¿Qué hay detrás de la Deuda?

Por Matías Slodky

Hace ya varias ediciones de Koinón hemos hecho mención al tema de Deuda Externa como gran condicionante en el desarrollo de nuestro país y como forma de sometimiento a los grandes grupos del sistema financiero internacional. Aunque, en el último ciclo de sobreendeudamiento que ha sufrido la Argentina, tras la gestión del macrismo, es imperante desenmascarar que existe detrás de esta “maldita” deuda; es decir, quienes han sido los poderes reales que han operado en forma de acreedores y que ahora poseen la varita mágica para condicionar el pedido de reestructuración que ha hecho el gobierno argentino.

La oferta que presentó el Ministro de economía Martín Guzmán abarca la restructuración de 72 mil millones de dólares; la intención del gobierno es prolongar los plazos de vencimiento que vencen en los próximos 3 años, con un periodo de gracia hasta el 2023, disminuyendo en conjunto un 62% los intereses de la deuda, que han sido lo más dañino de la adquisición de deuda del macrismo - intereses altos con vencimientos próximos -. Por lo tanto, se propondrán 10 bonos, cinco en euros y cinco en dólares, con intereses promedio de 2,3% y extensión de plazos hasta el 2047 y, a su vez, se pedirá una quita del stock total del 5,5%.

Detrás de esta oferta, se encuentran los verdaderos jugadores que, en su mayoría, juegan desde las sombras para ejercer presión e intentar cobrar el stock total de deuda o, en todo caso, exprimir los últimos centavos de nuestro país, teniendo a consideración que la deuda argentina ha dejado de ser sustentable y ostenta niveles en relación al PBI del más del 90%. Pero más grave que esta relación, es que la mayoría de la deuda absorbida por el macrismo, además de no encontrarle una justificación clara - ya que la mayoría se ha esfumado en el proceso de bicicleta financiera -, la deuda contraída ha sido en moneda extranjera, la cual, como venimos reiterando en Koinón, nuestro país no la produce, al menos que sea vía exportaciones o venta de empresas públicas.

Los principales acreedores de nuestro país son reconocidos fondos de inversión transnacionales, los cuales han adquirido los bonos desde sus licitaciones, dando lugar a algunas conjeturas sobre el cambio de rumbo que ha experimentado el sistema financiero internacional, desde una de sus mayores caídas y destrucciones desde 1929, en el año 2008.

Hasta el año 2008, el proceso de desregulación y consolidación del modelo neoliberal iniciado en los ‘70, tras la caída del acuerdo de Bretton Woods y la salida del patrón dólar- oro, había financiado el sistema financiero internacional, como también el endeudamiento externo de los países emergentes - como es el caso argentino -, mayoritariamente por bancas privadas extranjeras, que jugaban de acreedores de los países. Pero la continua desregulación y el aumento de posibilidades de insolvencia para el año 2008 - “crisis subprime” -, destituyó a las bancas privadas del rol central en las finanzas internacionales, debido, en primera instancia, al rescate que tuvieron que hacer los Estados hacia las millonarias pérdidas de los bancos o caídas, como fue el caso del “Lehman Brothers”.

En segunda instancia, las nuevas regulaciones que han tomado los Estados para con la banca privada, han permitido el florecimiento de nuevos actores en el tablero de las grandes finanzas globales; pues sí, los llamados “fondos de inversión”, desde el 2008, irrumpieron hasta dominar el mercado, y no son más que firmas dedicadas al manejo de carteras de inversión de instituciones y de grandes fortunas individuales. Éstas forjaron su posición dominante agraciadas por la omisión de limitaciones normativas y de regulaciones para su operatoria, como las que se le establecieron a los bancos.

Estos enormes fondos no regulados existían en el juego financiero desde hace varios años. Pero las mencionadas limitaciones a la banca tradicional y a la de inversión, les despejaron el sendero para un desarrollo vertiginoso desde esa fecha hasta los días que hoy transcurren.

