¿Euforia o Cautela?

Por Matías Slodky

El gobierno nacional anunció, en el día de ayer, la llegada a un acuerdo con los referentes del capital financiero internacional por la deuda externa en dólares bajo legislación extranjera. Queda preguntarse, lo cual haremos a lo largo de este artículo, si la llegada a un acuerdo con los bonistas que financiaron el plan neoliberal del macrismo, es para ponerse eufórico y emitir aplausos al joven ministro Martín Guzmán o, por el contrario, se debe mantener una cierta cautela debido a las situaciones que debe enfrentar la Argentina en los próximos años, y qué implicancias pregona este acuerdo.

Ya en este medio, hemos desarrollado en distintos artículos - que podrán encontrar su respectivo enlace al final de la nota - sobre el proceso de endeudamiento del macrismo, los pasos de la negociación de la deuda, de una forma un poco más técnica pero, aún mas importante, cómo el endeudamiento externo fue, y sigue siendo, un factor fundamental de sometimiento hacia los pueblos.

En el caso argentino, y muy comparable con todo el escenario regional, el endeudamiento en dólares de forma voraz, ha sido un eje central en la mantención del funcionamiento del Estado Neoliberal impuesto en la Argentina entre 1975 y 1983, y consolidado en la etapa de la democracia hasta el 2002; precisamente, fue introducido por la última dictadura cívico-militar en 1976, luego mantenido por la inacción y complicidad del gobierno de Alfonsín y, por último, llevado a su esplendor y “mejor funcionamiento” - en el contexto del Consenso de Washington -, por el gobierno de Carlos Saúl Menem y su ministro Domingo Cavallo, ciertamente con todas las implicancias catastróficas que le produjo a nuestro país tras la caída del gobierno de la Alianza.

A esta altura, no cabe duda de que el endeudamiento ha sido el motor del modelo de acumulación de valorización financiera, fuga de divisas, apertura comercial, destrucción de la matriz productiva, tal como lo diseñó José Alfredo Martínez de Hoz, y Domingo Cavallo posteriormente, en beneficio de los sectores concentrados de la economía local, con una pata en el capital financiero internacional y otra en oligopolio nacional, que experimentó un vertiginoso proceso de transnacionalización y concentración durante la dictadura, y de financiarización de sus activos, haciendo negociados con el capital financiero durante las privatizaciones del menemismo.

Siempre repitiendo el mismo patrón desde su instauración: endeudamiento externo compulsivo, ya sea por parte del Estado Nacional o por el capital concentrado - ya que luego el Estado estatizó sus deudas -, su valorización en un proceso de bicicleta financiera en el mercado interno y, por último, su fuga al exterior a guaridas fiscales; en pocas palabras, tal como lo tituló Eduardo Basualdo, “Endeudar y Fugar”.

Esto que se describe es fácilmente observable con un simple análisis de la cantidad de flujos de capital en moneda extranjera que ingresan y egresan del país entre 1975-2001, donde el país pasa de una deuda de menos de 7.000 mil millones de dólares a una que roza los 300 mil millones de dólares, declarando el default, tras haber pasado por tres crisis de deuda y reestructuración en ese período de 26 años; pero, peor aún, sin mostrar un crecimiento sostenido, sino multiplicando cada vez mas la pobreza, el desempleo y la desigualdad.

Este modelo de acumulación neoliberal muestra su claro agotamiento tras la crisis del 2001, en nuestro país y en la región latinoamericana, con el ascenso en 2003 de Néstor Kirchner y de varios líderes populares casi en simultáneo. En este proceso, tras dos años de mandato, se logró detallar con exactitud quiénes habían sido los culpables del endeudamiento sistemático de la Argentina, identificando al capital financiero internacional y su salvaguarda; el FMI. Esta firme decisión logró realizar una inédita y hábil negociación - catalogada como la más exitosa del mundo, teniendo en cuenta que era una de las deudas más grandes del mundo - logrando más del 70% de quita - entre capital e intereses - de la deuda externa bajo legislación extranjera.

