La Revolución Rosa

Por Elías de la Cera

Homenajeando a la revolucionaria, cobarde y cruelmente asesinada por Gustav Noske, se pretende rescatar una elaboración teórica y política fundamental para el marxismo, silenciada durante largos años por el stalinismo y la socialdemocracia alemana.


Singular destino le han tejido las parcas a Rosa Luxemburgo. Ser incomprendida y combatida por amigos y enemigos pero, en el fondo, temida por todos. Estas palabras de Lenin nos ayudarán a entrar en cuestión:


“Paul Levi quiere hacer ahora especiales méritos ante la burguesía, y por consiguiente ante sus agentes de la II Internacional, por medio, precisamente, de la reedición de las obras de Rosa Luxemburgo, en las cuales esta no tenía razón. Le responderemos con dos líneas de una de las mejores fábulas rusas: en ocasiones, las águilas vuelan más bajo que las gallinas, pero estas jamás podrán elevarse a la altura de aquellas.”


Según Uliánov, la revolucionaria se habría equivocado en cuestiones tales como: el problema de la independencia de Polonia, en su apreciación del mencheviquismo, en su teoría de la acumulación del capital y cuando, junto a Plejanov, Vandervelde, Kautsky y otros, defendió la unión de los bolcheviques y mencheviques. Pero, a pesar de todas sus equivocaciones, Rosa fue y seguirá siendo un águila.


Pienso demorarme en la mención y en el estudio de una afirmación de Rosa Luxemburgo, citada por Lenin, y creo que debería interesarnos sobremanera: “La socialdemocracia después del 4 de Agosto de 1914 es un cadáver hediondo” ; he aquí la sentencia con la que su nombre pasará a la historia del movimiento obrero en todo el mundo. Resulta ser que, en ese mismo año, estalla la Primera Guerra Mundial y la Internacional Socialista desaparece con ella. Cada partido socialdemócrata se une a la burguesía de su país contra sus hermanos de clase. Los parlamentarios socialistas votan el 4 de Agosto los créditos de guerra. Rosa, junto con Clara Zetkin, Franz Mehring y Karl Liebknecht, forma el grupo internacionalista “Liga Espartaco”.


En el periodo que va de Febrero de 1915 a Noviembre de 1918, Rosa Luxemburgo estuvo encarcelada. Mientras tanto, en el patio trasero del movimiento obrero, señala Lenin, entre montones de estiércol, las gallinas de Paul Levi, Philipp Scheidemann, Karl Kautsky y toda esa gavilla de oportunistas, se mofaban de los ligeros errores conceptuales en los artículos que Rosa escribía desde la cárcel.


La revolución rusa es el acontecimiento más importante de la Primera Guerra Mundial. Su explosión, su radicalismo sin precedentes, su persistencia, representan una rotunda desmentida al slogan conforme al cual a las bayonetas alemanas les estaba asignada la misión de abatir el zarismo ruso y liberar a sus pueblos oprimidos. El desarrollo impetuoso que adquirió la revolución, sus repercusiones sobre todas las relaciones de clase, su progreso coherente desde una estadio primero de república burguesa a fases cada vez más avanzadas, con la fatalidad de una lógica interna, de la cual se puede colegir el hecho de que el abatimiento del zarismo resultó ser un episodio anecdótico, sin mayor importancia. Esto es la demostración palmaria, según Rosa Luxemburgo, que la liberación de Rusia no fue obra de la guerra, ni estuvo condicionada por la derrota militar del zarismo, sino que tenía profundas raíces y se presentaba como perfectamente madura.


Compartían Kautsky y el partido social democrático gubernamental la famosa teoría doctrinaria según la cual Rusia, por ser un país económicamente atrasado y esencialmente agrícola, no estaba madura para la revolución social y la dictadura del proletariado. Esta teoría considera que sólo una revolución de tipo burguesa es lícita en Rusia. De esta manera, se entiende la táctica adoptada por el socialismo ruso de aliarse con la burguesía liberal; también de esta manera se entiende a la Unión Democrática.


Propone esta tendencia que la revolución se detenga en el primer estadío, que según la socialdemocracia, o sea el liberalismo, el mero abatimiento del zarismo y la proclamación de una república liberal burguesa era el noble objetivo de Alemania. El hecho de haber avanzado, de proponerse la dictadura del proletariado, representaría, según esta teoría, un error por parte del ala radical del movimiento obrero ruso, diríamos; “un exceso”.


Todos los infortunios que azotaron al proceso, todo el desorden que padeció, se deben exclusivamente a este despropósito. Mientras que Rosa argumenta que la revolución rusa, producto del desarrollo internacional y de la cuestión agraria, no ofrece posibilidad de soluciones en el marco de la sociedad burguesa.