Estos grupos se posicionaron como delegados de capitales de otras personas, por lo cual objetaron que no debían someterse a los mismo controles que alcanzaban a las entidades bancarias. Por lo tanto, no eran intermediarios habituales de dinero - depósitos y créditos -, sino que, por el contrario, se dedican a colocar las millonarias fortunas que almacenan de sus clientes para comprar bonos corporativos, acciones o, en este caso, deuda soberana. Y posteriormente, traspasan a sus clientelas los beneficios o pérdidas de sus inversiones y manejos de capitales. Ahora bien, a fin de cuentas, estos florecientes y ahora hegemónicos grupos son los grandes acreedores privados de la deuda externa argentina.

Estos fondos de inversión, como lo son BlackRock, Allianz o el reconocido Fidelity - el fondo que bloqueó la postergación de pago de la Provincia de Buenos Aires que en enero pasado intentó hacer el gobernador Axel Kicillof - entre muchos otros, pero quizás anónimos para la gran mayoría de las personas, pasaron a ser las estrellas trascendentales de la presente fase del capitalismo sometido por el sistema financiero internacional, que se encuentra hoy, quizás, al frente de una nueva contradicción y jaque por la pandemia del COVID-19. Pero no se puede negar, al menos por el momento, la colosal potestad de coacción sobre los gobiernos que se encuentran en la situación de sobreendeudamiento como el nuestro y que, a su vez, poseen un gran influjo sobre los paquetes accionarios de distinguidas corporaciones. Es el caso de Blackrock - el llamado monopolista -, el cual maneja un poder a nivel internacional abismal, lo que ha llevado en los últimos días a ser designado por el gobierno de Donald Trump y el gobierno de Canadá – a través de su banco central -, para administrar, en el caso de Estados Unidos, 750 mil millones de dólares del programa “Care”, con el fin de otorgar liquidez al sistema financiero de EEUU, que se encuentra con caídas astronómicas debido a la pandemia del COVID-19. Pero a diferencia de las crisis del 2008, como se viene resaltando, el poder financiero pasó de los bancos comerciales y de inversión a estos fondos de administración de cartera de activos. Pero nuevamente, se armó otra inmensa burbuja especulativa de deudas, con grandes riesgos de implosión; por esa razón, el programa “Care” buscará nuevamente comprar títulos basura, a cambio de inyectar liquidez en el sistema financiero.

Continuando con estos fondos, que se atribuyen ser “los mejores gestores de capitales”, ellos son los que han adquirido bonos de deuda durante el macrismo, el cual no se ha caracterizado por inspirar mucha confianza. El caso más llamativo es el del fondo de inversión Templeton, que adquirió casi toda la emisión de un bono en pesos durante el gobierno de Macri, los llamados “Botes”, por el total de 2.250 millones de dólares.

El fondo Templeton administra activos en el mundo por 770 mil millones de dólares y se asoció en Argentina con la firma “SBS”, cuyo director, casualmente, es Gustavo Cañonero, quien fue vicepresidente del Banco Central durante las gestiones de Caputo y de Guido Sandleris. Así, queda demostrado que estos personajes han jugado al proceso de endeudamiento en los dos lados del mostrador, haciendo negocios personales.

Por último, cabe recalcar cómo estos fondos, que ahora presionan al gobierno argentino para que mejore la oferta, se han volcado en los últimos años a adquirir títulos de deuda externa en países de nuestra región, debido a las altas posibilidades de ganancias, producto de las tasas altas que obtenían, pero siendo conscientes del riesgo que generan esos bonos, teniendo en cuenta la manera que se han emitido, forjando una grave situación macroeconómica para nuestro país, más aún ante un contexto de debacle financiera global.

Al nuevo gobierno argentino se le ha presentado la oportunidad para ordenar el desquicio de sobreendeudamiento desenfrenado por parte de la anterior gestión, sabiendo que el cese de pago es más perjudicial para estos fondos de inversión que para el actual estado de nuestra economía. Los resultados estarán por verse, aunque se observan indicios positivos, como la gran financiación y confianza que logró el Tesoro de la Nación al obtener 50 mil millones de pesos en el mercado local a una tasa sorprendentemente baja, o el alza que tuvieron las acciones argentinas en el día de hoy, el más alto desde el 2009. Por lo pronto, se debe aspirar a reformar el proceso de toma de deuda y las reglas que han permitido, en los ciclos neoliberales, dejar a la Argentina en las garras del sistema financiero internacional.

62 vistas

© 2020 KOINON

Suscribite gratis y recibí información