Landrú

Por Paris Goyeneche


Juan Carlos Colombres (1923- 2017),​ popularmente conocido por su seudónimo Landrú, fue un humorista gráfico argentino caracterizado por sus ironías sociopolíticas, en las cuales incluía la caricatura tanto gráfica como textual.

Es integrante de la misma generación constituida por otros grandes humoristas argentinos como Quino, Lorenzo Amengual, Guillermo Mordillo, Miguel Brascó, Copi, Lang, Oski y Hermenegildo Sábat.

Sus primeros dibujos los firmó como J.C. Colombres; siguió firmando como JC y, posteriormente, eligió el seudónimo Landrú porque el humorista Faruk lo asemejó físicamente con el célebre asesino serial de mujeres francés Henri Désiré Landrú. Este apodo fue adoptado, según contó a una revista, porque además nació el día en que guillotinaron en Francia al asesino Landrú.

Estudió dos años de arquitectura y, mientras comenzaba a publicar sus primeras viñetas, trabajó en la Aeronáutica y luego en Tribunales, en un Juzgado de Instrucción en lo Criminal.

La obra de Juan Carlos Colombres se caracterizó por una elaborada burla a ciertos modos masificados de "pensar" característicos de la sociedad argentina del siglo XX y de los primeros años del siglo XXI; su burla era básicamente una ironía a la vez sutil y descarnada en la cual criticaba a todos los niveles sociales. Para ello creó una serie de personajes paradigmáticos: Tía Vicenta, el señor Porcel, el señor Cateura (un sujeto procedente de un nivel humilde que pretende a toda costa el ascenso económico y quiere aparentar un elevado nivel cultural; para "educar" a su pequeño hijo le propina feroces tratos y mezcla insultos correspondientes a diferentes sociolectos), Rogelio, el hombre que razonaba demasiado (un paranoico que representa los temores de la burguesía), María Belén y Alejandra (dos jóvenes de alto poder adquisitivo y frívolas). Este humor escrito se ve enriquecido por la erudición que caracterizaba a Colombres, lo que le permitía utilizar diversos niveles de escritura o recurrir a los arcaísmos; a esto se sumaba un profundo y exhaustivo conocimiento de la realidad política nacional e internacional.

Landrú se basaba en dibujos aparentemente sencillos, en los cuales muy sabiamente se daban las deformaciones necesarias que caracterizaban a logradas caricaturas. Landrú recurrió muchas veces a genuinas metáforas visuales.


Uno de los rasgos más típicos en las caricaturas gráficas de Landrú es la presencia de un gato dibujado con una amplia sonrisa y los ojos abiertos con mirada socarrona; tal gato está siempre cerca de la firma, como si el felino representara al humorista siendo testigo de un mundo absurdo al cual se observa y soporta a través del humor.

Su recorrido profesional comenzó en 1945, cuando se publicó su primer dibujo en la revista Don Fulgencio, dirigida por Lino Palacios. Un año después, en 1946, comenzó a hacer humor político en la revista Cascabel. En publicación, se mofaba de Juan Domingo Perón (entre las muchas caricaturas con que lo representaba estaba la de una gran pera). ​En 1957, crea y funda la revista Tía Vicenta, con una tirada de 50 mil ejemplares, y rápidamente obtiene un gran éxito.

Se trataba de una publicación semanal en la que, además de Landrú, publicaban sus textos y viñetas varios humoristas, como Quino, Garaycochea, Basurto, Faruk y César Bruto, entre otros. Tía Vicenta fue censurada y clausurada en 1966 por el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, ya que Landrú lo había caricaturizado como una morsa, siguiendo el apodo que, en varios sectores, se le daba al presidente. En 1966, Tía Vicenta salía como suplemento semanal del diario El Mundo que, de 200.000 ejemplares, aumentaba a 300.000 ese día. Para combatir la censura, Landrú decidió editar Tía Vicenta pero con otro nombre. Así, en 1966 sale María Belén, también como suplemento del diario El Mundo. Y, en 1968, aparece la revista Tío Landrú.

A inicios de los años 1970, Colombres llegó a poseer una sección en la revista Gente donde se burlaba de la sociedad, en especial del "medio pelo" o los nuevos ricos, o aquellos que pretendían aparentar un buen nivel cultural.

En 1971, Landrú colabora en la revista dominical del diario La Nación con la sección “Los grandes reportajes de Landrú”. Y, en 1972, comienza una larga etapa de colaboración, hasta 2008, en el diario de mayor tirada en Argentina, Clarín. En 1973, tuvo una fugaz presencia en la revista Satiricón.

En 2014, publicó el libro ¡El que no se ríe es un maleducado!, que, en gran parte, es compendio de sus principales obras.​ A fines de este mismo año inicia las actividades Fundación Landrú, una organización sin fines de lucro creada por sus familiares con el objeto de rescatar la obra del dibujante y difundirla en la actualidad.


Falleció muy viejito, ya entrados en los 90, pero fiel a su estilo. Activo hasta sus últimas semanas, todavía se sentaba en la terraza de su departamento a dibujar sendas viñetas. Salvo por el incidente de Onganía, nunca tuvo juicios penales de importancia, lo que habla muy bien de su arte, sentido del humor y bonhomía. Aquí les dejo unas viñetas, de las más sobresalientes, unas tapas de Tía Vicenta (sobre todo la de Onganía), y para el que puede permitirse el gusto de conseguir ¡El que no se ríe es un maleducado!, un tomo de varios centenares de páginas que resumen su obra.


Bon Appetit.







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