Informe de Política Internacional N°10

Por Gonzalo Cueto

En la cumbre de DAVOS, Trump anunció un posible acuerdo con la Unión Europea, y los principales planteos de la economía mundial se vieron paralizados por el nuevo “Coronavirus” que está afectando a China (según las cifras no oficiales los afectados y muertos son muchos más que los datos otorgados por las autoridades); hay ocho ciudades cerradas y controladas por el gobierno, lo que implica un total de 11 millones de personas sin poder moverse de sus lugares de residencias y, a medida que se propaga el virus, el mundo se encuentra en una mayor alerta.


El año pasado, la fiebre porcina provocó un aumento de los precios por el incremento de la demanda de los cerdos y, ahora, ésta nueva enfermedad, que se transmite rápidamente, puede afectar de forma directa también a la economía mundial; sumado a esto, el gobierno de China sufrió el fracaso de las elecciones en Taiwán, no pudiendo instalar un sistema más cercano como el de Hong Kong (que también ahora está con muchísimas protestas y con cierta inestabilidad política), y el acuerdo medio endeble con EEUU, constituyen señales para el mercado internacional de las dificultades financieras de la caída en el comercio. Sin embargo, todos siguen esperando a la tracción de China para la economía mundial.


Las crisis que se vieran en Perú, Ecuador y, sobre todo, en Chile el año pasado, han hecho que el FMI vea favorable el aumento en el gasto social y realice un planteo de “quienes más tienen, más paguen”; justamente, este último punto entra en sintonía con lo planteado por varios multimillonarios y es el propio Bill Gates quien plantea: “que se deben eliminar lagunas que permiten pagar menos impuestos, elevar los impuestos a la propiedad inmobiliaria y elevar las tasas por los rendimientos de capital, para que se iguale a los rendimientos del trabajo”. Esta es la primera señal de que el capitalismo como tal acaba de asumir su fragilidad, frente a un mundo donde el 50% de la producción mundial se divide en el 95% de la humanidad y el 50% restante está concentrado en tan sólo un 5%.


Hoy, la desigualdad social es el epicentro del debate económico, y el miedo a que las revueltas se expandan por el resto del mundo está latente, afectando a los sectores más ricos. Para éstos, esta situación genera inestabilidad, y están preocupados por la posibilidad de que los sectores más acomodados deban "disminuir sus privilegios y compartir con los demás". En este sentido, el geógrafo Christophe Guilluy habla ya del fin de la clase media occidental, dado que la sociedad hoy está divida en dos mundos separados por medio de una profunda grieta (la cual está generada por el abandono de los valores que sostenían al capitalismo y el modelo de vida de los sectores medios).


Estas posiciones enfrentadas son producto de la caída de los sectores medios en sus condiciones de vida, y de las distintas reformas liberales que fueron afectando a los distintos países (el último ejemplo es Francia con la modificación de la ley de Pensiones de Macron); las cuales provocaron una concentración de ricos y una concentración de pobres, en donde el bien común ya no es tan común, donde los sectores medios, poco a poco, están siendo cada vez menos, engrosando así los sectores pobres. Por más que se esfuercen, estas viejas clases medias no logran acceder a los beneficios de un sector que, cada día, es más rico. Esto es lo que se puso de manifiesto en América, es el emergente de muchos conflictos europeos y es lo que está generando temor a esa clase media, que trata de resistir a su caída y de concentrarse en el sostenimiento de valores pertenecientes a una clase de la que no forma parte.


En este sentido el Vaticano ya viene trabajando, y el próximo 5 de febrero se desarrollará el encuentro "Nuevas formas de Fraternidad Solidaria", organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y del que participarán la titular del FMI y parte del gobierno Argentino. En concordancia con una salida consensuada a la situación de la deuda Argentina, este evento será seguido con gran atención por el mundo de las finanzas, y se espera que después de esto se pueda trabajar en una salida ordenada a esta problemática.


