Reflexiones para Eludir un Cómplice y Banal Silencio

Por Silvano Pascuzzo

El proceso político en Argentina se está desarrollando, objetivamente, en beneficio de la Derecha Liberal. Al margen de las razones de la ineficacia y la incapacidad del Gobierno, para desarrollar una gestión con claros objetivos estratégicos; hay que reconocer que Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta conducen un Movimiento de Masas, que compite y disputa, con enorme éxito, el centro de la escena al Peronismo. Hoy, los votantes conservadores tienen organicidad, conducción y un Proyecto dentro del cual sentirse representados y contenidos.

La pandemia de Covid-19 y la crisis que ella ha implicado, mostraron, al mismo tiempo, las debilidades estructurales del Movimiento Nacional, que tras diecisiete años de avances, se ha desdibujado al interior de una alianza electoral que, en sí misma, expresa su propia negación. Aquella lectura crítica – desde lo simbólico – sobre la configuración de Poder en Argentina; aquella pregonada lucha contra las corporaciones, fueron abandonadas y sustituidas por un tacticismo electoralista, que no se diferencia en nada de experiencias anteriores vividas durante el menemismo, y que produce, en miles de compañeras y compañeros, dudas, vacilaciones y desesperanza.

La Derecha tiene un imaginario que le transmite seguridad, combatividad y certezas; mientras nosotros vemos azorados como el Poder Presidencial no se usa, las afirmaciones de hoy se convierten al otro día en arrepentimientos públicos; y los ayer adversarios, hoy se reúnen en la sombra con referentes del espacio, para adquirir aceptabilidad frente al establishment. Ellos sienten nuestras debilidades y torpezas como una oportunidad, y actúan en consecuencia. Lo que parecía una derrota se ha trocado, en pocos meses; sino en una victoria, en un contraataque exitoso y perfectamente articulado.

Es también muy notorio, al menos para quien esto escribe, que Cristina Fernández de Kirchner ha tolerado y consentido ese rumbo errático y confuso, en la medida en que sus esporádicas apariciones no constituyen una respuesta a los desvaríos consensualistas de “su amigo”, el Presidente. No cumplió su promesa de revisar la toma de Deuda y motorizar el castigo de los funcionarios que la prohijaron y se beneficiaron con ella; no diseñó ni peleó por una Reforma Judicial integral, que terminara con los vínculos de los magistrados con las corporaciones económicas. Ella misma, incluso, se muestra sonriente con empresarios sojeros y lobistas del capital financiero; a los que otrora juraba combatir. Ha tomado una decisión, a la que tiene derecho: terminar su carrera política, sin tener que sufrir más insultos y persecuciones. No somos quienes para juzgarla; aunque sí nos reservamos la facultad de seguirle creyendo.

El conglomerado de actores hegemónicos, en muy pocos meses, ha tenido éxito en anular al Kirchnerismo, volviéndolo parte aceptada del poder institucional, sumiso y genuflexo, que ha dominado la política de este país durante cuatro décadas. Y también ha conseguido la impunidad de Macri y de sus secuaces; no por solidaridad con uno de sus más dilectos hijos, sino por el sensato instinto de conservación, que mueve siempre al criminal a cubrir sus huellas, en una retirada. Quebró la política sanitaria del oficialismo, impidió la revisión de la fuga de capitales, defendió a Vicentín de una expropiación y sacó a la calle a sus más fervorosos partidarios, en una gimnasia movilizatoria ajena a las tradiciones del conservadurismo argentino, pero tremendamente exitosa en términos de impacto en el público que simpatiza con sus principios ideológicos y objetivos.

En medio de un escenario tan complejo para el campo popular, las reacciones de los compañeros y de las compañeras son muy diversas. Algunos, se aferran a la “Fe en Cristina” y a la necesidad – más psíquica que política – de mantener el sueño en pie, para “evitar un retorno del Macrismo”. Otros, incorporados, mediante distintos mecanismos, a la estructura de gobierno en alguno de los tres niveles – nacional, provincial o municipal – intentan mantener la disciplina, con variadas excusas. Y algunos, finalmente, entre enojados y desmotivados, tratan de procesar el desmoronamiento apresurado de sus certezas. Son pocos los que todavía esperan un repunte de la economía, como tabla de salvación electoral del Frente de Todos; o los que esperan la mano salvadora de la “Conducción”, cuando cambie la correlación de fuerzas.

En nuestra visión del proceso – parcial y subjetiva, como cualquier otra –, queda claro que tocará transitar momentos muy difíciles para el campo nacional y popular. Habrá que ir caminando y construyendo lazos y articulaciones entre quienes no compartimos la estrategia oficialista, y ser muy cuidadosos y respetuosos de los tiempos y de las limitaciones, así como de la sensibilidad y las opiniones, de quienes todavía esperan resultados positivos del Gobierno Nacional. Agredirnos y vituperarnos entre nosotros agregaría, al ya difícil y complicado escenario actual, nuevas tribulaciones. Habrá que ser paciente y tolerante, a la vez que firme.

Nosotros, desde este humilde espacio, podemos opinar, marcar puntos de vista divergentes y propender al reencuentro con una identidad en disolución. Apenas somos un granito de arena, en una enorme playa. Lo que no estamos dispuestos a tolerar, ni a consentir, es la resignación frente a los poderosos y la acomodación ante un realismo maquiavelista, sacado de una interpretación burda y tilinga del Maestro florentino. Esperamos que las reflexiones que hemos vertido más arriba, no sean válidas, que estemos equivocados, y que el retorno de la derecha se frustre por una reacción del Movimiento Nacional, necesaria, aunque tardía. Pero, si por casualidad estuviéramos en lo cierto, y el presunto éxito se terminara trocando en una nueva y desgraciada derrota; no queremos haber asistido a su consumación, en medio de un cómplice y banal silencio.

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