilómetros cuadrados para que cupieran todos los invitados terrestres. Para alojar a todos en la mega fiesta alcanzaría con la superficie del emirato de Dubai, o el estado de Rhode Island, en EE.UU., el resto de la superficie del planeta se presentaría desocupada.


Y si sólo quisiéramos sacarnos una foto de los casi 7.000 millones de habitantes del planeta, puestos uno al lado del otro, hombro con hombro, se necesitarían 1.200 kilómetros cuadrados, alcanzaría con la ciudad de Los Ángeles, y tendríamos que estar parados casi una hora para que el fotógrafo dijese “sonrían” en las casi 6.900 lenguas que se hablan en el mundo.


Los recursos naturales no corren el riesgo de agotarse, las nuevas tecnologías en la producción de alimentos así lo demuestran. Lo que corre riesgo en agotarse es el mismísimo hombre; la pobreza, entonces, no es más que la cara del fracaso del hombre mismo en la administración y distribución de los recursos.


Las alzas descomunales de los precios de los alimentos son producto del accionar especulativo de los centros financieros internacionales, fundamentalmente en el eje agro-mercantilista de Kansas-Minneapolis-Londres, una docena de compañías claves, aliadas a otras 40 de mediana envergadura, dominan la cadena alimenticia, cuya cúpula es el cártel de granos compuesto por Cargill, Continental CGC, Archer Daniels Midlands (ADM), Louis Dreyfus, André y Bunge y Born. Con dominio casi absoluto sobre los cereales: trigo, maíz, avena, sorgo, cebada y centeno; hasta las carnes: lácteos, aceites, grasas comestibles, frutas, vegetales, azúcar y especias.


Alfredo Jalife Rahme nos amplía la constitución del cártel: ADM, Unilever, Pillsbury, Cargill y Cadbury se subdividen en:


1) Granos: Continental, Cargill, Bunge y Bom, Louis Dreyfus. ADM-Toepfer, André, Quaker Oats;


2) Carnes: BO, Conagra, Cargill; Sara Lee, Hormel;


3) Lácteos: Nestlé, Borden, Kraft, M.E. Frank, HoogWegt, Unilever;


4) Aceites y grasas comestibles: Unilever, ADM, Procter & Gamble;


5) Azúcar y cacao: Nestlé, Tate & Lyle, Cadbury;


6) Bebidas: Guinness, Bass, Seagram, Coca Cola, Pepsi Cola, Anheuser Busch;


7) Distribución: Nestlé, Grand Metropolitan Pillsbury, RJR Nabisco, Phillip Morris, Kellogg's, General Mills, United Biscuit, BSN, Hillsdown Holding, Ralston Purina, Safeway y Chiquita Internacional, y


8) Las patentes agro-farmacéuticas son lideradas por Monsanto, Cargill, Dupont y Novartis.


Todos estos conglomerados están sostenidos financieramente con las grandes corporaciones bancarias y financieras mundiales, que en la última y no acabada crisis financiera obligaron a los gobernantes a trasladar sus pérdidas a las espaldas de sus contribuyentes, sometiéndolos a una cadena infinita de ajustes fiscales que recién comienzan, y que los argentinos conocemos en carne propia.


El oligopolio mundialista nos somete a una triple exacción; somete a ajuste fiscal a los gobiernos endeudados para salvar los bancos (tal como ayer lo hizo con el Tercer mundo al colocar su excedente de petrodólares) constituyendo deudas externas fraudulentas, a espaldas de la voluntad popular e imposibles de pagar. Por otro lado, con el alza desmedida de los precios del petróleo y la canasta alimentaria, reduce el poder de compra de las poblaciones.


Si este alza de precios de la canasta alimentaria reduce el poder de compra en los países desarrollados, en los países en desarrollo los arroja a la hambruna de millones de personas. que no logran con su trabajo en condiciones extremas (cuando  lo tienen) cubrir las necesidades básicas propias y de su familia. Más del 20% de la población mundial vive con menos de 2 dólares diarios.


