La década del 30´: Entre un cambio de modelo nacional y la aparición del Capitán Juan Perón

Por Matías Slodky

En las elecciones de 1928, con una alta participación por encima del 80%, la fórmula personalista de Hipólito Yrigoyen gana las elecciones, frente al candidato antipersonalista Leopoldo Melo (que luego forma parte del movimiento que derroca a Yrigoyen y a su vez es Ministro del Interior de Agustín P. Justo en los años 1932-1936).

Tras la victoria del presidente Yrigoyen, ocurren algunos de los hechos más significativos, los cuales dan pie no sólo al movimiento peronista, sino a la figura de Juan Domingo Perón, ya que, en estos años, ocurre su aparición en la vida pública y política, en varios acontecimientos centrales de la época. Esto se debe a los problemas sociales, políticos y económicos en el mandato de Yrigoyen, y sus malas decisiones, que se suman a su inoperancia para resolver los problemas, posiblemente por su larga edad.

Es así como, luego del estallido de la crisis mundial de 1929, con la caída de bancos y recesión de los principales mercados, de los cuales la Argentina era proveedora. Recordando que el gobierno de Yrigoyen profundizó el modelo liberal-agroexportador, se puede explicar que se empiecen a dar grandes problemas políticos y económicos, tanto en la sociedad como en la legitimidad de Yrigoyen, a lo cual se suma la conspiración de un sector del ejército.

A partir de este momento, el plan de desarrollo agroexportador caduca como modelo nacional, a la par de la vasta crisis de Gran Bretaña como articulador de la política internacional, proceso que ya comienza a darse a finales de la Primera Guerra Mundial. La clase gobernante en la década del ‘30 se ve obligada a diagramar un nuevo modelo de desarrollo, en base a la industria y la sustitución de importaciones, destacando sus innumerables contradicciones en este proceso, e incluso intentando retomar el modelo agroexportador, con el Pacto Roca-Runciman, durante la presidencia de Agustín Pedro Justo; este es un claro reflejo del intento de defensa, por parte de nuestra dirigencia, de un modelo agotado y de retornar a la subordinación económica e ideológica.

Hecho que luego deriva, durante la misma presidencia de Justo, a un nuevo tipo de desarrollo, caracterizado por la intervención estatal y el desarrollo nacional; precisamente, para el siguiente año (1934), se legisló la recaudación centralizada de los impuestos. Se crearon la Junta Reguladora de Vinos, la de Granos y la de Carne, comenzando a controlar el comercio exterior argentino. A ello se agrega la creación del Banco Central de la República Argentina - con un diseño británico, como era de esperarse - al frente del reconocido economista Raúl Prebisch, el cual sancionó leyes para regular la actividad bancaria y las inversiones. Hecho que posibilita que las primeras grandes empresas argentinas comiencen a cobrar importancia.

Ahora bien, por otra parte, aquí es donde entra la figura de Juan Domingo Perón, como bien explica el mismo Perón, en su libro “Tres Revoluciones”, y también lo hace de forma más detallada Jorge Alberto Arredondo, en su libro “Perón: su protagonismo en la revolución de 1930”, los cuales ofrecen una invaluable base para describir este proceso, y la figura de Perón, como protagonista directo, en el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930, por el movimiento revolucionario comandado por el general José Félix Uriburu, el cual era sobrino del expresidente por el PAN, José Evaristo Uriburu (1895-1898), y además muchas figuras que mencionaremos, entre las que se encuentra, además de Perón, el posterior presidente, Agustín P. Justo (1932-1938).

Tras la crisis de 1929-1930, se empieza a planificar, en julio del último año, el derrocamiento de Yrigoyen. Perón, ya con 35 años, servía en el Ejército con rango de Capitán; el autor Arredondo describe que, su amigo y compañero, el Mayor Solari (que luego ocupará un rol en el gobierno de Perón), a fines de julio, se presentó en su oficina en el Estado Mayor argentino, comentándole la idea, con intención de convocar a Perón a las filas superiores para efectuar el golpe a Yrigoyen; Perón se compromete “absolutamente” a ser partícipe del mismo. De esta forma, Solari lo lleva a la reunión donde se organizaron las primeras conspiraciones del golpe, en la casa del general Uriburu; algo a tener en cuenta, tal como expresa Arredondo (1998), es que “si bien las ideas políticas del General Uriburu surgieron claramente en sus discursos posteriores a la revolución, después de esa reunión Perón siempre mantuvo un estima alta por el general”. Pero, aún más, estima y referencia política fue la que tuvo Perón por el General Agustín P. Justo y por quien luego sería su Mayor, el General Descalzo.

