Saquemos a Macri, lo demás... ¿no importa nada?

Por Matías Slodky

Los últimos -casi- 4 años el país y, por sobre todo, la gran mayoría de argentinos hemos sido testigos de la destrucción económica y social que ha encabezado el gobierno de Mauricio Macri. Este gobierno que, durante la campaña presidencial de 2015, se hacía poseedor de la capacidad de “cambiar” el rumbo de la Argentina, prometiendo con increíbles grados -vistos hoy y a mi juicio- de cinismo, cipayismo y caradurez. Slogans fraudulentos, pero suculentos, para una parte de la población argentina. Los mismos postulaban “pobreza cero”, “más trabajo en blanco”, “aumento de jubilaciones”, “aumento de salarios”, “quita del impuesto a las ganancias”, entre cientos de promesas que ocuparían varios renglones y que, en esta ocasión, no viene al caso enumerar.


Sin embargo, millones de argentinos siempre supieron cuál iba a ser el rol de Macri, su historia familiar, sus innumerables hechos de corrupción, espionaje, contrabandismo, gestión política en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, a su vez, conocían a los que integran e integraron “el mejor equipo de los últimos 50 años”. En este equipo, se puede encontrar un amplio menú que va desde empresarios y gerentes de empresas extranjeras, antiguas familias terratenientes, administradores de bancos privados y de fondos de inversión, antiguos dirigentes políticos de la Unión Cívica Radical, ex ministros de gobiernos que han llevado al abismo a nuestro país, e incluso representantes de familias vinculadas a la última dictadura cívico-eclesiástica-militar ; con un claro valor agregado, que es la complicidad y sustento de los grandes grupos comunicacionales, hegemónicos, entre los cuales se destaca el Grupo Clarín.


En consecuencia, lo que razonablemente iba suceder en esta “nueva” -vieja- Argentina a partir de fines del 2015, dirigida y administrada por sus dueños y empresarios que, históricamente, han vivido a costa del Estado haciendo negocios con este, fue lo que sucede cada vez que toman el control del Estado, dicho de manera vulgar, “chocan la calesita” ; implementando sus típicas y sumamente peligrosas políticas, que son decididas por unos pocos y, a su vez, benefician a una escasa parte de la población. Es decir, un peligroso cóctel ejecutado por esta reconfiguración de la derecha argentina, atrás de su nuevo - deficitario- líder político Mauricio Macri, el cual, sin dudas, debemos reconocer que, a través de un poderoso -aunque mentiroso- discurso, un gran blindaje mediático, una gran estrategia de campaña, conducida detrás, por su gran gurú Durán Barba – quien en su libro, “El arte de ganar” 1 , explica cómo utilizar el odio y enfocarlo hacia una persona o partido como estrategia de campaña y enclave discursivo, con el fin de sumar adeptos polarizando el electorado. No es casual que el período durante el cual más veces se mencionó la palabra “grieta” fue durante ese lapso temporal- el cual logró algo verdaderamente

inédito, hacer de nuestra histórica derecha oligárquica, un partido popular que, por primera vez, se organizó democráticamente atrás de una sola boleta, y con un enfoque claro, que fue el “anti”, algo que a la larga le ha jugado en contra.


En esta lógica, el macrismo surgió con una gran estafa electoral y marketinera, la cual produjo que, personas que no han de ser estrictamente de derecha ni, quizás, antiperonistas, depositaran su voto en el frente “Cambiemos”; en términos académicos, la nueva alianza conservadora se apoyó en el “electorado fluctuante” que, en las últimas décadas, no solo ha incrementado, sino que tiene la “varita” para decidir el resultado final de las elecciones.


Aunque, claramente, la organización de la vieja derecha, oligárquica y liberal, sacó a relucir nuevamente – y jugando con el mismo- al histórico antiperonismo argentino, que se jacta de culpar al Justicialismo de todos los males de nuestro país, con la famosa y ahistórica consigna “80 años de peronismo y decadencia”.


