Y la historia se repite… otra vez

Por Lautaro Garcia Lucchesi

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”

Karl Marx


La inesperada llegada del COVID-19 provocó un crisis económica, financiera y sanitaria de magnitudes aún inconmensurables. La medida de cuarentena aparece como la opción más efectiva para controlar la transmisión del virus, pero su impacto económico no es para nada desdeñable. Ahora bien, culpar de todo al virus es una excusa para tapar un nuevo descontrol en los mercados financieros, particularmente en el norteamericano.

La gran contracción del 2008, iniciada con la ruptura de la burbuja de las hipotecas subprime, se extendió rápidamente por todo el planeta y su impacto fue comparado, por algunos economistas, con la Gran Depresión del ‘30. La crisis actual se pronostica como peor. ¿Cómo es posible que, a poco más de una década de este último episodio, estemos atravesando un nuevo escenario de crisis?.

Las señales de que existían problemas en el mundo financiero no aparecieron de un día para el otro. Ya desde septiembre del año pasado, en Koinón veníamos señalando que la Fed se había visto obligada a inyectar grandes sumas de dinero en el mercado de las Repo, producto de un repentino aumento de los tipos de interés de ese mercado (las tasas habían saltado desde el 2,21% inicial al 10%), lo que señalaba la falta de liquidez en el mercado financiero de ese país.


Sólo en septiembre, la Fed se vió obligada a subastar, de forma diaria, U$S 75.000 millones para préstamos de un día y otros U$S 30.000 millones para préstamos de hasta 14 días. Con la llegada de la crisis sanitaria, la Fed elevó los montos inyectados en este mercado; ya a comienzos de marzo, había decidido elevar la inyección diaria a U$S 150.000 millones para préstamos diarios y U$S 45.000 millones para préstamos de 14 días.


Según Reinhart y Rogoff, en su libro Esta vez es distinto- ocho siglos de necedad financiera, otro de los indicadores a observar para ver si el mercado financiero está cerca de una crisis es el mercado hipotecario. No por nada la crisis del 2008 estalló precisamente en éste. En un artículo de Ámbito financiero de la semana anterior, el economista Santiago Mancinelli mencionó que el rendimiento de las garantías de hipoteca, comparado con el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano a 10 años, revela una diferencia del 72,1%, similar a la que hubo en la crisis del 2008. En la apertura de los mercados del día lunes, se vendieron seguros de hipoteca por al menos U$S 1.250 millones, según AlphaCentric, un fondo de inversión vinculado al mercado de seguros de hipotecas cuyo valor de mercado, en la última semana, cayó 31%.

En un artículo reciente, el Financial Times también había advertido que, en la última década, las empresas se habían llenado de bonos basura, lo que había llevado el stock de bonos corporativos no financieros a un récord inédito: U$S 13.500 millones a fines del 2019, el doble que en diciembre de 2008, en términos reales (ajustado por inflación). En los últimos días, las operaciones de fusiones y adquisiciones tuvieron que recalcularse, porque el valor de muchas empresas que no contaban con la confianza de los acreedores, por un historial de pago poco alentador, ha caído. También han comenzado las consultas por reestructuraciones, porque ya hay empresas que saben que no van a poder honrar sus deudas en tiempo y forma. Hasta la General Motors ha caído en la calificación crediticia de Standard & Poor&'s, ubicándose en el nivel más bajo de esta escala, posición que, en el pasado, estaba reservado para empresas que presentaban mucho más riesgo para los inversores.

La intervención de la Fed en los distintos mercados que veníamos analizando nos señala que hay importantes perturbaciones en el paraíso financiero. En el mercado Repo, las autoridades de dicha institución ofrecerán liquidez casi ilimitada a las operaciones diarias de ese mercado. También redujo las tasas de interés a un día a casi 0%, con el objetivo de que los bancos y sus clientes tengan acceso al crédito durante la crisis, como forma de evitar una profundización de la crisis. En lo que concierne al mercado de seguros de hipotecas, la Fed anunció una política de alivio cuantitativo, lo cual implica que este organismo comprará, a gran escala, varios de tipos de bonos, entre los que se encuentran los seguros por hipotecas.

