Jacob Tsur y el rol de la comunidad en la conformación del Estado de Israel

Por Matías Slodky

La figura de Jacob Tsur (1906-1991) representa, en el caso argentino, cierto grado de relevancia, pues fue el primer embajador de Israel en nuestro país (1949-1953), pero, a su vez, auspicia dos ejes interesantes: el primero, fue embajador durante el gobierno de Juan Domingo Perón, con quien entabló una cercanía sumamente interesante, como también una gran relación con el embajador argentino en Israel y militante peronista, Pablo Manguel; el segundo eje interesante, es su pensamiento y escritos sobre el proceso histórico que llevó a la consolidación del Estado de Israel en 1948, me refiero, precisamente, al sionismo y la idea de comunidad-nación, hecha realidad en la organización social, denominada kibbutz.


Estas ideas Tsur las ha expresado en una de sus varias obras, como lo es ¿Qué es el sionismo? - el cual es el eje de esta breve nota -. Quizás, lo primero a destacar es el mal uso de la palabra sionismo, referida para criticar al accionar del Estado de Israel, en cuanto a su política exterior, aclarando de antemano, mis diferencias insalvables con la gestión de Israel de las últimas décadas, encabezado por el Likud, un gobierno neoliberal y reaccionario que ha destruido todo lo que se expondrá en esta nota, como es el concepto de kibbutz y su idea de comunidad, la trascendencia de liberación nacional y el mismo significado de sionismo.


Por lo tanto, el uso del término sionismo como algo despectivo o idea de colonialismo, no puede estar más lejano de su origen. El movimiento sionista corresponde a un enclave histórico muy peculiar, pues el sionismo fue, desde su concepción, un movimiento de masas judías desposeídas, pues arranca del principio de igualdad proclamado por la Revolución Francesa que, a partir de los Derechos del Hombre, consagra también la igualdad de los pueblos, y conduce, desde el despertar de las nacionalidades en el siglo XIX, a la liberación de todas las naciones, grandes o pequeñas. Su florecimiento fue determinado por la dura realidad política de la Europa del siglo XIX y sus raíces surgen de un pasado remoto propio de la religión judía, la razón, la característica de la religión judía y su vinculación histórica a la idea de nacionalidad, es decir, una mezcla de religión y nación muy preponderante, plasmada en la concepción del pueblo hebreo, y la llamada “tierra prometida” como nación del judaísmo.


Por lo tanto, como consecuencia del iluminismo judío en Europa, debido a las condiciones sociales y políticas que vivían los judíos durante el siglo XV, recordando el concepto nefasto de los ghettos, como barrios donde estaban obligados a vivir los judíos, del cual sólo podían salir para ir a trabajar, aunque este ghetto sirvió, al mismo tiempo, de marco para que los judíos conservaran las formas de autonomía y de vida que tan caras les eran. Lejos de sus vecinos, se preservó su sistema de educación con escuelas donde se enseñará el hebreo. Sus rabinos les enseñaban la ley, sus tribunales dictaban sentencias. Por la fuerza de las circunstancias, el ghetto se transformó en una especie de Estado dentro del Estado, impuesto por fuerzas externas, pero mantenido desde el interior. Quizás un hecho que ayuda a comprender la idea de comunidad reivindicada en el sionismo.


En este contexto, se comienza a afianzar, para fines del siglo XIX, cuando aún prevalecían algunos ghettos, un nacionalismo judío a través de la auto-reivindicación como Nación. Por lo tanto, el sionismo fue articulando una lógica propia de desarrollo moderno de un pueblo que reclamaba, como condición, reunirse con su propio pasado.


Ahora bien, lo que nos lleva a la conformación de los kibbutz y su rol central en la conformación del Estado de Israel es, sin dudas, la estructura económica y social de los migrantes judíos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a la zona de Palestina, la cual perteneció, en principio, al imperio Otomano y, tras finalizar la guerra, al “imperio” británico. Por ende, es necesario conocer que los judíos poseían una estructura económica atrasada, con una población inmigrante urbana, sin grandes riquezas, pero acostumbrada a las comodidades de Europa, y con un fuerte sentido de pertenencia hacia dentro y de desconfianza por la alteridad; aquí es dónde surge la posibilidad de fundar una organización social y económica comunitaria, como lo es el kibbutz.


