Lealtad a los Leales

Por Malena Barreiro Toloni

"Hay hombres que de su ciencia

Tienen la cabeza llena;

Hay sabios de todas menas,

Mas digo sin ser muy ducho

Es mejor que aprender mucho

El aprender cosas buenas"

-José Hernández


La lealtad, aquel aforismo vilipendiado en la actualidad; aquella conducta honesta y honrada que se encuentra poco valorada; aquel acto de libertad que mediante la elección se profesa.

Me permito inferir que, a causa de la contemporaneidad, los valores se han visto perforados en su totalidad.

Aquí, donde todo es efímero; donde la celeridad, la desigualdad y las disposiciones meritócratas hacen parte de nuestra cotidianeidad, los vínculos sociales se perciben supeditados a la nueva realidad.

Hernández recitaba:


“Vivan con precaución,

que nadie sabe en qué rincón,

se esconde el que es su enemigo”


Cuán en boga se halla aquel proverbio. El conferir a un otro un sentimiento de atención, respeto y compromiso, en un lazo en el cual concebimos como inasequible la desconfianza, actualmente habita en el vacío.

La lealtad, aquella amistad noble, auténtica y recíproca; inusual de topar, se ve turbada adicionalmente por el individualismo imperante.

Un arma blanca que hiere al orgullo, sojuzgar semblante una amistad.

La tirria, la petulancia, la manera moderna en que los sapos y culebras atacan con vanidad aquella estima que, con tanto esmero y dedicación, floreció y se guardó.

La sinceridad, por otro lado, lecho duro como el roble, es necesaria - en alguna ocasión -. Pero la sinceridad no hace a la animosidad, es honesta, no carga con prejuicios, no posee una doble moral ni pensamientos pérfidos o desleales.

Ante el ingrato desmán, tengo una confesión que hacer: compañero usted sabe, puede contar conmigo...


Amigos, nos alegramos los unos a los otros como de plantas frescas de la Naturaleza y nos tenemos consideraciones mutuas: así vamos creciendo como árboles, unos al lado de los otros y, justo por ello, rectos y derechos, pues nos ayudamos recíprocamente a subir

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