La formación ideológica de las Fuerzas Armadas y su rol hacia el futuro

Por Lautaro Garcia Lucchesi

En el capítulo preliminar de “Política y Ejército”, Jauretche expone uno de los grandes flagelos de nuestra política nacional, la reestructuración de las Fuerzas Armadas (FF.AA.). Este aspecto, dice uno de los fundadores de FORJA, históricamente se ha manejado como un asunto técnico secreto, como si la defensa nacional fuera un elemento que debe tratarse sólo entre los “entendidos” en la materia. Y no como lo que realmente es, uno de los aspectos fundamentales de la soberanía nacional, la cual nos incumbe a todos los que habitamos este suelo (o

casi todos, diría Jauretche). Y cito:


  • “Mientras hemos tenido algo parecido a una política nacional, la técnica se ha adaptado a las necesidades de ésta y no a la inversa. De Roca a Ricchieri, a Vélez, a Dellepiane [...] nuestras instituciones armadas han visto cambiar el arte de la guerra y sus técnicas;hemos adoptado según las circunstancias las enseñanzas francesas o alemanas, renovado el material, incorporado nuevas armas, pero siempre en relación con nuestras necesidades de defensa nacional.”


Esta cita expone un problema clave en la formación de las Fuerzas Armadas, que es la formación a partir de doctrinas militares y de defensa extranjeras. Así como este autor ha analizado profundamente la carencia de una epistemología nacional y los problemas que trae la adopción de ideologías extranjeras, cristalizada en la zoncera madre “Civilización o barbarie”, en el ámbito de la FF.AA. también se replica este problema, con algunos matices.


En el origen profesional de nuestro ejército, durante la segunda presidencia de Julio A. Roca , este estaba compuesto mayoritariamente por jóvenes provincianos que habían sido expulsados de sus tierras por el avance del ferrocarril, el cual había destruido no sólo a las primitivas manufacturas artesanales del Interior, sino también a la profesión de artesano en sí misma. Para ellos, la ley de servicio militar obligatorio era una salida de la miseria y abandono en la que se habían visto sumergidos por el avance de la modernidad, a la vez que le otorgó al Ejército Argentino una conciencia nacional.


Sin embargo, ya en la primer presidencia de Roca, se habían creado institutos militares asesorados por técnicos militares alemanes, que venían a desarrollar los métodos modernos de entrenamiento en la Argentina; algunos de ellos ocuparon cargos importantes en el Ejército Argentino.


En primera instancia, los oficiales encargados de la formación de estos jóvenes eran de origen prusiano, los cuales inculcaron en los jóvenes reclutas una visión pro- industrialista y antibritánica que, posteriormente, se cristalizó en la creación de YPF, a cargo del General Enrique Mosconi.


Esta influencia alemana en los cuerpos de defensa argentinos generó una ruptura en nuestro país, a partir del estallido de la Primera Guerra Mundial, entre aliadófilos y germanófilos. La distinción entre ambos bandos no estaba del todo clara, pero mayormente se sustentaba en lo cultural; mientras que la mayoría de la élite argentina, por la fuerte admiración de la cultura francesa, apoyaba a la Entente, junto con la prensa, los inmigrantes españoles, los militares, el clero y los médicos se volcaban a favor de Alemania.


Con la caída de Yrigoyen, el gobierno de Agustín Justo se apoyó en lo que todavía quedaba del viejo régimen político que sobrevivía en la provincias -conservadores y radicales antipersonalistas- y le otorgó un papel creciente al Ejército en la política nacional, que adopta una línea nacionalista católica. Sin embargo, el modelo militar continuó siendo el alemán; por ello, frente a la Segunda Guerra Mundial, volvió a aparecer la vieja tensión entre los partidarios de los Aliados y los simpatizantes del Eje.


