Individuo, Estado y Sociedad.

Por Jorge Osvaldo Furman


En el siglo pasado, hemos asistido al auge de dos grandes corrientes ideológicas: el Liberalismo y el Marxismo, las cuales alcanzaron una dimensión y una escala universales. Ambas constituyeron los pilares de lo que tradicionalmente conocemos como el “pensamiento modernista” o “Filosofía Política Moderna”. Una de sus características comunes, es la de ser afirmadoras – cada una con sus propias perspectivas – de una cosmovisión integradora de los hombres de los pueblos. Tradición que, como bien lo señalara Friedrich Nietzsche, se remonta a los principios religiosos judeo cristianos y a la difusión de una cultura greco latina u occidental, por los más remotos rincones del planeta.


1 El Judaísmo y el Cristianismo, tienen mucho que ver con la conformación de una idea “integracionista” y “evolucionista” – diríamos hoy, “progresista” – del género humano; pues ambos han sido concebidos para “iluminar” a todos los hombres, por encima de sus diferencias de raza, cultura o nacionalidad. Desde el Génesis en adelante, la moral judeo cristiana no distingue entre distintos pueblos, y concibe a los seres humanos – aún los no creyentes – como a hijos de un mismo Dios. De forma parecida ocurre con la obra de los pensadores griegos y romanos, preocupados por la construcción de una “Filosofía Universal”, que llevara a la articulación e interacción de los hombres, por encima de fronteras circunstanciales. Allí están las obras de Platón y de Aristóteles, de Séneca y de Marco Aurelio, plasmadas en los hechos por los Imperio mundial de Alejandro y por la Roma republicana e imperial.


Sin embargo, no habría que menospreciar la influencia de las ideologías nacionalistas y particularmente de sus versiones “totalitarias”, el Fascismo y el Nacional Socialismo. Por oposición al “universalismo” liberal y marxista, éstas son enemigas acérrimas de la integración planetaria, a la que ven como una amenaza a los valores y costumbres nacionales, y a la identidad racial y cultural de sus pueblos. Tanto Benito Mussolini como Adolf Hitler, y los teóricos de sus respectivos movimientos; rechazaron la tradición judeo cristiana – por motivos, es cierto, muy distintos – por considerarla la matriz ideológica de un mundo cosmopolita, indiferenciado y materialista, donde la identidad nacional ha quedado pulverizada por el “internacionalismo” liberal o marxista.


En cuanto al Liberalismo, habría que resaltar, que más que una ideología rígidamente formalizada, se nos presenta, en la obra de sus pensadores clásicos como un método. Y para entender correctamente su significado, es conveniente detenerse un instante, a analizar los trabajos de dos de ellos, John Locke y Adam Smith, el primero para los aspectos filosóficos y políticos, el segundo, para los económicos y sociales.

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