Esta política se extenderá por tiempo indefinido. Esta política había sido implementada durante la crisis anterior y, básicamente, permite que las tasas de interés a largo plazo se mantengan bajos, haciéndolas accesibles para empresas y privados. Por último, en lo que concierne a la deuda corporativa, la Fed habilitó el programa PMCCF (en español, línea de crédito empresarial del mercado primario), que transforma a la Reserva Federal en un soporte para deuda corporativa emitida por empresas de alta valoración, que debe ser devuelta en un plazo de cuatro años (también se reproduce este programa en el mercado secundario, es decir, el mercado dondes se venden y compran estos bonos de deuda luego de su emisión); y un servicio de financiación de pagarés, como forma de evitar que las empresas no puedan devolver este tipo de promesas de pago, que es un mecanismo muy extendido de financiación a corto plazo.

Por otro lado, las tasas de interés bajas en los países centrales pos-2008 había producido una desviación de capitales hacia los países emergentes, como la que vivió Argentina a partir del 2016. Sin embargo, en su mayoría, se trataba de capitales especulativos que venían a aprovechar las altas tasas de interés que ofrecían nuestros países. Cuando llegaron los primeros signos de una posible crisis, la rápida salida de estos capitales de los mercados emergentes dejó a éstos últimos en un estado de vulnerabilidad tal, que muchos de ellos se vieron obligados a recurrir a organismos internacionales de crédito para frenar dicha salida, como fue el caso argentino. Como resultado de este proceso, nada novedoso para países como el nuestro, la relación deuda global-PIB alcanzó un récord histórico de 322%, lo que equivale a U$S 253 billones. No es algo azaroso que las autoridades del FMI y del Banco Mundial hayan solicitado a todos los acreedores bilaterales oficiales que se suspendan los pagos de deudas de los países que lo soliciten, así como tampoco es extraño que ambas instituciones le hayan pedido al G-20 que los ponga a cargo de realizar una evaluación de la situación crediticia de los países más apremiados por deuda externa, para determinar cuáles presentan niveles de deuda insostenibles y, en ese caso, avanzar en una propuesta de reestructuración.

Y si todo esto no era suficiente, tenemos que mencionar la estrepitosa caídacen el precio del barril de petróleo. También habíamos mencionado en una edición anterior de Koinón, la disputa que había estallado entre Rusia y Arabia Saudita por el precio de ese producto. Ante la negativa de Putin de continuar reduciendo la producción diaria de petróleo frente al parate económico que estaba produciendo el avance del COVID-19, Arabia Saudita respondió reduciendo el precio oficial del barril producido por su petrolera estatal, Aramco, lo que generó una estrepitosa caída del 31% en el precio internacional a principios de marzo, alcanzando los U$S 31,43 por barril. Pero la caída del precio no se detuvo ahí, ya que esta semana se ha hundido hasta los U$S 22, su cotización mínima desde el año 2002. Sólo en marzo, ha perdido el 50% de su valor y, si tomamos desde que comenzó el 2020, el barril ha perdido casi dos tercios de su valor. Trump y Putin ya han iniciado contactos para poner fin a esta situación del mercado petrolero pues, de continuar, podría haber empresas energéticas norteamericanas que no podrán enfrentar el pago de bonos por casi U$S 100.000 millones que se les acerca. Esto está relacionado con el aumento de deuda corporativa que se mencionó en un párrafo anterior.

Según la agencia Reuters, la crisis económico-financiera que ha desatado el nuevo virus ha provocado la desaparición de unos U$S 12 billones de los mercados bursátiles mundiales. El índice Dow Jones acaba de cerrar su peor trimestre en la historia. Todavía estamos en medio de esta turbulencia mundial, por lo que es imposible avizorar una fecha estimativa en la que pueda terminar esto. El coronavirus fue solamente la chispa que encendió la llama, y de ninguna manera se la puede acusar de ser el causante de todos los males. Como hemos podido analizar, el mercado financiero ha vuelto a fracasar incluso en su tarea primigenia, la acumulación de riqueza, arrastrandonos en su caída, otra más, a todo nosotros. Por algo Adam Smith creía que el Estado, si era para mantener funcionando correctamente la economía y corregir sus desequilibrios, podía intervenir. Cuando éste está ausente, se repiten los fracasos y las tragedias.

© 2020 KOINON

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