Osvaldo. Mi Maestro y mi Amigo

Por Silvano Pascuzzo

Muchos de los que formamos parte de Koinón, fuimos sus alumnos. Particularmente quien esto escribe, lo conoció en 1994, durante la campaña presidencial de ese año, cuando compartió militancia con él en “La Usina”, un agrupamiento de jóvenes estudiantes universitarios que apoyábamos la candidatura de José Bordón. Un año después – en 1995 – cursaba Historia Argentina II y Seminario de Historia Latinoamericana, en la Carrera de Ciencia Política de la Universidad del Salvador donde, desde 1977, su Maestro, fue titular de cátedra.


Desde entonces, el autor ha compartido con él una amistad de más de 24 años, plagada de momentos felices y sinsabores, de realizaciones y de expectativas frustradas. Sin duda, un largo camino que, el viernes 27 de diciembre pasado, encontró su final. Un final largamente barruntado, aunque no menos temido. La pena es ineludible, profunda, inmensa. Y así debe ser, cuando uno, despide a un amigo y a un hermano.


Las ideas de un intelectual, suele decirse, cuando son transmitidas a otros, dejan de pertenecerle. Y las suyas ya son patrimonio de todos lo que lo tuvimos como docente, de todos los que alguna vez, pudieron compartir una mesa o un aula, con éste hombre sabio, culto, erudito; de gran elocuencia y fuerza interior. Su vida fue un largo rosario de reflexiones sobre casi todo, pero particularmente sobre Historia, Filosofía y Política. Una cantera de razonamientos finamente hilvanados, por una mentalidad precisa, clara y muchas veces, de una racional y desprendida crudeza.


Tres temas lo acompañaron siempre: el Judaísmo – del que se sentía parte por origen familiar y por idiosincrasia –, el Peronismo y la construcción de la Patria Grande Sudamericana. Llegó a ser un riguroso especialista en Historia de Israel – a donde viajó allá por los setenta – de Brasil y México – países a los que contemplaba con gran amor, pero con sentido crítico – y sobre “Teoría del Populismo”, el tema en el que trabajamos a lo largo de nuestra prolífica asociación. Dimos clase juntos más de dos décadas. Escribimos y publicamos un libro, media docena de ponencias académicas y decenas de artículos, sobre la cuestión del Nacionalismo Popular. Incluso estábamos terminando un trabajo sobre el período anterior a la subida al poder de Juan D Perón, cuando la enfermedad comenzó, lentamente, a consumir su cuerpo; aunque no su mente ni su alma, vivaz y brillante, hasta el final.


Es increíble cómo muchos de sus alumnos, fuimos subyugados por sus clases, metódicamente presentadas, entretenidas y enormemente originales, polémicas. Pueden dar fe de ello todos los que componen la redacción de éste portal. Los que alguna vez pudieron escucharlo y disfrutarlo, más acá o más allá, de circunstanciales diferencias. Y claro, un hombre así, un Maestro, termina –inexorablemente - rodeado de discípulos. Las últimas cuarenta y ocho horas, me han llovido mensajes de decenas de mujeres y varones adultos ya, que lo recuerdan con cariño, respeto y admiración. Creo que con su despreocupación proverbial y su desinterés por la egolatría, típica de los intelectuales, él estaría honesta e ingenuamente sorprendido, por el vacío que su muerte ha dejado en todos nosotros.


Ahora, el autor, se ha propuesto algo. Reunir sus escritos dispersos e inéditos y darlos a conocer en sucesivas entregas de éste portal. El Doctor Jorge Osvaldo Furman, mi amigo, mi compañero, mi colega, mi maestro y mi padre adoptivo, lo merece. El dolor es grande, la certeza de que ciertos temas ya no podrán ser abordados con nadie más, lacera el espíritu de alguien que se propuso ser su mejor alumno, su colaborador y su discípulo. Acaso los hombres así no deberían morir nunca, porque su ausencia, es irreparable. O quizás, estén siempre vivos en el alma y en la mente, de quienes le deben todo o casi todo.


Lucien Febvre dijo, en 1953, ante un nutrido público, reunido para homenajearlo en la sala principal del Colegio de Francia:


“Marc Bloch no sólo fue mi amigo, mi socio, mi hermano y mi compañero de lucha y de batalla, en la construcción de una idea de la ciencia histórica más humana, más viva, menos glacial. Fue un Patriota, un humanista y un intelectual comprometido con su país, consu pueblo y con la Libertad y la Justicia”.


El Profesor Furman también lo fue. Honremos su memoria, haciendo que su siembra florezca en la mente y en el corazón de quienes no pudieron conocerlo. Seamos buenos alumnos. Seamos, como él, usinas de conocimiento, en beneficio de nuestros compatriotas y de nuestro país. Desde donde éste, seguro sentirá que su tarea dio frutos. Nada más importante, para un sabio como él.


Jorge Osvaldo Furman (18 de Julio de 1943 – 27 de Diciembre de 2019).


Presente. Ahora y siempre.

© 2020 KOINON

Suscribite gratis y recibí información