Ahora bien, esta nueva derecha – vuelvo a repetir que en su composición no hay nada novedoso- consiguió aplicar medidas del “manual neoliberal” o, como lo destaca Alfredo Eric Calcagno y Alfredo Fernando Calcagno, aplicaron medidas y versos del “universo neoliberal” 2 , consolidando así un tercer período de neoliberalismo en la Argentina. Recordemos que el primer período se desarrolló durante los terroríficos años de la dictadura asesina del ‘76, encabezado por el fatal ministro José Alfredo Martínez de Hoz; y el segundo comenzó con el gobierno de Carlos Saúl Menem -aunque, durante la etapa del gobierno de Raúl Alfonsín, específicamente durante la gestión como ministro de economía de Juan Vital Sourrouille, a partir de 1985, su política económica aplicó fuertes medidas de carácter neoliberal, que terminaron en la hiperinflación del ‘89- y fue continuado por su sucesor, Fernando de la Rúa, quien prolongó el plan de “Convertibilidad” que culminó en la peor crisis económica-social del país en 2001.


Por consiguiente, en este tercer período de neoliberalismo, el macrismo efectuó, apenas asumido el poder estatal, políticas hostiles, como la desregulación del tipo de cambio, ocasionando una gran devaluación en conjunto con un aumento de la inflación. También decidió la desregulación en la cuenta de capitales, permitiendo la fuga y el ingreso de los tan conocidos

“capitales golondrinas”, conjuntamente con un aumento muy elevado de las tasas de interés para la compra de títulos de deuda pública -lebacs, leliqs-. Y por último, la decisión más grave de todas, fue la salida, en los primeros dos años de gestión, a tomar deuda externa en dólares, de forma indiscriminada y sin ningún motivo claro, lo que terminó por acrecentar el déficit fiscal debido al pago de los interés de deuda y, a su vez, terminó en la fuga de los miles de millones de dólares que ingresaron por esa toma de deuda, algo que la clase dominante en Argentina hizo sistemáticamente desde el ‘76 para beneficiarse y agigantar sus fortunas y poder. La contracara es que somos los millones de argentinos los que luego debemos cargar con esa pesada deuda, que imposibilita -e imposibilitó- el crecimiento de nuestro país, por la dependencia a usureros internacionales 3 .


En los días que hoy transcurren -y yendo al grano de lo que se intenta plantear- podemos afirmar, sin ningún temor a equivocarnos, que el gobierno de Mauricio Macri se encuentra acabado. Este gobierno ha fracasado rotundamente y ha agigantado los problemas de la Argentina, sin contar los cientos de nuevos problemas que ha generado. La pobreza cerrará, a fin de año, a niveles cercanos al 40%, el desempleo llegará a más de 12%, la inflación tocará niveles cercanos al 60% anual y la deuda externa alcanzará el 100% de nuestro PBI.


Pero la razón por la cual fracasó este gobierno oligárquico y liberal no es tan sólo por los resultados porque, a fin de cuenta, este equipo económico, del mismo modo que el plan económico de la dictadura del ‘76, al alcanzar el poder del Estado ha buscado este fin que hoy presenciamos, es decir, el de endeudar, destruir la matriz productiva argentina, fugar capitales, devaluar la moneda, hacer negocios particulares con el Estado y con sus “amigos” del poder, instaurarse geopolíticamente en una subordinación hacia los países hegemónicos, y, por sobre todo, una subordinación financiera al establishment internacional. El gobierno de Macri, ha fracasado porque teorizó que, a pesar de hacer todo lo anteriormente descrito, esto daría un resultado fructífero que le permitiría seguir en el poder y, además, Macri creyó, banalmente, que

realmente sería capaz de ganar la tan mencionada “batalla cultural” argentina e instaurar un modelo de país, financiero, agroexportador y para unos pocos argentinos; un -vil- retorno a la sociedad argentina liberal/conservadora, oligárquica y agroexportadora, a la que llamaban “de notables”, predecesora al peronismo. En pocas palabras, en el imaginario de Macri, su intención era desterrar al peronismo de la vida social y política de nuestro país.


