La Libertad en la Comunidad Organizada

Por Elías de la Cera

Caracteriza a las grandes crisis la enorme trascendencia de su opción. Si la actual es comparable con la del Medioevo, es posible que dependa de nosotros un Renacimiento más luminoso todavía que el anterior, porque el nuestro, contando con la misma fé en los destinos, cuenta con un hombre más libre y, por lo tanto, con una conciencia más capaz”.


- Juan Domingo Perón.




Desde las usinas de eso que ambiguamente damos en llamar: “Campo Nacional y Popular”, se ha esgrimido hasta el hartazgo y el terror (en algunos casos) un discurso novedoso, abstracto, algo torpe en su argumentación, y complementamente ajeno a las realidades de la vida de los pueblos. Me refiero estrictamente a la famosa cuestión del rol del Estado.


A la manera de los discípulos no marxistas de Georg Friedrich Hegel, ciertos funcionarios, ciertos periodistas, ciertos intelectuales y ciertos militantes con ansias de subsecretarías, se han demorado largamente en explicar las virtudes del Estado. Esta cosmovisión, aparentemente moderna y progresista, está íntimamente ligada a la idea de “Estado; cúspide del espíritu humano” que Hegel descaradamente toma de Aristóteles.


Como si se tratara de una discusión entre neoliberales y socialdemócratas en los pasillos de la Sorbona, se insiste en discutir el mayor o menor alcance del Estado. Pero esa es una discusión europea y anacrónica. La doctrina justicialista busca trascender esa discusión frívola y elitista, buscando penetrar en el corazón del individuo y la comunidad.


Es que el individuo, en tanto miembro de la comunidad, es más importante que la glorificación del Estado. Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo. Ni el individuo aislado, egoísta y ficticio, medida de todas las cosas. Ni el colectivismo atomizante que empequeñece y humilla al individuo, tienen cabida en una doctrina humanista y cristiana.

Que el individuo acepte pacíficamente su eliminación como un sacrificio en aras de la comunidad, no redunda en beneficio de ésta. Todos somos hijos del mismo padre, y el prójimo es tan importante como uno mismo.


Los intereses permanentes de la Patria (el pueblo) no son defendidos por el Estado, en tanto abstracción. Salvo que se imponga, como en China, un sistema de partido único. La democracia que nosotros conocemos es inestable, y el ejercicio del poder es efímero y fugaz. Si el peronismo ha logrado sobrevivir, a pesar de haber sufrido golpes de Estado y derrotas electorales (algunas de ellas muy humillantes), es porque el peronismo no es estatista, no necesita de la asociación de las asociaciones para conservar su vigencia. Le basta con permanecer latente en ese subsuelo de la patria que, al sublevarse, dió nacimiento a la doctrina, impregnando en el justicialismo una substancia plebeya, donde el movimiento obrero organizado es la columna vertebral de la comunidad organizada.


La libertad es la esencia del peronismo. Ya sea en términos de democracia (ya que con la irrupción del peronismo los hombres volvieron a votar, y las mujeres ejercieron por vez primera su derecho al sufragio), o en términos de la concreción de los anhelos materiales y espirituales de los individuos, que, como ya dijo Perón (tomado descaradamente de Aristóteles), solo es posible en el marco de una comunidad próspera, feliz y solidaria.


Que las academias europeas sigan disertando sobre sus creaciones avaras, excluyentes y con aires de superioridad. Nuestro pueblo es solidario, en el seno de nuestra comunidad surgió una doctrina que no tolera la pobreza circunstancial (mucho menos la estructural) y, en este mismo pueblo, nació quien hoy es la voz de los pueblos sin voz en el Nuevo Orden Internacional; Su Santidad, el Papa Francisco.


Los funcionarios públicos buscan justificar su condición de privilegio sacralizando al Estado (institución que les garantiza esa condición), y todavía pretenden que los individuos les rindan pleitesía por el enorme esfuerzo que implica imprimir plata. El peronismo no tiene nada que ver con eso. La voz de Dios es la voz del pueblo, no la de los funcionarios. Creemos en la libertad de la comunidad y en el gobierno esclavo, porque como reza nuestro poema nacional:


Mas Dios ha de permitir

que esto llegue a mejorar,

pero se ha de recordar,

para hacer bien el trabajo,

que el fuego pa’ calentar

debe ir siempre por abajo”.


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