Informe de Política Internacional N°29

Por Gonzalo Cueto

La segunda ola de Covid-19 está azotando a Europa, en donde los cierres de ciudades y toques de queda son un hecho y hacen que las protestas sociales se multipliquen por amplias razones; en algunos casos, siendo cada vez más violentas, como, por ejemplo, en Nápoles y Roma. El mundo desea volver a la normalidad, pero por ahora solo es un deseo, y están apareciendo grupos en las sociedades reconocidos como “QAnon”, que ven al virus, las vacunas, el confinamiento, el recorte de libertades y a los gobiernos como los enemigos. El alcance de estos es cada vez más notable en Europa, especialmente en Inglaterra, Francia, Alemania y algunos países de Europa del Este.

Las consecuencias de esta pandemia son muy grandes, sobre todo en lo económico, ya que todos los países han sufrido caídas de sus Producto Bruto Interno grandes, salvo el caso de China, que, a pesar de esto, muestra un crecimiento pero en valores muy bajos. En cuanto a América Latina y el Caribe, el FMI prevé una baja significativa del PBI, en promedio del 8,1%, y un aumento considerable de la pobreza, lo que hace inevitable la aceleración de las desigualdades. Si bien, para el próximo año, también pronostica un rebote promedio de 3.6% en el PBI, este indicador aun no retornará a los valores previos a la pandemia hasta el 2023, y el ingreso real per cápita se recuperaría recién en el año 2025, mucho más tarde de lo que se supone hará en otras regiones.

A tan solo dos meses de finalizar el año, y con un reseteo económico planteado para la cumbre de Davos por el Foro Económico Mundial, el FMI convoca a un debate sobre las bases económicas mundiales de los últimos 75 años y llama a conformar un nuevo acuerdo de Bretton Woods. Esto, que pareciera tomar de sorpresa a algunos países, para otro es la confirmación de sus análisis previos y la aprobación de sus incrementos en las reservas en oro y el desprendimiento de títulos en dólares. Recordemos que muchísimos Bancos Centrales han incrementado sus reservas en oro y este ha sido, en el último año, el activo que mas ha crecido, pero esto no implica que este nuevo acuerdo sea igual al anterior; hoy, tenemos un actor económico como China y herramientas como las criptomonedas, así que los gobiernos deberán reacomodarse a las nuevas realidades.

Esto no hace más que seguir ampliando la pelea entre Estados Unidos y China, e inclusive muchos expertos han comenzado a hablar del dólar digital. En este sentido, si hay alguien que sabe sobre conflictos, es el exsecretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, quien advirtió que Washington y Pekín deben establecer reglas de juego en su, cada vez más tensa, competencia o, de lo contrario, el mundo se encontrará en una "situación similar a la Primera Guerra Mundial", en declaraciones a la agencia Bloomberg. En este clima de tensiones, Xi Jinping llama a su ejército a estar preparado, y EE.UU. está sumergido en las elecciones del 3 de noviembre, en donde Trump pareciera haber eliminado la brecha y estar encaminado a una posible reelección.

La política exterior estadunidense tenía como objetivo mostrar la pacificación de Medio Oriente y, dentro de los últimos logros de la administración Trump, se encuentra el hecho de que Sudán decidió confirmar que normalizará sus relaciones con Israel, convirtiéndose en el sexto Estado de mayoría musulmán en firmar la paz con Israel. Por otro lado, este último atraviesa un rechazo de los ciudadanos a la gestión de Netanyahu por la corrupción y el mal manejo de la pandemia.

En cuanto a América Latina, Bolivia y Chile parecen recuperar la “normalidad” a un año de los conflictos sociales que se desarrollaron de manera violenta en ambos países. Bolivia volvió a las urnas y reconfirmó el camino iniciado por Evo Morales, y el pueblo chileno, el domingo pasado, manifestó su voluntad de modificar la Constitución Nacional y dió el primer paso para lograr una sociedad más equitativa.

En nuestro país, el dólar es el tema recurrente. El aumento del blue generó mayor cantidad de alertas y problemas, a lo que se le suma la caída de los bonos en los últimos días, con un riesgo país en valores de un país en riesgo de default. El otro gran problema son los salarios, terriblemente depreciados en comparación a la inflación, y la mayoría sin paritarias desde el año pasado, y los precios de los productos de la canasta básica, que el gobierno cree controlar porque aún mantiene el valor del dólar oficial. Por ahora, parece que la devaluación no es una opción viable, ya que se traduciría directamente en alza de precios y mayores complicaciones económicas y sociales.

La presión devaluatoria es alta, aún es necesario renegociar la deuda contraída por la Administración Macri con el FMI y muchos empresarios se resguardan al no vender su stock, porque no saben cuál es el valor real de la reposición del mismo, por lo que ya se observa desabastecimiento de algunos productos. Los exportadores no quieren vender y los importadores están desesperados por pagar sus compras con el dólar más barato posible. Por otro lado, el campo está a la espera de saber cómo seguirá el dólar y el clima, dado que recién estas últimas semanas les ha llegado el alivio de las lluvias y ahora comienzan a evaluar y analizar los recursos para la próxima campaña.

Con todo este contexto, la economía nacional muestra sus peores valores, con un 50% de la población por debajo de la línea de la pobreza, ya que se estimó que se necesitan $47.216 pesos para no ser pobre, por lo cual la canasta básica acumula un aumento del 21,1% en este año. La desocupación está trepando a un valor mayor del 13,1% y, hasta ahora, la única forma de paliar esto que encontró el gobierno es con emisión y ayudas sociales.

La gran necesidad del país es generar y diversificar la economía, con variables productivas que nos sirvan para generar mayores ingresos y menos dependencias. La industria pesquera podría ser un gran ejemplo para esto, acompañado de la expansión naval y la Marina Mercante, de modo de generar ingresos de calidad.

Esta industria también permitirá fortalecer la parte estratégica y aumentar la presencia argentina dentro de nuestro espacio marítimo. En este sentido, Chile aprobó, semanas atrás, el Estatuto Antártico, como consecuencia de que el Senado argentino incorporara al derecho interno una superficie total de 1.783.238 kilómetros cuadrados, que contempla una zona situada al sur de Cabo de Hornos. Ese territorio comprende un espacio de 9.700 kilómetros cuadrados que están dentro de la proyección de las 200 millas de las islas chilenas Diego Ramírez y, sobre todo, para entender que nuestro vecino también rechaza las áreas en disputa de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

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