Antes de adentrarnos en la pequeña tesis de esta nota, no sería desatinado decir que, probablemente, con excepción de los socialdemócratas, el resto de la dirigencia política rusa nunca se tomó demasiado en serio a la Democracia Liberal Burguesa. Nunca se mostraron demasiado apegados a los arcanos de las leyes, las instituciones, los organismos internacionales. Saben que la política es esencialmente conflicto, lucha por el poder, y ni siquiera se preocupan por ostentar algún grado de constitucionalidad. Actúan deliberadamente sin otro tipo de limitaciones que no sean la correlación de fuerzas, la ideología y/o la habilidad política del líder en cuestión.


El primer periodo de la revolución rusa, desde su explosión en Marzo hasta la insurrección de Octubre, corresponde exactamente, en su avance general, al esquema de desarrollo tanto de la gran revolución inglesa como de la francesa. La teórica polaca realiza una interesante observación al señalar que las revoluciones siguen líneas ascendentes: en los tres casos, Inglaterra, Francia y Rusia, se empieza desde los comienzos moderados a metas cada vez más radicales y, paralelamente, de la coalición de clases y de los partidos a la dictadura del partido radical.


En el caso inglés, la revolución explota en 1642. En primera instancia, las vacilaciones y debilidades de los presbiterianos, la irresoluta guerra contra el ejército realista, durante la cual los presbiterianos evitaron una batalla decisiva y una victoria total contra Carlos I, hicieron que los primeros en sentir las cadenas fueron los Independientes que expulsaron del parlamento a los timoratos. A su vez, en el seno del ejército de los Independientes, fueron las masas subalternas de soldados, los Niveladores (llamados así por la jerga popular inglesa, eran radicales extremistas que combatieron las vacilaciones de Cromwell en la lucha contra el rey y luego su dictadura y su conservadurismo) de John Lilburne fueron quienes formaron la fuerza de choque de todo el movimiento independiente.


Añadiendo un marcado elemento proletario en la soldadesca revolucionaria. Sin la influencia espiritual de los elementos proletarios sobre la masa militar. Sin la presión de la soldadesca democrática sobre el estrato burgués superior del partido de los Independientes, no se hubieran logrado ni la depuración del Parlamento Largo de los presbiterianos, ni la ejecución capital de Carlos I, ni la abolición de la Cámara de los Lores, ni la proclamación de la República.


Rosa Luxemburgo compara a los Levellers ingleses con los Jacobinos franceses. En el caso francés, después de cuatro años de lucha, la toma del poder por parte de la facción liderada por Maximilien Robespierre demostró ser el único medio para salvaguardar las conquistas de la revolución; el nacimiento de la república con la sangre impura invadiendo los surcos, el aniquilamiento total del feudalismo y del orden medieval, el esquema tripartito, la organización de la defensa revolucionaria dentro y fuera del país, aplastar sin vacilaciones cualquier conspiración contrarrevolucionaria, y llevarla de Francia a toda Europa.


Cuando Kautsky y sus amigos se empeñan en preservar, en la revolución rusa, el carácter burgués de su primera fase, no hicieron otra cosa que imitar con mucha menos gracia y talento a los liberales ingleses y alemanes, cuando al hablar de la Revolución Francesa, distinguían la revolución “buena” girondina, de la revolución “perversa” a partir del dominio del perverso Robespierre. Aún hoy es esta la visión que se tiene sobre el proceso revolucionario francés.


Para Rosa y para todo Koinón, la superficialidad con la que el liberalismo estudia la historia no necesita advertir que sin la toma del poder por los Jacobinos perversos, exagerados y populistas, ni siquiera las tímidas reformas girondinas se hubieran salvado de entre las ruinas de la revolución, siendo que la alternativa real a la dictadura jacobina no era una Democracia moderada de figurones con buenos modales, sino que la alternativa era una sangrienta restauración borbónica. En períodos revolucionarios no hay justos medios, la ley natural de la revolución exige decisiones rápidas y beligerantes.


Karl Marx decía que las revoluciones son la locomotora de la historia. Rosa Luxemburgo decía: “O la locomotora es lanzada a todo vapor por la pendiente de la historia hasta la cumbre, o la fuerza de la gravedad la arrastrará de nuevo hacia abajo, y se desempeñará en el abismo con todos aquellos que con sus débiles fuerzas pretendían retenerla a mitad de camino”.


¿Queremos defender lo logrado con tanto trabajo? ¿Queremos que nunca más los derechos de nuestro pueblo sean vulnerados? ¿Queremos que nunca más vuelvan a endeudar al país?

Repasamos la obra de la gran Rosa Luxemburgo y actuemos en consecuencia.

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