Causeries de los Jueves

Por Paris Goyeneche

Pocos escritores pueden darse el lujo de no pasar inadvertidos a su tiempo y sus contemporáneos. Uno de ellos, sin duda, es Lucio Victorio Mansilla.

Curioso viajero, atizador de forajidos, épico narrador de leyendas; capaz de reírse de sí mismo en un tiempo en el que el humor era una cuestión tangencial y circense. El ilustre escritor, autor, entre otras cosas, del brillante texto Una excursión a los indios Ranqueles, supo rescatar las gracias y cosquilleos de una sociedad solemne y pacata que no fue capaz de permitirse sibaritismo alguno.


Mansilla tuvo un dilema que le ha costado su natural adhesión a los círculos más estrictamente oligárquicos de la Argentina. Entre nos: Causeries (“Charlas” en francés) de los jueves forma parte de su extensa bibliografía. Al pertenecer a la familia Rosas (apellido teñido de lealtad al “tirano”) no hizo mengua en su humor y talento estilístico, en el que el ensamble y fluidez de sus anécdotas no se separan de los fenómenos mundanos que le provocaban su continuo derrotero por Argentina y Europa. La risa, el desparpajo, la sed de aventuras, las bellas mujeres, la provocación constante y la digresión con estilo.

La relación con el Restaurador y su prima Manuelita a través de una de esas charlas, los Siete platos de arroz con leche, han cruzado de lado a lado su filosa lengua de sibarita, hasta trocarse en la avara mutilación de la admiración que no puede ocultarse. Ni siquiera con palabras hirientes. Ha llegado a tratar a su tío de “neurótico obsceno”, “malvado” y hasta “tirano”. Pero a los pocos renglones lo describe de manera amorosa, con la pasión de un idólatra. Palabras como “extraordinario”, “bello”, “hermoso”, caen de la pluma de Mansilla con la misma apasionada espontaneidad de sus asombrosas descripciones.

La ironía histórica quiso que el joven Mansilla y el propio Rosas compartiesen una noche estrellada y calurosa días antes del derrocamiento en febrero de 1852. El brigadier, jovial y sonriente, no dudó en prestarle absoluta y total atención al apetito de un sobrino de sangre, que comió siete platos de arroz con leche en el nombre del honor.

De pluma ágil y sofisticada, con generosos recursos visuales y lingüísticos, es digno de especial atención para quien está al tanto de la historiografía nacional, ya que es uno de los exponentes más preclaros de nuestra literatura e histórica argentina. Los dejo aquí ante la causerie más conocida (originalmente son varios tomos), recomendando sobremanera el relato con Don Juan Manuel. https://www.biblioteca.org.ar/libros/11341.pdf

Bon Appetit.


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