Argentina tiene hasta el 31 de marzo para renegociar la deuda con el FMI y evitar el Default; ésta es la razón principal por la cual la política exterior es de suma importancia ya que, hoy, los problemas de Venezuela y de Bolivia son dos temas complicados que exigen definiciones políticas y que influyen en el apoyo de EEUU a la renegociación. El viaje a Israel y la gira presidencial a Roma, Alemania, España y Francia siguen este camino de búsqueda de una salida.


Particularmente, el viaje a Israel, donde el presidente Fernández participó del "Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo", que se realizó en el Museo de Yad Vashem en la ciudad de Jerusalén, tenía una implicancia estratégica, dado que el Presidente trató de encontrarse con el primer mandatario de Rusia y el de Francia, a los cuales quiere visitar, de forma oficial, en pos de buscar su respaldo para las políticas que lleve adelante. También tiene un principio de acercamiento a los EEUU, por medio del acercamiento a Netanyahu, su principal aliado. Esto, si bien genera repercusión en un alineamiento económico, también puede traer consecuencias indeseables. Pareciera existir una necesidad por el acercamiento al eje político-económico de Londres-Washington-Tel Aviv, alejándonos del bloque Ruso-Chino. Y no dio señales claras sobre la postura argentina en el tema Palestina.


Las relaciones internacionales que tenemos con Brasil y Uruguay se están complejizando, ya que ambos países están jugando fuertemente con intereses chinos; tanto Uruguay, con el desarrollo de su puerto y su acuerdo de libre comercio, con la expectativa de transformarse en el Hub de la Región para los negocios Chinos; como Brasil, con el desarrollo de una planta de Huawei en su territorio, el avance de un acuerdo de libre comercio con China de forma directa, fuera del Mercosur, y trabajando fuertemente con ellos en el BRICS. Estas políticas nos colocan en una situación de desventaja sobre nuestros vecinos y, sobre todo, nos deja atados a un Mercosur que pareciera ser destruido por sus propios participantes. Sin embargo, nuestro principal socio comercial sigue siendo Brasil y, por suerte, el FMI publicó, en su nuevo informe de Perspectivas de la Economía Mundial 2020, que Brasil, gracias a las reformas pro mercado, muestra señales claras de crecimiento económico.


En este sentido, el FMI nos colocó, junto con Irán y Turquía, en el grupo de “economías que soportan tensiones” y que pueden influir en un deterioro en el proceso de “estabilización” de la actividad mundial, cuyas perspectivas “aún son débiles y no hay una señal clara que apunte a una inflexión”. Por lo tanto, el acuerdo del FMI tiene que tener presente que no se puede pagar en los próximos años, por lo tanto necesitamos que el acuerdo llegue con una quita de capital y de intereses. Es necesario empezar a pensar en cómo crecer y no como pagar, pues este año se prevén también valores negativos de crecimiento para la actividad económica y, como consecuencia, seguiremos con más personas cayendo a la pobreza. Hasta ahora, el sistema político-económico no dio esas señales a los mercados. Por eso, la caída de los bonos y la suba del Riesgo país a valores similares a octubre del año pasado, junto con la situación de la Provincia de Buenos Aires y su posible Default, complican un poco más la negociación.


Recordemos que el 2019 cerró con un déficit fiscal del 3,9%, y los intereses de la deuda subieron un 10,7%. La economía sigue parada y necesitamos un modelo de producción para salir a vender al mundo, generando así las condiciones para pagar la deuda exorbitante que nos dejó el gobierno anterior. Tenemos aún el 40% de la capacidad ociosa y, para poner a la Argentina de pie, necesitamos que el proyecto esté dirigido a esos sectores, que son quienes generan mayor producción y empleo. Se espera que la inflación de enero cierre en un 3% y que en febrero caiga unos puntos. Pero, en el segundo mes del año, tenemos la suba de combustible y la compra de los productos escolares que, con los aumentos que se prevén, impulsarán la inflación para arriba, pues no nos olvidemos que hay productos que siguen su aumento, al estar por fuera del Programa de Precios Cuidados.

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