La Universidad Obrera Nacional como herramienta de industrialización

Por Hernán Bressi

El modelo de industrialización por sustitución de importaciones que ha distinguido al peronismo entre 1946-55, se ha formado por el conjunto de vinculaciones y relaciones externas, especialmente con los EE.UU. La dinámica y las orientaciones del proceso de desarrollo manufacturero y petroquímico norteamericano, se transformaron en factor productivo de nuestra actividad industrial. El área más afectada fue la concerniente a la transferencia de tecnología moderna. Las distintas tensiones políticas internacionales de la posguerra entre nuestro país y los EE.UU., afectaron el equilibrio de nuestra balanza de pagos. Dentro de este escenario, descomponer las tensiones entre las variables de relación de la ciencia, tecnología, autonomía científica nacional, ideología y modelos de industrialización son esenciales para vislumbrar el proyecto industrial de país peronista entre 1946-55. Perón consideraba que las dinámicas, influencias y orientaciones que se derivan del proceso de desarrollo manufacturero, y que se torna en factor productivo, fueron de interés estratégico nacional gracias a la transferencia de tecnología moderna de la actividad industrial. En la “Nueva Argentina” de Perón, estas condiciones se empeñaron en canalizarse por medio de la Universidad Obrera Nacional, que fue la Universidad Técnica peronista por excelencia. “[…[ Espíritu y realidad de esa Revolución Nacional es la Universidad Obrera” (Revista Universidad Obrera Nacional n o 1, septiembre de 1953, p. 9).


En su clase magistral del 17 de marzo de 1953, al inaugurar la Universidad Obrera Nacional, el Gral. Perón retomó su doctrina acerca de la cultura, la ciencia, la instrucción industrial y la virtud ciudadana. En su discurso, manifestó sus " ilusiones" que venía madurando desde los tiempos de la Secretaría de Previsión. Su ideal era la elevación cultural del pueblo: “[...] Cuando la ciencia se dedica a los progresos para exterminar a la humanidad y no para servir a su felicidad y a su grandeza estamos viendo que la ciencia también está en manos de malvados. Lo que nosotros queremos, en esta Nueva Argentina, es que la ciencia y la cultura sean del pueblo, y que el pueblo esté formado por hombres que amen a los hombres y no que preparen su destrucción o su desgracia. Cuando la cultura y la ciencia, instrumentos maravillosos de la humanidad, estén al servicio del bien, manejados por hombres buenos y prudentes, recién podremos decir que la ciencia y la cultura son elementos positivos y no negativos de la humanidad. Y eso no será posible, ni realizable hasta que la ciencia y la cultura estén en manos del pueblo y solamente del pueblo” (Revista Universidad Obrera Nacional n o 1, septiembre de

1953, p. 15).


Esta nueva Universidad técnica nacional, creada por la ley nacional 13. 229 del 19 de agosto de 1948, concretaba aquellos ideales. Preparaba técnicos y, a la vez, formaría los ciudadanos de la industria de la “Nueva Argentina”. Siguiendo esta línea de pensamiento, el 21 de octubre de 1946, se presenta, en la Cámara de Diputados de la Nación, un plan integral de gobierno destinado a regir la vida y cultura del Estado argentino entre 1947 y 1951. Este Primer Plan Quinquenal, establece como funciones específicas de la Universidad: la formación de profesionales, la investigación científica y la difusión de la cultura en general. De esta manera, se proporcionan las bases para una nueva etapa en la educación técnica oficial. A partir de ahora, el Estado va ser el gran protagonista. Durante la gestión peronista, la formación técnica comprende tanto el nivel primario (cursos de preaprendizaje, misiones monotécnicas) como el medio (incluye las escuelas-fábricas y escuelas industriales de la Nación) y posteriormente, se extiende hasta el universitario con el surgimiento de la Universidad Obrera Nacional. “[…] La Universidad Obrera Nacional, cuenta también con su “Instituto de Extensión Cultural y Técnica”, que desarrolla dentro de su campo de acción, una vasta labor complementaria, la que se imparte de acuerdo a los planes vigentes”. (Revista Universidad Obrera Nacional n o 5, febrero-marzo de 1954, p. 15).


La Argentina de 1946 tiene un desarrollo científico y tecnológico por debajo de su potencial. “[…] La falta de competencias para la formulación y ejecución de políticas y, como consecuencia, de instituciones poco adecuadas a las necesidades extremas determinadas por un campo de fuerzas de dependencia estructural” (Hurtado, D., 2005, p. 30)”, enmarcan a nuestro país dentro de la semiperiferia.


Las políticas de gestión de ciencia y tecnología en la Argentina de aquellos años no fueron un hecho aislado de estricta autonomía como rescate ideológico de soberanía.


En esta área, el país atesoró contribuciones internacionales al desarrollo industrial “nacional”. El financiamiento externo por falta de insumos y personal altamente capacitado, por medio de empréstitos públicos o privados o políticas de inmigración calificada, hasta la contratación, por ejemplo, en la época de Perón de especialistas extranjeros, pasando por la instauración de programas de capacitación de expertos nacionales e incorporando tecnología de punta, han sido algunas de las políticas de Estado adoptadas por los distintos gobiernos nacionales para fortalecer nuestra ciencia y tecnología. Desde un enfoque teórico, estos aportes delinearon formalmente los patrones esenciales de organización, estructura y funcionamiento de un sistema científico-tecnológico de vanguardia. Estas políticas de estado no se vieron alteradas

desde sus orígenes, en la segunda posguerra mundial, hasta 1990, por ningún gobierno civil o militar. Recién con las políticas de privatizaciones, reforma del Estado y la presión política por parte del gobierno de los EE.UU. tras el retorno a la democracia y, muy especialmente, durante el gobierno de Menem, el sistema se terminó desmantelando.


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