Los kibbutz se formaron como una unidad productiva comunal, donde cada momento de la vida es compartido. Inicialmente situados en áreas rurales, con tierras compradas por fondos específicos de asociaciones sionistas internacionales y entregadas a los pobladores, los kibbutzim se erigieron como una de las tantas estrategias de colonización agrícola del movimiento sionista. Su crecimiento fue exponencial, sobre todo durante la década de 1930. Se puede aproximar la idea de kibbutz a la utopía anarquista de Bakunin, principalmente debido a la autonomía de los pobladores en materia de decisiones de producción, hasta del mismo gobierno central - primero la comunidad y luego el Estado -.


Dentro del kibbutz, los medios de producción son propiedad de todos las partes en común, el trabajo es prestado por los residentes de acuerdo con su porte, y el consumo de los rendimientos del trabajo es de arreglo a las necesidades, o igualitario. En esta lógica, se muestra un rechazo a la propiedad individual, una valorización de la solidaridad e identidad grupales y una subordinación de intereses privados en beneficio del bienestar colectivo, más siempre en línea con el proyecto sionista, pero restringiendo la participación a judíos, algo que encontró grandes conflictos con los pueblos árabes de la zona.


El auge y la contundencia de ventajas prácticas de los kibbutzim respecto a otras formas de organización, ayudaron a reforzar el dominio del sionismo pionero, que encajaba con la ideología del desarrollo del movimiento de los kibbutzim.


Interiorizándonos respecto de la consolidación del Estado de Israel, la importancia de los kibbutzim fue central en el proceso de atracción de inmigrantes, ya que en los años ‘20 y ‘30 se observó una atracción para los jóvenes que reportaba una fuerza adicional a la sola creación del nuevo Estado: el propio nombre kibbutz experimentó un cierto romanticismo no sólo nacional, sino también revolucionario, debido a la procedencia de varios inmigrantes rusos atravesados por la idea de “hacer una revolución” A su vez, el camino de catástrofe de las comunidades judías en Europa en manos del nazismo, impulsó un fuerte proceso de inmigración, donde los kibbutzim permitieron absorber rápidamente gran cantidad de mano de obra y funcionar como primer hogar, de tipo transitorio, en la preparación de los inmigrantes para su nueva vida.


En cuanto al proceso independentista del Estado de Israel, concretamente durante la Guerra de Independencia en 1948, los kibbutzim sirvieron como fuente de reclutamiento y suministro de bases militares temporales, manifestándose como un instrumento defensivo muy poderoso ante el avance de los ejércitos árabes; el concepto instaurado en estas comunidades en cuanto a la defensa del territorio colectivo, es expresado, incluso, en los símbolos de las agrupaciones armadas de los kibbutzim - sus emblemas poseen una espada que representa la lucha y defensa y también posee hojas de olivo, en referencia a la tierra de Israel - como lo han sido Haganá o Palmaj.


Por último, es claro que la idea de colectividad, enunciada en el movimiento sionista y llevada a la práctica en los kibbutz, han tenido un papel central tanto en la institucionalización y organización económica y social del naciente Estado, como en sus décadas subsiguientes. Los kibbutzim han servido como corazón simbólico del proyecto fundador sionista y, a nivel real, en la elaboración técnica, la manufactura económica y la organización militar, durante los primeros años del Estado de Israel, mediante el cual Israel se dispondrá a encabezar un proceso de desarrollo económico acelerado.


A partir de aquí, la economía israelí se construyó sobre la base de una altísima participación tanto del Estado como de organizaciones ajenas a la lógica de maximización de ganancias. Solo verificando la magnitud que poseía el Estado de bienestar israelí en esos años, en conjunto con el gran e importante partido laborista israelí, fundado y dirigido por el primer ministro de Israel David Ben-Gurión, se puede dar cuenta de lo enunciado.


Pero, como se ha mencionado, el surgimiento del auge neoliberal de los años ‘80 comenzó a destruir la idea de comunidad, donde el kibbutz perdió su lugar en la construcción simbólica del presente, mientras se lo intentó posicionar en la simbología del pasado, cambiando a su paso la instrumentación del movimiento sionista, como movimiento colectivo y de liberación. Aunque el detalle específico de este suceso quedará pendiente para un futuro comentario.

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