Ya a fines de julio, y con Perón ya involucrado en la planificación de la revolución que ocurrirá el 6 de septiembre, se da a conocer a los líderes que conformarán el Estado Mayor Revolucionario, donde el futuro conductor del peronismo se encuentra en la primera sección de operaciones de dicho Estado Mayor. Esta organización, a las órdenes del general Uriburu, estará comandada por el Teniente Coronel Álvaro Alsogaray, con quien, según el autor Alberto Arredondo, Perón discute, debido a sus ideas opuestas respecto de cómo conducir la sección, sumado a varias decisiones que Alsogaray toma, las cuales Juan Perón discute, llegando a decir posteriormente, en sus memorias, que “Alsogaray es una persona inoperante, que solo buscaba el interés personal, sumado a sus ideas inútiles y descabelladas”. Esta mención hace referencia, precisamente, al primer plan de la revolución impulsado por Alsogaray, que pensaba en secuestrar a Yrigoyen en su casa, para que luego las tropas ocupasen las casas de gobierno. Perón se opone rotundamente a esta decisión, por considerarla poco factible y descabellada. Es interesante destacar algunas contradicciones que comienzan a existir dentro de personalidades del Ejército, ya que Alsogaray fue un rotundo opositor al gobierno de Perón, que a su vez estuvo dentro de la llamada “Revolución libertadora” de 1955.

Aquí, la figura de Perón empieza a acrecentarse, ya que, luego de varias decisiones, y por la decisión de Perón de incluir más oficiales y tenientes a la filas de la revolución para otorgarle más legitimidad, se da una nueva organización para el Estado Mayor Revolucionario, donde se incorporan nuevos oficiales a las primeras líneas, como lo son Juan Pistarini, Luis Gay, el Coronel Mayora y la figura de Pedro P. Ramírez que luego será presidente (1943-1944), tras el movimiento y golpe del ‘43, en el cual participan la mayoría de un sector de hombres que están en las filas de la revolución de 1930. Es interesante recalcar algunas internas dentro de este Estado Mayor Revolucionario, debido a, como dice Perón, Generales guiados por el interés personal y la inoperancia; es por esto que, días antes del golpe, Perón ofrece su renuncia, pero disponiéndose a prestar servicio el día del golpe. Así, en un documento, se rescata lo siguiente:

No puedo aceptar que seamos juguetes de la ineptitud y falta de conciencia de los que nos cargan con misiones como las que he recibido, que solo pueden atribuirse a irresponsables o desequilibrados […] debo hacerle presente que, aunque este separado de ustedes, el día que se produzca el movimiento cooperare en cualquier forma de su éxito y que jamás estaré contra ustedes, sea cualquiera sea la situación o la causa”.1

Sin embargo, Perón no renuncia y sigue prestando servicio, trabajando a la par con el coronel Descalzo, incorporando un gran caudal de oficiales de distintos regimientos, ya que, hasta días antes, se veía lejano que la revolución saliera victoriosa, aunque, con el rol de Perón y otros oficiales antes mencionados, se consigue un gran apoyo de sectores civiles y/o estudiantiles, que el día 6 de septiembre colman las calles de la 9 de Julio y de Balcarce 50, para el derrocamiento de Yrigoyen, aunque el mismo ya había delegado el poder en su vicepresidente un día antes, debido a la inminencia del golpe.

Esta revolución fue llevada adelante con la intención de “ordenar el país”, debido a la desvirtuación del gobierno de Yrigoyen, por lo que Uriburu pretendía derogar la ley Sáenz Peña y llamar a elecciones una vez que él considerase resueltos los problemas, rompiendo de esta forma con el primer ciclo de democracia liberal en nuestro país. Es indudable que, como se mencionó con anterioridad, existieron varios desacuerdos en el funcionamiento y formación de la revolución y su accionar, acto que se denotará una vez victoriosa la revolución, durante las posteriores presidencias de Uriburu, Justo, Ortiz y Castillo, debido principalmente al distanciamiento de una gran sector de los integrantes de esta revolución, como es el caso de Perón, que renuncia en 1931 a los altos cargos del ejército, tal como indica Arredondo en la siguiente frase:

Perón tuvo una actividad casi nula prestando servicios en la Secretaria privada del Ministro de Guerra, después fue enviado a la Escuela Superior de Guerra que no funcionaba y luego en comisión al Estado Mayor, donde le dieron como misión el reconocimiento geográfico del norte del país”.2

Esto sucedió con varios integrantes del golpe del ‘30, como Pedro Ramírez, Juan Pistarini, Bautista Molina, Solari, o incluso Edelmiro Farrell, que ocupó un lugar ese 6 de septiembre.

Estos integrantes mencionados, con el apoyo de un sector grande del ejército, de vertientes más nacionalistas, al cual se suman sectores conservadores, ofrecen oposición luego de la muerte del Presidente Roberto Ortiz (quien, de origen radical, apoyó el golpe a Yrigoyen y, a su vez, fue Ministro de Hacienda del anterior presidente, Agustín P. Justo) y el ascenso del vicepresidente Castillo, quien propone, en 1943, la candidatura del empresario Robustiano Patrón Costas, a lo cual estos sectores, incluido Perón, se encontraban rotundamente en contra, lo que implicó que, el 4 de junio de 1943, estos sectores mencionados, pero principalmente el sector del ejército que formó el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), den un golpe de Estado, que resultó en la caída de Castillo y el ascenso, por unos días, del General Rawson; pasado esos días, se produjo la consolidación del poder de Pedro Ramírez. Esto dio paso a un periodo distinto en nuestro país, en busca de realizar un cambio de modelo económico, político y social, que luego crearía, junto al movimiento obrero, los sindicatos y empresarios nacionales, al Movimiento Justicialista.

Referencias

1- Arredondo, Alberto Jorge, (1998) “Perón: su protagonismo en la revolución de 1930”. Buenos Aires, Argentina, Corregidor.

2- Ídem.

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