La Nación y la Secesión

Por Elías de la Cera

“En la República Argentina no hay más soberanía que la soberanía nacional, soberanía suprema, y ante esta soberanía todos tienen que inclinarse”.


-Bartolomé Mitre.



Parece de Perón, pero es de Mitre. El cronista cuenta que, allá por 1879, el entonces gobernador Vicente Almandos Almonacid se negó a cumplir con las leyes nacionales, alegando que: “La Rioja es un Estado soberano e independiente”. Es así como Mitre, desde su banca de Diputado Nacional, le responde con la frase previamente citada.


Solo bajo esta agobiante situación de anomia en la que vivimos, por responsabilidad de una clase política mediocre y decadente, pudieron pasar inadvertidas las declaraciones de Alfredo Cornejo referidas a la posibilidad de establecer una autonomía regional en Mendoza, pactada con todos sus dirigentes.


En fatal omnipresencia, ronda la idea de que Argentina es un Estado fallido. Y en imperdonable distracción, la clase dirigente no es capaz de advertir que ese tipo de silogismos son un síntoma de fenómenos estructurales que aquejan la vida de nuestro pueblo y que aún aguardan respuesta.


Bajo estas circunstancias, se pone a prueba la visión estratégica de los “hombres de Estado”. En la gravedad y la profundidad de estas asignaturas, subyace el destino de la Nación, más allá de saber quién prevalece sobre quién en tal o cual elección.


Ningún argentino (salvo Claudio Escribano, a quien me gusta llamar:”El Sarmiento Contemporáneo”) se ha demorado en el examen del signo lingüístico utilizado por Cornejo; independencia. Signo que nos remite a uno de los pocos flagelos (si no el único) de los que la conflictiva, extenuante y querida República Argentina ha sido privada; las secesiones.


Escéptico de los que dicen las encuestas, parece que la encuestadora Reale-Dalla Torre, que tiene al Gobierno de Mendoza entre su lista de clientes, evidenció que el 35% de los mendocinos están entusiasmados con la idea de independizarse. La encuesta se realizó cuando la compañía Latam se fue del país, lo que afectó a los mendocinos en el siguiente aspecto; si viajan al exterior, prefieren hacerlo por Santiago de Chile, no por Buenos Aires.


Es que Cornejo dijo lo que muchos coterráneos (no estrictamente mendocinos) querían escuchar. Y pareciera ser que ya no suena tan delirante la idea conforme a la cual “el país productivo se rebele contra el país improductivo”. O por lo menos no hubo una declaración que, a la manera de Mitre, corte menos diez semejante improperio.


Cornejo hace extensible la quejumbre mendocina hacia los porteños, hacia los santafesinos, hacia los cordobeses, hacia los entrerrianos, hacia el interior de la Provincia de Buenos Aires, fomentando el hastío que produce el hecho de volcar recursos a gentes de provincias objetivamente inviables.


Todavía recuerdo aquella franja amarilla que, a la manera de la camiseta de Boca, atravesaba el océano azul en las elecciones de 2019. Mauricio Macri y Juntos por el Cambio se enseñorearon en esa franja amarilla, que genera la mayor riqueza del país.


La famosa doctrina “Texas vs White” fue retomada en Argentina, casi sin variaciones, como lo demuestra Alejandro Aguero en un meticuloso trabajo titulado “Autonomía por Soberanía Provincial”, que se puede encontrar en el sitio web del CONICET. A su vez, en el artículo se puede apreciar el enorme esfuerzo intelectual que emprende Bartolomé Mitre por afirmar los conceptos de Nación y nacionalidad, en perjuicio de la antigua expresión de “soberanía provincial”.


Para hablar de las facultades y los derechos de que gozan las provincias, Mitre inculcó el concepto de “autonomía”, menos sutil, más cohesivo. Le pido al lector que recuerde cuál es el nombre que Mitre le impuso a su diario. ¿Ya lo recordó? Haga sus propias conjeturas.


El esmerilamiento de las posturas socialdemócratas y neoliberales, conduce necesariamente a un nuevo auge del nacionalismo, más no sea para contrarrestar el globalismo. El discurso nacionalista, xenófobo y racista que adoptó Macri para las elecciones generales de Noviembre de 2019, le valió el respaldo de la franja productiva y egoísta de la Argentina.


El dilema está planteado. El mundo se debate entre el nacionalismo de exclusión, que propugnan los europeos y que tiene asidero en el establishment de este país, y el nacionalismo de inclusión, que propone Su Santidad el Papa Francisco, y que encuentra asidero en la doctrina justicialista, profundamente humanista y cristiana.


¿Cuál de los dos nacionalismos prevalecerá en la Argentina? En eso estamos…


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