Rescate en Los Andes

Por Paris Goyeneche

El francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) es mundialmente conocido por ser el autor de “El Principito”, uno de los tres libros más leídos en todo el globo. Pero, además, fue piloto, aventurero y amante de la aviación. Saint-Exupéry se desempeñaba en la Aeropostale - la línea de correo aéreo que se había creado entre Europa y América del Sur. Y, en el invierno de 1930, mientras se encontraba de misión en Río Gallegos, tomó conocimiento del accidente que protagonizó su amigo, compañero y también aviador, Henri Guillaumet (1902-1940), uno de los pioneros de la aviación en este lado del mundo, y viajó a Mendoza para participar de su búsqueda. Mientras Guillaumet intentaba cruzar desde Chile a Mendoza, su avión debió hacer un aterrizaje de emergencia en la zona de la Laguna del Diamante; y estuvo perdido durante una semana. El viernes 13 de junio de 1930, en lo que se esperaba que fuese un vuelo de rutina, Guillaumet salió del aeropuerto de Santiago de Chile en su avión Potez 25 con destino a Mendoza.

Pese a que el servicio meteorológico había pronosticado un fuerte temporal en la Cordillera de los Andes, el piloto francés despegó desde la capital chilena con destino a Mendoza. En medio del periplo, la tormenta lo sorprendió en las alturas; por lo que el experimentado aviador desvió su ruta hacia el sur, siempre con el objetivo de cruzar el cordón montañoso. Sin embargo, y por más sed de aventura que tuviese, debió improvisar un aterrizaje forzoso en la zona de la Laguna del Diamante (Mendoza). Formalmente declarado desaparecido, desde la compañía francesa dispusieron un operativo de búsqueda para dar con el paradero del piloto francés. Decidieron enviar algunos otros aviones con sus respectivos pilotos, y entre ellos, el mismísimo Saint-Exupéry.

Tras siete días de infructuosa búsqueda, y cuando el pesimismo comenzaba a apoderarse de la situación, sucedió lo inesperado: se informó que Guillaumet había sido hallado con vida. Y el puestero de la zona de la Laguna del Diamante, Juan Gualberto García, y su madre, María Romero de García; hicieron las veces de ángeles de la guarda.

Al momento de forzar el aterrizaje en algún punto más calmo de los Andes Mendocinos, el avión de Guillaumet impactó contra el suelo y quedó invertido. Tras el aterrizaje, el experimentado aviador francés se refugió en la carlinga. Todavía era aquel viernes 13 de junio de 1930, y el hombre debía hacerle frente a una cruda noche de temporal de nieve y viento. A la mañana siguiente, alertado por el ruido de los motores de las aeronaves que sobrevolaban la cordillera precisamente en su búsqueda, Guillaumet corrió y encendió bengalas. Pero todo fue en vano; ya que nadie se percató de su presencia.

Para evitar morir congelado en el lugar, Henri emprendió una caminata con una bolsa de provisiones hacia el este. Y escribió, en una de las alas de la aterrizada / estrellada aeronave, ”Je pars vers l’Est” (”Voy para el este”). La caminata también fue accidentada, e incluyó un desbarrancamiento desde un cerro; episodio en que perdió sus provisiones y botiquín. Pero, lejos de bajar los brazos, el piloto francés continuó su marcha vaya uno a saber hacia dónde. O “hacia el este”, como él mismo había dejado escrito.

Perdido en medio de la imponente nada de la Cordillera de los Andes, y por demás agotado, el jueves 19 de junio de 1930, por la mañana, un joven puestero de la zona encontró al aviador en las inmediaciones del arroyo Yaucha. Este adolescente, el ya mencionado Juan Gualberto García, tenía 14 años en ese momento, y su madre, María, lo llevaron y resguardaron en el puesto Cerro Negro de San Carlos, donde vivían.

Al día siguiente, una semana después del accidente, los dueños de casa avisaron a las autoridades del hallazgo con tintes de rescate. A Guillaumet lo trasladaron a la Ciudad de Mendoza, donde se encontró con su gran amigo y compañero, Saint-Exupéry. El abrazo emotivo fue en el Plaza Hotel de Buenos Aires, y el propio Saint-Exupéry lo llevó en avión hasta Buenos Aires en su L-28.

Esta historia lo dejó marcado para siempre, al igual que nuestros paisajes. Saint-Exupéry se quedó más de un año en Argentina y conoció la selva, la Patagonia, la montaña. Se declaró enamorado. Fue esta la tierra que lo impulsó a concebir una de sus mayores novelas: “Vuelo nocturno”, libro que recomiendo leer, como así también “Piloto de guerra”, que relatan, entre ambages, las experiencias de aquellos primeros aviadores-héroes que hicieron, a fuerza de su propia vida, las primeras rutas argentinas.

Bon Appetit.







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