Subordinación o Soberanía Nacional, una vez más

Por Gastón Larrea


Dedicado a Silvano y todos los compañeros,

que con su palabra, vocación, humildad y coherencia

dan la lucha para poder dirigirnos al norte que

se merece nuestra Patria. Por los excluidos y olvidados y

por los que han regado este suelo sagrado con su sangre,

sus lágrimas, y sus esperanzas.


Es evidente, a estas alturas, que el pueblo argentino se encuentra una vez más frente a una bifurcación en su camino, en el cual no hay tiempo para dubitaciones o medias tintas. La pandemia global aparece como un acelerador y un dinamizador de estas decisiones y los problemas que se venían postergando, no solo para el país, sino también para Hispanoamérica y gran parte del planeta.


Ríos de tintas se han escrito acerca de las divisiones nacionales, pero, en definitiva, ¿cómo se puede explicar la tan conocida “grieta”? Históricamente, Argentina, como casi todo Hispanoamérica, desde el momento de su independencia se ha visto ante dos caminos diferentes en cuanto a proyectos como Nación; uno es un proyecto dependiente, agroexportador primario y geopolíticamente de subordinación a la sinarquía y a los poderes fácticos internacionales; un país para la acumulación de unos pocos y la multiplicación de sus riquezas a costa de ser un país semi-colonial.


El otro camino, de Liberación Nacional, es la lucha que han encarnado varios patriotas a lo largo de la historia Argentina, como Juan Manuel de Rosas o Juan Domingo Perón, que engloba un conjunto de ideas, cosmovisiones y principios, por los cuales la soberanía es el valor imperecedero de la Patria y el norte al cual se debe dirigir. Pero ¿cómo?


Para poner un ejemplo, durante el siglo XV, quienes llevaban la delantera en la industrialización eran lo que hoy conocemos como Países Bajos y Bélgica, Gran Bretaña solo era un productor de materias primas y no tenía un proceso industrial consolidado ni eficiente; cuando Inglaterra se decide a motorizar su poder en Europa y consolidar su hegemonía, decide, al mismo tiempo que impulsar mediante el poder del estado la manufactura textil y la producción industrial, prohibir las importaciones de productos manufacturados extranjeros provenientes de Bélgica y los Países Bajos; sí, leyó bien, PROHIBIR cualquier tipo de importación. Esto generó un cambio en cuanto al balance geopolítico imperante en la época.


A su vez, al entender que era necesario que otros países no se industrialicen para mantener sostenidamente y afianzar esa hegemonía alrededor del globo, desde las usinas intelectuales “surgen” ideas como las de Adam Smith, en donde todo, en materia económica y políticas de Estado, queda librado a la “benevolencia del mercado”, y países como el nuestro son simplemente exportadores de materias primas, sin valor agregado, teniendo, como consecuencia, una situación de semi-colonialismo que será muy difícil de torcer.


Ahora bien, entendiendo esta pequeña explicación; desde el gobierno y la conducción de los destinos de la Patria, que recae sobre la figura presidencial de Alberto Fernández, se ve en la necesidad de tomar una decisión con respecto a esto, pues estamos ante un contexto internacional muy agitado, en donde los balances de poder, zonas de influencia y toma de decisiones en términos de geopolítica, se ven trastocados. Es un momento crucial para decisiones en materia de políticas de Estado y en materia de cosmovisión, como diría el General Juan Domingo Perón, el macrocosmos y el microcosmos. El llamado no es solo para el rumbo de la Patria, sino para el rumbo que podemos dar desde nuestro lugar como país, de liberación para otros pueblos de Hispanoamérica, y del mundo.


Toda decisión conlleva consecuencias; el primer mandatario, quien tiene buen diálogo con el establishment, estará entre las cuerdas antes de querer iniciar un proceso de “insubordinación fundante”, como diría Marcelo Gullo; pero no solamente las palabras delatan este desenlace, sino que también las acciones. Por ejemplo, la designación de un Ministro de Economía que no estaba en el radar de ningún analista político, ni del común de las personas, como es Martin Guzmán, un hombre ligado a Joseph Stiglitz, el afamado ganador del Premio Nobel de Economía, pero menos conocido por haber sido asesor de Bill Clinton, o haber trabajado para el Banco Mundial, habiendo visto y apuntalado los debacles económicos del este asiático, allá por los finales de los años 90, provocados por la especulación financiera y un evidente agotamiento del modelo neoliberal.


La segunda corresponde a la continuidad de funcionarios del gobierno saliente en la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur y designaciones de nuevos funcionarios pertenecientes al partido de Mauricio Macri. Si tenemos en cuenta que son dos puntos sumamente estratégicos en materia de soberanía y decisiones, podemos decir, haciendo un poco de prospectiva, que es poco probable que el liderazgo nacional tome decisiones emancipadoras, estructurales y vitales para la Nación Argentina.


Entonces, aquí surge un nuevo paradigma, dentro de esta concatenación de sucesos, que nos da un nuevo panorama acerca de la realidad nacional; pues estamos en jaque frente a la lucha de los poderes fácticos que hacen mella en la realidad nacional; la eterna “grieta” privilegiados – Pueblo, no es otra que la que se ha desarrollado desde los tiempos de las luchas independentistas, como hemos dicho anteriormente.


Ante un mundo de post- pandemia probablemente multipolar y con la lucha de estas potencias en sus zonas de influencias, tanto Argentina como Hispanoamérica toda, deberá encarar un nuevo ciclo de dependencia y semi-colonialismo o una etapa de industrialización profunda, con la debida participación popular en la toma de decisiones, discutiendo temas estructurales e importantes y encarar esa lucha por la Liberación Nacional y de los pueblos.

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