La reactivación de la CELAC y de la integración regional

Por Lautaro Garcia Lucchesi

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños surgió en la Cumbre de la Unidad, celebrada los días 22 y 23 de febrero de 2010 en la Riviera Maya. Esta iniciativa de integración latinoamericana es la resultante de dos propuestas, una elaborada por Brasil y otra por México. La fundación de este proyecto conjunto se basa en la promoción de la articulación y convergencia de acciones, el intercambio de experiencias y la identificación de áreas de cooperación entre los distintos procesos de integración regional que existen en Latinoamérica y el Caribe.


Este proceso de integración privilegia la dimensión política de la integración, entendiendo que el objetivo de estrechar los lazos con los pueblos hermanos no debe tener una finalidad meramente económica, basada en procesos de apertura comercial, sino que, a partir del diálogo y la concertación política, se busca construir una agenda común con un conjunto de lineamientos que definan la forma en que los países involucrados en la Celac se proyectan hacia el resto del mundo.


Durante el período de los gobiernos populares latinoamericanos, la Celac se transformó en un mecanismo para el fortalecimiento de las soberanía de los países involucrados, pues este foro no contaba con la participación de EE.UU. y Canadá, que intentaban mantener a flote la Organización de Estados Americanos; con la nueva oleada neoconservadora que azotó nuestra región, esta última recuperó fuerza, mientras la Celac, junto con Unasur, quedaban prácticamente paralizadas.


En el caso argentino, durante la presidencia de Mauricio Macri, nuestro país promovió la desarticulación de cualquier iniciativa que tendiera a reforzar la integración regional. Durante la presidencia argentina de la Unasur, Macri no convocó ni siquiera a una reunión del organismo. Promovió la expulsión de Venezuela del Mercosur, congeló la incorporación de Bolivia a ese organismo y suspendió la participación en la Celac. En cambio, se alineó con los designios norteamericanos pronunciados en la OEA, intentó el ingreso a la Alianza del Pacífico y otorgó todas las concesiones necesarias para acelerar el acuerdo Mercosur-Unión Europea.


Retomando la cuestión de la Celac, López Obrador acaba de asumir la presidencia del bloque y ya ha manifestado su intención de reimpulsar la iniciativa. Según el plan de trabajo presentado por México, las prioridades serán: por un lado, reforzar la cooperación internacional en temas como ciencia y tecnología, educación superior, salud pública, gobernanza, rendición de cuentas, transparencia, combate a la corrupción y protección del medio ambiente; por otro lado, se hace referencia a la cooperación con China, la elaboración de una nueva agenda regional común frente a los organismos internacionales, y el restablecimiento de mecanismo de diálogo y de solución pacífica de conflictos.


Este relanzamiento de la Celac es el punto de partida para la reconstrucción de los movimientos populares, por eso el gobierno de Alberto Fernández ha retomado la participación en dicho organismo. Pero no será fácil la tarea que deberá encarar el presidente mexicano para poder mantenerlo a flote y funcionando. Deberá mediar posiciones para evitar la profundización de conflictos, que lleven a la ruptura, entre los gobiernos populares de Venezuela, Argentina y su propio país con los gobiernos de derecha de Brasil, Chile y los golpistas bolivianos. Asimismo, todavía no tenemos definiciones precisas sobre la posición que tomará con Uruguay aunque, viendo la solicitud de Lacalle Pou a Trump para firmar un TLC bilateral, podemos hacer algunas inferencias.


La extrema polarización que se vive en la región nos advierte que la disputa entre la OEA y la Celac será inevitable. Los conflictos en Venezuela, Bolivia, Chile y Nicaragua serán el campo de batalla en el que colisionarán las posturas de ambos. Al mismo tiempo, en referencia a nuestro país, es probable que Alberto se apoye más sobre la Celac frente al intento aperturista y desregulatorio que intentarán llevar adelante Brasil, Uruguay y Paraguay en el Mercosur. Allí, el gobierno argentino deberá balancear para evitar esos avances sin propiciar, con su negativa, la ruptura del bloque.


Por otro lado, continuando con la política regional que impulsa Alberto, en su último viaje a México, el presidente declaró que tenía intenciones de reavivar la Unión de Naciones Suramericanas, aunque evitando la promoción de posturas ideológicas que promuevan políticas “en contra de”. Esto ya es un primer paso importante, aunque no suficiente.


Lo que se vive en la región es una disputa abierta entre una integración soberana y autónoma, promovida por los gobiernos de Argentina y México, y una integración subordinada y de acuerdo a los designios del otro principal, EE.UU., encarnada por el gobierno fascista de Bolsonaro. Ésta última es la que viene primando en los últimos años con los gobiernos neoconservadores; pero Argentina y México intentarán disputar esa primacía.


Por último, y a forma de cierre, una perlita. El gobierno golpista boliviano, a través de su Canciller Karen Longaric, acusó a México de “violar” las normas internas de la Celac al convocar una reunión para el 9 de este mes, como reunión preparatoria para su asunción como Presidente pro-témpore del bloque, sin haber informado previamente a Bolivia. Lo que el gobierno de Añez no comprende es que, al no reconocer a su gobierno como uno de carácter legítimo, López Obrador no tiene obligación de informar a su país sobre lo que planea hacer en Celac.

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