La represión de las masas hambrientas asume un nuevo ingreso por la venta de armas. La guerra siempre ha sido uno de los métodos más eficaces para imponer los ajustes y disciplinar a los pueblos.


Y el tercer mecanismo de exacción es la fuga de capitales. Dado que la fuga de capitales está fuertemente ligada a la evasión fiscal (evasión en sentido amplio incluye la elusión), y la evasión fiscal resta recursos tributarios vitales a los Estados, estos estados así saqueados en sus derechos soberanos no recaudan los medios para hacer frente a las necesidades básicas de sus ciudadanos. Así, la fuga de capitales refuerza la miseria en el planeta.


Se estima que el ingreso anual mundial de las fortunas personales no declaradas (no se incluyen las empresas) oscilaría entre los 860.000 millones de dólares estadounidenses, un impuesto a las ganancias del 30% arrojaría una recaudación de 255.000 millones de dólares anuales.


Por su parte, las Naciones Unidas estimaban que para cumplir con los Objetivos del Milenio, que proyecta reducir la pobreza a la mitad para el año 2015, se necesitaban 135.000 millones de dólares. Es decir, que con casi la mitad de la recaudación evadida (sólo de los particulares) se financiaría la salida de la pobreza de la mitad de los pobres del planeta.


Según un informe del 1 de agosto de 2006, de la Subcomisión Permanente del Senado de los EE.UU., se calculaba un PIB Mundial de 45 billones de dólares, de esos 45 billones unos 33 billones de dólares corresponden a la titularidad de 8,5 millones de personas. Un tercio, 11,8 billones de dólares, se encuentra canalizado a través de paraísos fiscales.


Las consecuencias más visibles de la fuga de capitales son:


1) restar recursos nacionales para un plan de desarrollo;


2) una regresiva distribución del ingreso;


3) el debilitamiento del empleo y de las condiciones de trabajo:


4) la pérdida de capital doméstico genera una sustantiva disminución de la utilidad social de los recursos; y


5) un condicionamiento estructural de la economía y la constitución de un gran inhibidor de las políticas públicas, el poder de veto de los agentes fugadores y facilitadores de la fuga de capitales.


Los métodos más conocidos para implementar este mecanismo de evasión-fuga son:

a) la economía informal;


b) las fortunas domiciliadas en paraísos fiscales;


C) los métodos elusivos que permiten expatriar utilidades sin el correspondiente pago de impuestos;


d) la sobreestimación de las importaciones y subestimación de las exportaciones, y

e) la ingeniería fiscal, a través de los precios de transferencias, donde dado que el 40% del comercio mundial se desarrolla entre empresas del mismo grupo económico, permite a los planificadores fiscales alojar las mayores ganancias en territorios de baja o nula tributación.


De allí el florecimiento de los paraísos fiscales. Entre 1970 y el 2004, los paraísos fiscales reconocidos han pasado de 25 a 72. Muchos de ellos están instalados en pequeños países dependientes de las grandes naciones del Norte.


Sólo 35 de los 72 paraísos fiscales individualizados están jurídica, económica y/o históricamente ligados al Reino Unido.


LA INCIDENCIA DEL REVERENDO MALTHUS EN EL PENSAMIENTO GLOBALIZADOR


El reverendo Thomas Malthus, autor muy difundido entre los grupos de poder mundial, señalaba hace unos doscientos años que las sociedades se encontrarían imposibilitadas de alcanzar un bienestar generalizado, ya que la población crecería más rápido que los medios de producción. De esta forma, se agotarían los medios de subsistencia, a menos que hambrunas, enfermedades, guerras, vicios, miserias o una limitación planificada frenaran su crecimiento poblacional.


Los controladores de la población eran para Malthus el aumento del índice de mortalidad (a través de guerras, hambrunas, epidemias y vicios) al que llamaba controlador positivo, y los controles preventivos que estaban dados por la reducción de los índices de natalidad (el trajinado tema del control de la natalidad y su ropaje moderno: la concepción responsable).


Responsables de la ejecución de estos principios son los organismos multilaterales de crédito, auditores de los países y verdaderos agentes de cobro de los acreedores.