Algo a tener en cuenta en este proceso es que, por mas que no se auditó la deuda externa, como lo hizo Ecuador o Bolivia, la quita fue prácticamente igual que en esos países; pero también, la negociación que permitió desendeudar el país, no fue la primer decisión del gobierno en su accionar; al contrario, esta se dio luego de dos años, donde se empezaron a solucionar los problemas críticos que afrontaba el país luego de la crisis, empezando a dar vuelta el modelo de acumulación de riquezas e impulsando un crecimiento virtuoso en nuestra región, de forma simultánea, por más de una década.

Ahora bien, tras el retorno del neoliberalismo en manos de la “derecha regional” a partir de 2014, el endeudamiento compulsivo ha sido el motor, nuevamente, del proceso de acumulación efectuado. Aclarando de antemano que el proceso neoliberal, por no haber sido combatido con otro modelo de índole productivo y con desarrollo inclusivo, no había sido derribado ni sustituido con la suficiente firmeza durante los años anteriores, para impedir con mas fuerza esta estampida; sin embargo, en los países de la región que sí han logrado reformar el Estado neoliberal con más ímpetu, y el modelo económico neoliberal que lo sustenta, la embestida, lamentablemente, ha venido igual; el caso Boliviano es ejemplo de ello.

En esta lógica, el Estado neoliberal y sus socios recurrentes del capital concentrado y financiero, en nuestro caso gestionado por el macrismo durante los últimos cuatro años, han sido los protagonistas del nuevo ciclo de endeudamiento y fuga de divisas más grande de la historia, si se tiene en cuenta el pequeño período de tiempo que les ha tomado. Tomando deuda en moneda dura, ya sea en legislación extranjera o local, por casi 150 mil millones de dólares, pagando, a su vez, casi, la totalidad de lo demandado por los fondos buitres - el famoso 7% - que no entraron en la reestructuración del 2005 y 2010, apenas asumieron su mandato.

Este hecho permitió realizar un entramado de valorización financiera a costas del pueblo y el desarrollo de la economía, ya que durante los primeros dos años de su mandato, se tomaron casi el 70% de la deuda global final, financiada por los instrumentadores y halcones del capital financiero, como lo son los fondos privados de inversión, ergo BlackRock, Allianz, Fidelity, entre otros, quienes han desplazado desde el 2008 la capitanía de la especulación financiera a los bancos privados. Otorgando, con una totalidad complicidad e irresponsabilidad, enormes cantidades de capital al macrismo, y a tasas de interés realmente altas.

No obstante, esto no ha sido todo por parte de estos fondos, sino que muchos de ellos han sido parte del proceso de bicicleta financiera de nuestro país; es el caso de Fidelity, comprando los bonos emitidos por el Banco central - Lebacs, Leliqs - a tasas siderales en pesos, para luego fugarlas al exterior en dólares, debido a liberación, por parte del mejor equipo de los últimos 50 años, de la cuenta de capital. Esto claramente realizado en sintonía con los grupos oligopólicos transnacionalizados, como son Techint, el grupo Clarín, Pérez Companc, la familia Esquenazi, Marcelo Mindlin o incluso la empresa Vicentín.

Este proceso encuentra sus limitaciones en 2018, cuando los “tan amigables” bonistas deciden dejar de prestar compulsivamente al gobierno de Cambiemos, derivando, como es de esperarse, en el Fondo Monetario Internacional, quien acude al rescate del macrismo con un crédito millonario de casi 57 mil millones de dólares, del cual, hasta la fecha, se han depositado 44 mil millones, es decir, el 60% de los fondos que maneja este organismo. Estimulando la fuga hasta el final de su mandato, donde, a gran escala, este modelo permitió fugar 8.6 dólares de cada 10 al exterior, desconociendo su paradero específico, pero que claramente no han sido dirigidos a incentivar un modelo de desarrollo, a mejorar la infraestructura de la economía, ni tampoco a desarrollar el mercado interno. Por el contrario, la combinación de endeudamiento, fuga y programa económico de austeridad por el FMI, impulsaron una grave crisis económica, caída de salarios, desigualdad, pobreza y desempleo.

