Qi Jiguang

Por Elías de la Cera

Los abanicos abrieron soles,

y el temor se apodera de mis hombres.

Avanzan los vasallos invasores,

como avanzó Kan y el ejército de los mongoles.


Pero yo, Qi Jiguang,

baluarte de la soberanía nacional,

soldado al servicio de la Corte Imperial,

defenderé con mi vida los confines de Zhejiang.


Cuando creí, por negligencia,

que solo bastaba con el filo del Langxian,

el sabio comandante Hu Zongxian,

me dió lecciones de política y de prudencia.


Pues, imbuido de castrense cerrazón,

no entendí en el momento,

que la guerra es instrumento,

y la fuerza es inferior a la razón.


Recuerdo la actitud osada

de Yu Dayou, maestro Shaolin,

que sometió un ejército Ronin,

cuando el bastón fue más que la espada.


La guerra está por definirse.

De sangre y sudor es mí armadura,

y yo sé que los vasallos de Matsura,

prefieren la muerte antes que rendirse.


La última estocada, el último duelo.

Cuando el último rostro agonice de dolor,

el Celeste Imperio conservará su color,

claro e interminable como el cielo.


¡Oh, tierra ancestral y legendaria!

Yo siempre te veré inmortal y milenaria.


© 2020 KOINON

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