La Autonomía del Estado. Lucha, Organización y Poder Popular.

Por Silvano Pascuzzo. En el discurso de apertura de la decimocuarta sesión plenaria de Eurolat, Cristina presenta la cuestión central de nuestro tiempo: ¿quién gobierna el Capitalismo actual? ¿Las corporaciones? ¿Los medios? ¿El sistema financiero? ¿El Estado?. La Democracia así cómo funciona hoy, lo hace deficientemente. Un gran desafío...



Cuando en la década de 1960, el mundo académico discutía “los problemas del desarrollo”Seymour Lipset, Robert Dahl y Samuel Huntington, en los Estados Unidos; Raymond Aron y Mancur Olson en Europa; y Enzo Faletto, Enrique Cardoso y Guillermo O Donnell, en América Latina – el mundo se hallaba transitando – sin saberlo – la etapa más pujante y virtuosa del Capitalismo. Todos los pueblos y todas las naciones, se agitaban en busca de aquella promesa milenaria, que prometía “Libertad e Igualdad”; forjada por un sinnúmero de pensadores de las más variadas corrientes ideológicas. Inquietos, anhelosos, miles de seres humanos – sobre todo los jóvenes – se agitaban con espíritu crítico, intentando forzar la “rueda de la Historia”, abriendo “las puertas del Paraíso”; que parecía estar, paradojalmente cerca.


Pero aquella promesa, terminó en una enorme frustración, pulverizándose a fines de los ochenta. Dos esperanzas distintas pero simétricas, chocaron de bruces con los límites de un modelo de sociedad injusto e inequitativo. Por un lado, moría la esperanza en un “Socialismo Democrático” que había intentado ser una respuesta a los defectos estructurales del Capitalismo; por el otro, se hundían los sueños de hacer compatibles, en un clima de paz y armonía, la “Libertad” y la “Igualdad”. El Neo Conservadorismo noventista, arrasó con los presupuestos que el “Estado de Bienestar” difundiera como respuesta a la “Crisis de 1929” y a su trágico epílogo: la Segunda Guerra Mundial. La fuerza del “Dios Mercado” se impuso inapelablemente, sobre sociedades confundidas y quebradas éticamente por un cerrado Individualismo.


Como afirmáramos en un artículo anterior, el Desarrollo ocurrido en algunas zonas de la periferia, pudo concretarse, resignado los valores liberales de la “Democracia Representativa”, en beneficio de “Regímenes Autoritarios”, controlados por burocracias y partidos acostumbrados a manejar modelos decisionales verticalistas, unívocos e incluso despóticos. La “Propiedad Privada” terminó congeniando muy bien con ellos; de modo mucho más virtuoso, que los “Sistemas Pluralistas” de Occidente. Las “Revoluciones de Liberación Nacional”, fueron a la postre, vías más aptas que los complicados engranajes de las “Poliarquías” europeas y norteamericanas.


Quizás fuera Guillermo O Donnell, quien mejor vislumbrara estas tendencias, al denunciar la cooptación de lo público, por grupos privados de interés, que conformaron mecanismos diversos, para obturar y/o bloquear la participación de las masas en las grandes decisiones estratégicas; usando las elecciones como instrumentos para la “competencia entre las élites”; demasiado alejadas, por otro lado, de las aspiraciones y problemas de los votantes. Sin programas de cambio y transformación; sin Ética ni Mística; los gobernantes de turno modelaron una “Democracia Delegativa”, de baja intensidad; construyendo un “Sistema Oligárquico de Poder”.


De allí que un exceso de confianza en el Estado, como único equilibrador social, pueda ser algo peligroso y hasta anacrónico, además de inconducente. Sin una “Legitimidad Popular Activa”, teniendo como contexto unas masas anómicas, indiferentes, desmovilizadas y replegadas sobre el consumo y el interés individual, la “Representación” es imposible; derivando de todo ello, un efecto contrario: el hartazgo, el miedo al futuro y la desesperanza. Quedamos, como colectivo, como Comunidad (Koiné), al borde de la disolución, cuando no del caos. Soñar con: “la autonomía de lo público”, sin construir “Poder Popular Organizado”, es como mínimo una ingenuidad. En el nivel de la acción es dónde se construye una respuesta al dominio hegemónico del Capital sobre el conjunto de la Sociedad.


Hemos repetido ya muchas veces en éstas páginas, que el “electoralismo” es la gran enfermedad de las “Democracias Contemporáneas”. La lucha debe ser “integral”, estratégica, integrar al colectivo como protagonista, no sólo a los dirigentes. Las instituciones formales – el marco jurídico constitucional de un país – no son el terreno principal de combate contra la “Desigualdad”, sino la Comunidad misma. El Poder se construye, peldaño a peldaño, en urbes y pueblos, universidades e iglesias, calles y plazas, fábricas y comercios; en los más diversos escenarios y los más variados terrenos. No es “unidimensional”, sino “polifacético”; como bien lo destacaran intelectuales del calibre de Jean Jacques Rousseau, Karl Marx y Max Weber; así como líderes de la significación histórica de Charles De Gaulle, Franklin Delano Roosevelt, Vladimir Ilich Ulianov·(Lenin) o Mao Tsé Dong; además de por supuesto, el creador del Justicialismo Argentino, Teniente General Juan Domingo Perón.


Tomar decisiones, claro está, es la tarea principal de todo hombre o mujer que se dedican a la Política; pero también lo es articular voluntades en post de transformaciones de fondo. Los maquillajes no se traducen en cambios del “equilibrio de Poder social”; sino por el contrario, en vehículos para el triunfo de la desazón y el desamparo de las grandes mayorías. Se necesitan actos radicalmente opuestos al individualismo, actos de compromiso y militancia trascendentes; esto es, que vayan más allá de lo coyuntural, y se proyecten al futuro estratégicamente. El “Consenso”; tal y cómo lo entiende el enfoque gerencial culposo, del progresismo social demócrata liberal de Occidente; es la entronización de la impotencia de lo público, la confesión de que se rehúye el conflicto, en aras de una quimérica y mentirosa conciliación de intereses, objetiva y subjetivamente irreconciliables. Cómo el Padre Carlos Múgica dijera una vez: “Sin Lucha no hay Justicia, sin Coraje no hay Lucha, y sin Lucha, sólo se arriba a un resultado: el triunfo de los malvados”.



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