Llegado el nuevo gobierno de coalición en diciembre de 2019, la combinación de cambiar el modelo de acumulación neoliberal llevado a cabo por el macrismo y la crisis económica tras de sí, parecían ser agenda completa del gobierno, a pesar de ver cierta lentitud y falta de gestión en algunos temas centrales para el desarrollo del país.

La pandemia más grande de la historia reciente, acompañada de una crisis económica global acelerada por la pandemia, pero producto, sin lugar a duda, del modelo neoliberal que se ha hegemonizado en todo Occidente desde fines de la década del ‘70, que ahora demuestra sus contradicciones y su deterioro apresurado, ha impactado de forma grave en nuestros países, profundizando la crisis ya expuesta.

Por lo tanto, es sumamente llamativo el ímpetu y necesidad del gobierno en haber “solucionado” parte del endeudamiento heredado del gobierno anterior, teniendo en cuenta la forma en que se tomó esta deuda, tanto con los bonistas extranjeros, como con el corresponsable del gobierno de Macri, el FMI, considerando que este acuerdo, a pesar de ahorrar USD 52.000 millones entre capital e intereses, si sumamos el canje de deuda de ley extranjera, el de ley local y el efecto de la pesificación de las Letes, Leliqs, etc, no determina una quita como la observada en 2005. La justificación de una diferente situación internacional no termina de satisfacer a muchos, pero más allá de eso, la pregunta es sobre quién va a caer este acuerdo, que repito, en términos macroeconómicos, alivia las obligaciones financieras en la próxima década y representa una relativa buena negociación, teniendo en cuenta que se logró bajar más de la mitad la tasa de interés del acuerdo original, pero a mi juicio no alcanza.

La respuesta a esta incógnita es la verdadera deuda a resolver ya que, caso contrario, se estaría protegiendo a los actores que institucionalizaron y realizaron el endeudamiento y fuga de esta deuda odiosa; a su vez, queda preguntarse si realmente la primera necesidad del país era ir de forma apresurada a resolver la estafa del modelo del macrismo, ante los tribunales del capital financiero internacional o si, por el contrario, en este contexto de crisis mundial y local, la postulación de un modelo de desarrollo local, que logre afrontar la crisis donde se está sumergido, es lo más imperante.

Por estas razones enunciadas, que aquí levantan desazón, se elige la cautela. La investigación de detallar y visibilizar a los protagonistas de este saqueo en la anterior gestión no debe pasar por alto, sumado a detallar quiénes deberán ser los que soporten esta carga; si no se produce una decisiva implementación de un impuesto a los grupos concentrados, el pueblo parece haber comprado varias rifas.

Por último, el envío de felicitaciones y “buenas energías” por parte de los tecnócratas del gobierno anterior y de varios grupos concentrados, que se beneficiaron con este entramado desde hace varias décadas, agudizan esta cautela y recelo. No quitando de la vista que aún queda un peso muy importante a resolver, el cual es el mismísimo FMI y sus 44 mil millones de dólares, que siguen siendo el gran peso de la deuda macrista, por el corto plazo en el que se pactó devolver. Por esta razón, será importante ver la solución de lo manifestado con hechos fácticos, pero, aún mas trascendental con qué tipo de desarrollo se logra revertir la situación actual; Desde este espacio, se dará el debate para que el desarrollo sea nacional, inclusivo y con reformas de fondo que permitan cambiar el modelo de acumulación neoliberal y una de sus herramientas principales, el endeudamiento externo.

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