Carlos Guastavino

Por Paris Goyeneche

Carlos Vicente Guastavino (1912-2000) fue un compositor y pianista argentino. Nació en Santa Fe capital, transcurriendo su niñez en el seno de una familia que era aficionada a la música. Sus padres, Amadeo y Josefina, ejecutaban la guitarra y la mandolina. Su tío Pedro improvisaba en el clarinete y su hermano mayor tocaba el piano. Espontaneidad e intuición musical fueron las primeras experiencias musicales de Carlos, el tercero de aquellos seis hermanos, que apenas con cuatro años de edad, siendo discípulo de la pianista Esperanza Lothringer, debutó en el Teatro Municipal en la interpretación de una pequeña composición para dúo de violín y piano escrita por ella.


Mamó desde chico la música popular rural de manera espontánea, sintiéndose impactado especialmente por el cielito y el triste. Aún anciano, recordaba de memoria y con especial cariño aquellas coplas que su tío Pedro, un hombre de campo natural de la provincia de Buenos Aires, solía cantar en sus visitas a Santa Fe.


Atraído por las Ciencias Exactas desde la adolescencia, tras finalizar el bachillerato, abordó la carrera de Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral, sin abandonar su actividad como concertista de piano. En 1937, tomó contacto con Héctor Ruiz Díaz, siendo clave la experiencia de trabajar a dos pianos con él para su decisión de dedicarse exclusivamente a la música. Con una beca del Ministerio de Instrucción Pública de su provincia, prosiguió estudios de perfeccionamiento en la capital argentina.


Se estableció en Buenos Aires tras un paso fugaz por el Conservatorio Nacional de Música, y continuó estudios en forma privada con el compositor y pedagogo Athos Palma. Con él sistematizó, en un lapso de tiempo intensamente breve, su bagaje de conocimientos empíricos previos, en especial en las disciplinas de armonía, morfología y contrapunto.


Llevó, durante la década de los años ‘40 y ‘50, una vida de viajes e intensas experiencias artísticas. Itinerarios por países limítrofes de Argentina, dos estadías en Londres – una como parte de una gira europea que incluyó otras ciudades y otra, gracias a una beca del British Council –; y varios meses de gira por la Unión Soviética y China en 1956, cimentando así su fama de compositor-pianista destacado en el ámbito de su propio repertorio vocal de cámara y pianístico de corte nacionalista.


La posibilidad, desde sus comienzos, de acceder a la publicación de sus composiciones en la Editorial Ricordi le abrió una vía inmensa de circulación en el ámbito internacional, que permitió plena divulgación de su música. De extensa producción en el campo del repertorio de cámara y solístico: incluye piezas vocales con piano, obras corales a cappella, para grupos instrumentales, piano y guitarra. Algunas alcanzaron tanta difusión que necesitaron ser reiteradamente reeditadas (los casos de las canciones "Pueblito, mi pueblo" y "Se equivocó la paloma"; y del "Bailecito para piano" fueron y siguen siendo los más notables en este sentido).


Reconocidos intérpretes clásicos y populares como Concepción Badía, Victoria de los Ángeles, Joan Manuel Serrat, Alfredo Kraus, José Carreras, María José Montiel, Teresa Berganza, Jorge Chaminé, John Williams, Miguel Angel Girollet, Mercedes Sosa, José Cura, Rudolf Firkusny, Víctor Villadangos, Marcos Fink, Eduardo Falú, Gerard Souzay, Cecilia Pillado, entre muchos otros, han abordado su música en conciertos y grabaciones a lo largo del siglo XX. Su discografía es muy amplia y en la actualidad continúa creciendo sin pausa. Algunas canciones han sido traducidas a otros idiomas y se escuchan en Indonesia, Japón y Australia, aparte de Europa y Estados Unidos.


Falleció viejito y laureado en la ciudad que lo vio nacer, la Santa Fe de sus amores, el 29 de octubre de 2000, a los 88 años. Cursé un par de años de conservatorio, y Guastavino es materia de rigor, afortunadamente, para el aprendizaje de los que hacen sus primeros pinitos en la música nacional. Hemos escuchado obras de él que son extremadamente populares (como el caso de “Se equivocó la Paloma”), pero hay otros trabajos que al oírlos erizan la piel, por lo personales, dulces y emotivos. No cansa oírlo, aunque para las orejas de poco entrenamiento musical recomiendo escucharlas como tracks, es decir, piezas de 4 o 5 minutos. Son cristalinas, y alimentan el alma en tiempos de tristeza. Suenan, y con ella suena la Pampa, la Argentina verde, la nostalgia cuando estás lejos de casa…


Aquí les dejo un par de ejemplos para que se curtan. En la voz del excelente barítono rosarino José Cura (recomiendo escuchar su álbum “Anhelo” en integralidad); otra preciosa versión a cargo de Joan Manuel Serrat; y en las magistrales manos de Martha Argerich, Nelson Freire y Mauricio Vallina.


Bon Appetit.









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