El gran teórico e intelectual italiano Antonio Gramsci fue quien acuñó el concepto de “correlación de fuerza”, el cual es perfectamente aplicable al modelo que intenta instaurar nuestra derecha, de forma sistemática, a través del tiempo. Gramsci postula que: “Para llegar a un análisis justo de las fuerzas que operan en la historia de un determinado período y determinar su correlación se debe plantear exactamente y resolver el problema de las relaciones entre la estructura y la superestructura. Debemos movernos en el ámbito de dos principios […] que ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida si antes no se han desarrollado todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones. […] En el estudio de una estructura hay que distinguir los movimientos orgánicos de los que pueden llamarse “de coyuntura” (y que se presentan ocasionales, inmediatos, casi accidentales). [...] Los fenómenos orgánicos dan lugar a la crítica histórico- social, referida a las grandes agrupaciones, van más allá de las personas inmediatamente responsables. Al estudiar un período histórico se ve la gran importancia de esta distinción. Se verifica una crisis, que a veces se prolonga durante años. Esta duración excepcional significa que en la estructura se han revelado contradicciones incurables y que las fuerzas políticas que operan positivamente para la conservación y la defensa de la estructura misma se esfuerzan, sin embargo, por curar, dentro de ciertos límites, y por superar.” 4


Lo citado demuestra que, en principio, lo denominado por el intelectual italiano como “fuerza social hegemónica” y la posterior formación de “bloque histórico”, posee un determinado tiempo de vida histórico, el cual desarrolla, previamente, todas sus etapas o formas. En el caso de Argentina, podemos vincularlo con el modelo agroexportador, el cual ha demostrado todas sus formas de vida en un tipo de sociedad gobernada por pocos,en un país con pocos habitantes y, en un tiempo histórico de dependencia al “Imperio Británico”. Esta sociedad agroexportadora encontró su madurez y decadencia en conjunto con la caída de Inglaterra como imperio después de la Primera Guerra Mundial, acompañada de la imposibilidad, por parte de este modelo económico agroexportador, de cobijar a la gran ola inmigratoria que llegaba a nuestro país, a lo cual también se le agrega la migración de habitantes de zonas rurales a los grandes centros urbanos.


Llevándolo a la teorización de Gramsci, es esta la razón que produce dentro de la “estructura” -en este caso el modelo agroexportador- una crisis y decadencia irreparable. Cada vez que se busca implementar “este movimiento de coyuntura” en la Argentina, termina con el mismo resultado, porque la derecha argentina busca constantemente retornar a esa sociedad predecesora al peronismo, un tipo de sociedad elitista que ya ha alcanzado sus límites, que se

encuentra totalmente agotada, y que es imposible de recuperar. Por lo tanto, es recurrente que “choquen la calesita”; porque esta clase oligárquica recurre siempre al mismo manual económico y a los mismos discursos políticos, que finalizan en crisis sociales y financieras, con el ansiado objetivo – como ya hemos mencionado- de recuperar aquella “estructura histórica”.


En vistas a la pregunta del título es claro, a mi juicio, que, en los tiempos que transcurren, sacar a Macri no alcanza, aunque sin dudas es el primer paso. El “Frente de Todos”, consolidando la unidad del peronismo, ha puesto esta consigna durante su campaña pero, a la luz de los hechos, esta debe ser acompañada por una -y definitiva- reforma estructural en la Argentina, ya que si esto no sucede, la “estructura histórica” permitirá nuevamente la aparición coyuntural de la derecha. Esta es la tarea que debe llevar a cabo el próximo gobierno, el cual asumirá en condiciones extremadamente difíciles, debido a la crisis económica y financiera que deja servida el Macrismo: una caída exorbitante de las reservas en dólares, y un tipo de cambio inquietantemente inestable; intereses monstruosos de deuda y de títulos públicos con vencimiento a corto plazo; una deuda temerosa con el Fondo Monetario Internacional -que gran responsabilidad posee en esta crisis macrista-; también se suma a este “cóctel” las alarmantes estadísticas sociales, que párrafos antes se mencionaron. Por último, debemos agregar a lo mencionado, el gran poder que han adquirido los grandes multimedios hegemónicos argentinos como el Grupo Clarín, el cual ha blindado mediáticamente al gobierno de Macri y ha atacado, con varios instrumentos discursivos y simbólicos, a todo el anterior gobierno continuando, con la intención de finalizar a su favor, el llamado “periodismo de guerra”.