Con la caída de Perón se introduce un cambio en la formación militar: el modelo prusiano es reemplazado por la doctrina francesa de la guerra contrarrevolucionaria, que se venía aplicando en Indochina y, principalmente, en Argelia. Esta doctrina se basaba en la lucha contra el “enemigo interno” que, en tiempos de Guerra Fría, era cualquier movimiento político con un mínimo aire comunista o socialista o, en el caso argentino, peronista. Este modelo francés fue compatibilizado, en el caso argentino y en otros países latinoamericanos, con la Doctrina de la Seguridad Nacional, de origen norteamericano, y que partía del mismo principio que la doctrina francesa: el enemigo externo se había convertido en enemigo interno.


Esta doctrina norteamericana era impartida en la infame Escuela de las Américas, fundada en 1946 con el fin de formar militares de América Latina y el Caribe en esta doctrina y en sus métodos de aplicación, que incluían contrainformación, guerra psicológica, interrogatorios con métodos de tortura y ejecución sumaria, inteligencia militar y acciones de contrainsurgencia. Esta Escuela formó a militares argentinos hasta el año 2006 y continúa haciéndolo en el caso de algunos países latinoamericanos, por ejemplo, Bolivia.


El cóctel derivado de la combinación de las dos doctrinas mencionadas produjo como resultado a personajes como Emilio Massera, Roberto Viola, Jorge Videla y Leopoldo Galtieri, miembros todos ellos de la cúpula militar de la última dictadura militar argentina.


Durante la gestión de Nilda Garré como Ministra de Defensa, se intentó poner en marcha un proyecto de modernización y de institucionalización de la política de defensa de la democracia en las FF.AA., que venía a darle un enfoque de planeamiento estratégico desde una perspectiva situada nacional y regional y la introducción de la perspectiva de Derechos Humanos y de género.


Lamentablemente, con el gobierno de Mauricio Macri se produjo un nuevo acercamiento a la doctrina de la Seguridad Nacional, colocando a Venezuela como el nuevo foco continental de “insurgencia”, para lo cual recientemente se aprobó la aplicación del TIAR, además del bloqueo económico y de la expulsión de ese país del Mercosur y su suspensión en la OEA.


¿A qué viene todo este recuento de la formación de las Fuerzas Armadas argentinas? Tiene dos objetivos: por un lado, la Argentina es aquí interpretada como un reflejo de lo que se produjo en casi todo América Latina respecto de la formación militar; por otro lado, y lo fundamental, fue mostrar que, históricamente, nuestras Fuerzas Armadas han sido formadas en doctrinas pensadas y sistematizadas en el extranjero, para servir a fines extranacionales. Y esto se ha transparentado recientemente en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia.


En estos cuatro casos, la institución militar ha optado por ponerse del lado de quienes responden a intereses foráneos. En Chile, Colombia y Ecuador, los oficiales del Ejército han reprimido brutalmente las protestas populares que se han producido en esos países, sin ningún tipo de resguardo respecto de los Derechos Humanos de sus compatriotas. En el caso boliviano fue aún peor, porque apoyaron a los golpistas oligarcas de Santa Cruz de la Sierra en el derrocamiento del presidente constitucional Evo Morales. Gran parte de la cúpula militar que actuó en el golpe boliviano, como el Gral. Remberto Vasquez, el Cnel. Julio Maldonado Leoni o el Cnel. Teobaldo Cardozo Guevara, habían sido formados en la Escuela de las Américas.


Esta situación, que nos trae pésimos y terroríficos recuerdos a todos los latinoamericanos, nos obliga a replantearnos el rol que las FF.AA. deben ocupar en los procesos de gobiernos nacionales y populares; este replanteo no es ajeno a la batalla cultural que nos debemos. Jauretche y todos los pensadores nacionales han dejado claro que, quien piensa con categorías extranjeras, termina actuando a favor de esos intereses extranjeros, a veces incluso inconscientemente.


Si, como se planteaba en un artículo anterior, lo que está sucediendo en nuestro continente se dirige a la consolidación de nuevos Estados Burocráticos Autoritarios, sustentados en el apoyo militar, entonces esta reforma ideológica se torna de carácter urgente. Los cuerpos militares deben comprender y ser los garantes de los derechos populares conquistados en el último ciclo progresista; así como también debemos otorgarle una visión geopolítica nacional y regional, que comprenda cuáles son los recursos del futuro que deben ser protegidos y desarrollados (como lo fue el petróleo con YPF y Petrobras en el pasado y hoy lo es con el litio) y cuáles son los espacios que hoy están siendo explotados por extranjeros y que deben ser recuperados (observen el Atlántico Sur hoy). Se deben conciliar las tareas de control de orden civil con el respeto a los DD.HH. y a la propia Constitución Nacional.