No es que han fallado las principales instituciones que gobiernan la globalización: El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. No es que se hayan desviado de su original cometido, tal como señala Joseph Stiglitz (ex Vicepresidente del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía), sino que están cumpliendo su real cometido, sólo que se han caído las máscaras y los símbolos sin rostros del orden económico mundial nos sonríen cínicos desde sus calaveras.


Al Fondo Monetario Internacional, en Bretton Woods, se le encargó impedir una nueva depresión global. Originariamente, lo conseguiría descargando presión internacional sobre los países que no cumplieran con su responsabilidad y dejaran que se desplomaran los mercados.


Así como la Organización de Naciones Unidas nació de la creencia en la necesidad de una acción colectiva a nivel global para lograr la estabilidad política, el FMI surgió de la creencia de una acción colectiva a nivel global para lograr la estabilidad económica. En la ONU, un grupo de países ostenta el derecho de veto de cualquier iniciativa. En el FMI, sólo los Estados Unidos, basado en su poder económico, ostenta el derecho a veto.


Nacido de la idea de John Maynard Keynes, el FMI ha variado en su operatoria; hoy sólo aporta fondos si los países están dispuestos a recortar presupuestos, aumentar los impuestos y elevar las tasas de interés, lo que contrae a la economía. Como dice Stiglitz: Keynes se revolvería en su tumba si supiese lo que ha sucedido con su criatura.


Por su parte, el Banco Mundial también sufrió drásticos cambios en la década de los ochenta con el advenimiento de Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, propulsores de un Nuevo Orden, impuesto a sangre y fuego.


Basados en la libertad de los mercados, la nueva conducción del Banco Mundial en 1981, con su economista jefe Anne Krueger, estimó que los fracasos de los planes de desarrollo se debían a la intervención del Estado. Enunciaron entonces una receta única para todos los problemas económicos del mundo: El Estado era el problema, la solución de los males de los países subdesarrollados era el libre mercado.


La Organización Mundial de Comercio, nacida mucho tiempo después de las otras instituciones, no ha podido atenuar la política de “empobrecer al vecino” mediante la política arancelaria y cupos de comercialización, sino que agravó aún más la brecha tecnológica entre los países desarrollados y el resto. La ley de patentes medicinales, que beneficia a los grandes conglomerados farmacéuticos a costa de la salud de poblaciones enteras, es sólo un ejemplo.


El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) ha renovado el proteccionismo de los poderosos, la “guerra agrícola”, las áreas de productos textiles, el hierro, el acero, los petroquímicos, las patentes medicinales son algunos de los campos en los que las Naciones más desarrolladas emplean subsidios y barreras no arancelarias para la consecución de sus objetivos de dominación frente a los países subdesarrollados, debido a la debilidad económica de éstos, su limitada importancia como mercados y su escaso o nulo poder de represalia, lo que los convierte en objetivos fáciles. De acuerdo con una reciente estadística, el 31% de las exportaciones industriales del Sur está sujeto a barreras no arancelarias de los países del Norte.


Dice Stiglitz: “la sacralización del libre mercado en los ochenta formó parte del nuevo Consenso de Washington, entre el FMI, el Banco Mundial, y el Tesoro de EE.UU. se diseñó las políticas correctas para los países subdesarrollados ", y agrega: “muchas de las ideas incorporadas al Consenso fueron desarrolladas como respuesta a los problemas de América Latina”.


Un par de pensadores nos aclaran un poco más las ideas del Consenso. Richard Feinberg se preguntaba si la deuda “era una carga perversa para la estabilización y el ajuste, a un catalizador para forzar el cambio, una palanca externa que el F.M.I. podía utilizar en pos de la reforma".


Por su parte, Richard Webb señaló de manera drástica que no se trata de dar alivio a los problemas de la deuda, porque eso retrasaría las decisiones políticas: “sólo la desesperación puede provocar el ajuste”.


Pero estos verdaderos “filántropos de las multinacionales" no actúan solos.