Por un lado, Clarín ha obtenido jugosos contratos y favores por parte del gobierno de Mauricio Macri, como el control de los contratos del internet móvil (4G); la adquisición de la compañía Nextel y la fusión de Telecom y Cablevisión, las cuales le permiten a Clarín brindar todos los servicios audiovisuales y de telecomunicaciones a los usuarios argentinos, consolidando su condición de monopolio.


Por otro lado, el gobierno ha otorgado al grupo la mayor cantidad de pauta oficial, una cifra que asciende a más de 400 millones de dólares. Es entonces indudable, en este contexto el nuevo rol que ocupará Clarín, que claramente está robustecido, en comparación con la última gestión kirchnerista. Por lo tanto, la relación que encare el nuevo gobierno con Clarín será importante a

observar.


En esta vía, la reconfiguración del peronismo será, sin dudas, un tema de gran relevancia, teniendo en cuenta la alianza que efectuó el Frente de Todos con los gobernadores peronistas que se habían alejado del Kirchnerismo, así como también con algunos intendentes del Conurbano y con Sergio Massa; todos actores que, con la postulación de Alberto Fernández como presidente, se han incorporado en un único frente electoral. Esto abre algunas grandes incógnitas, por ejemplo, quién estará cerca de Alberto en sus decisiones a futuro. Una respuesta obvia a esta cuestión es la legitimidad y caudal de votos que posee Cristina, ya que ella es el eje del “Frente de Todos” y quien ha mantenido la visión y línea crítica al gobierno de Mauricio Macri, mientras que los actores nombrados anteriormente, se encontraron cerca del oficialismo y del famoso “peronismo republicano” ,con una clara línea liberal. El proyecto del “peronismo republicano” ha fracasado rotundamente, y estos actores se encuentran ahora tras las filas de Alberto y Cristina, ya que son, inevitablemente, parte de la realidad política argentina, algo que la ex presidente observó y aprovechó al correrse del cargo central. Por lo tanto, aún queda observar que rumbo tomarán las decisiones del próximo presidente Fernández que, en unión a Cristina, forman una gran esperanza para el conjunto de argentinos que los apoya.


En conclusión, el desafío a futuro será la reforma “estructural” e “histórica” de nuestro país, lo cual consistirá, en principio, en la continuación de la “batalla cultural” -la cual parecía perderse por el 2015-, postulando finalmente una nueva visión de país que cobije a todos los argentinos, y que nos permita ponernos de acuerdo, entre los dirigentes y el máximo posible de argentinos, en conceptos que tanto daño le produjeron al país, como lo es el neoliberalismo. Dentro de este desafío, se encuentra cambiar, de forma definitiva, la matriz productiva argentina -algo que el gobierno anterior dejó peligrosamente inconcluso- para marcar una línea de políticas y crecimiento económico. Y, a su vez, como gran objetivo, debemos enfocarnos en la búsqueda de una conciencia y responsabilidad colectiva, en un enclave, si se quiere de pacto social, que permita finalmente decir no a una nueva experiencia neoliberal.


Referencias:

1. Jaime Duran Barba (2011). El arte de ganar. Buenos Aires, Argentina: DEBATE.


2. Calcagno, Eric A. y Calcagno, Fernando A. (2005). “El universo Neoliberal, recuento de sus lugares comunes”. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.


3. Pascuzzo, Silvano. El Crimen de la Deuda. Maximización de beneficios y socialización de pérdidas.


4. Gramsci, Antonio, (2017). “Notas Sobre Maquiavelo, la política y el Estado moderno” (pp. 61-63). Buenos Aires, Argentina: Edicol.

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