La UNASUR, quizás el proceso de integración más ambicioso que se ha desarrollado en Latinoamérica, había impulsado la incorporación de una visión estratégica de las Fuerzas Armadas en la institucionalización de la política de Defensa, con la creación del Consejo Suramericano de Defensa. Esta asociación del área de Defensa con la integración regional venía a introducir temas estratégicos de una importancia fundamental para un desarrollo equitativo, con justicia social, que luego permitiera una inserción internacional estratégica, contemplando los acervos culturales, sociales, económicos, políticos, de defensa y de seguridad comunes entre todos los participantes.


Esto debe ser recuperado, al igual que lo iniciado por la Ministra Garré, porque permitirá formar un cuerpo de oficiales con una visión situada de la defensa y la seguridad y permitirá erradicar, para siempre, la utilización de las FF.AA. como agente al servicio de intereses foráneos que nada tienen que ver con el desarrollo y la consolidación de la soberanía de nuestras naciones. Esta reforma tiene un carácter de cierta urgencia, pues el Tratado Antártico vence en 2030 y es probable que se intente modificarlo con el fin de permitir la explotación de los recursos presentes en esa geografía, teniendo en cuenta la existencia de petróleo y otros recursos minerales en el continente antártico, así como también de la gran reserva de agua dulce que significa la Antártida. EE.UU., Rusia y China ya han comenzado con la intensificación de las misiones a este destino.


Regresando a la arena de lo político, también debe ser analizado la movilización de las masas populares en la defensa de las conquistas logradas y el rol de las milicias populares. A pesar del bloqueo económico y los múltiples intentos desestabilizadores que ha enfrentado el gobierno venezolano, Maduro aún continúa en el poder gracias a una sólida estructura de milicias populares que han defendido el proceso iniciado por Chávez. Y el caso boliviano refleja que la falta de ella hace casi imposible luchar contra los embates de los representantes locales de la derecha, que cuentan con el apoyo de las FF.AA. y de Estados Unidos. Además, la reciente claudicación de los parlamentarios del M.A.S. en favor del llamado a elecciones muestra que la vía institucional rápidamente puede traicionar a los sectores populares.


Muchos pseudoperiodistas y pseudoanalistas se aterran frente a la existencia de estas fuerzas populares militarizadas, porque saben que no pueden obtener su complicidad con el dinero, como sí han podido hacerlos con la institución militar. Allá ellos. Del otro lado de la mella, no podemos repetir sus argumentos, que carecen de fundamento histórico. No olvidemos que el origen de un Ejército Argentino aparece en 1806 y 1807, y éste tenía una impronta popular absoluta, pues estaba compuesto en su totalidad por patriotas de las clases medias y clases bajas que se alistaban para luchar por la patria contra el invasor inglés. En simultáneo, la oligarquía aplaudía al invasor y enviaba a sus hijas a los fuertes donde descansaban los

soldados británicos para ofrecer sus “servicios”. Una democracia social exige la recuperación de esta impronta popular.


Para cerrar, lo que nos debemos es una doble reforma. Por un lado, una doctrina de formación militar pensada desde nuestra realidad y con una visión geoestratégica situada, que contemple cuales son los desafíos a futuro de la región que, en gran medida, se centrará en la disputa por los abundantes recursos naturales que poseemos. Por el otro, se debe recuperar ese sustrato popular y patriota que nuestras Fuerzas poseían en su origen, para evitar que se replique lo que está sucediendo en Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador en nuestro país; caso contrario, estará latente durante todo el nuevo gobierno la posibilidad de desestabilización, y no hay ningún mecanismo regional sobre el cual apoyarse para defender nuestra democracia.


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