Aurelio Peccei, Presidente del Club de Roma, en octubre de 1979, señalaba como responsable de la crisis de Occidente al cristianismo. Han muerto las ideologías, las religiones, los Estado-nación, las soberanías, lo importante es la convergencia y el dinero en un futuro mundialista en que las transnacionales aspiran a quedarse con la mejor parte a expensas de la esclavizada “especie humana”, como llaman estos filántropos a la humanidad.


¿PERO QUIÉNES SON ESTOS FILÁNTROPOS?


Históricamente, ha habido sectores aglutinados a través de logias y otros tipos de aglutinamiento tendientes a lograr el control mundial, pero desde fines del siglo XIX se han ido creando una serie de organismos, en su mayoría de carácter privado, mediante los cuales unas minorías influyentes muy reducidas han tratado y de hecho han conseguido imponer su criterio en el mundo entero, actuando de manera decisiva sobre los gobiernos nacionales y los parlamentos.


¿Pero por qué fechamos como inicio de este proyecto de dominación mundial a finales del siglo XIX?


Si bien sociedades secretas y proyectos de dominación mundial han habido desde los confines de la historia de la humanidad, el cambio producido en la estructura de poder ha sido sustancial.


Siempre se tuvo la idea de que el Poder radicaba tanto en la acumulación de riquezas como en la potencia militar. Un solo Poder, exuberante tanto en riqueza económica como en potencia bélica. Si el Poder ambicionaba determinada riqueza, allí marchaba la potencia militar a apoderarse de la misma. A partir de la constitución de esta red de redes, la relación entre amo y esclavo ya no se hizo tan evidente. Actualmente el G-8 (EE.UU., Gran Bretaña, Japón, Alemania, Francia, Italia, Rusia y Canadá), el grupo de países más desarrollados del planeta, es también el de los más endeudados, valga como ejemplo que EE.UU. es el principal deudor del mundo. ¿Y con quién están endeudados?


La respuesta es evidente: con el sistema financiero mundial.


En la figura de los bancos y las cabezas de las multinacionales, se presenta el verdadero Poder Mundial, que utiliza a los países más desarrollados y sus potencias militares como gendarmes (bien remunerados por cierto) de sus inconmensurables intereses.


El verdadero Poder radica en el Dinero. Y la usura es el método más eficaz de dominación.


Se inicia la serie en Inglaterra, con la creación por Cecil Rhodes, en 1891, de la “Round Table”, cuya misión era mantener unido al Commonwealth a los distintos dominios y colonias del Imperio Británico, así como procurar la unión anglófona. Ante sus indudables resultados positivos, se creó en los Estados Unidos el Consejo de Relaciones Exteriores, también de carácter privado, “apto para mantener la paz en el futuro”, lo que en buen romance quiere decir que controlarla la política de los demás países.


Luego de la Segunda Guerra Mundial, se creó en Europa el Grupo Bilderberger, cuyos miembros son en general hombres de negocios, financieros y políticos, todos de alto nivel.


Ambos grupos suelen tener intereses en común y en otras disienten fuertemente, en estos disensos deben enmarcarse las disputas entre el área de negocios influenciada por el dólar y el área de negocios influenciada por el euro. Para converger sus intereses, fue creada la Comisión Trilateral, bajo la presidencia de David Rockefeller y conformada por “empresas multinacionales, multimedios de comunicación, fundaciones, entidades de pensadores, estudios jurídicos, consultorías, servicios de inteligencia, representantes de partidos políticos, sindicales, organismos multilaterales de créditos, bancos, instituciones de promoción social, ONG a fines de sus objetivos, etc.” (extractado del informe de la Confederación para el Desarrollo de Europa).


Toda una red de redes para configurar un Gobierno Mundial por arriba y por dentro de los Estados Nacionales.


La conformación, manejo y administración de la deuda externa argentina debe ser enmarcada en esta disputa de estos diversos grupos de poder mundial.


Este grupo de pensadores y de hombres de negocios cree firmemente en la necesidad de un Gobierno Mundial, ya que “las Naciones Unidas han degenerado en un zoo circense, lleno de payasos, monos y locos”, y su obligación es estar al frente de ese gobierno.