Estado y Sociedad. Una Mirada Complementaria al Discurso de la Vice Presidenta

Por Silvano Pascuzzo



Si escuchamos el discurso que pronunciara Cristina Fernández de Kirchner, durante la ceremonia de entrega de su doctorado Honoris Causa en la Universidad Nacional del Chaco Austral, podremos identificar – más allá de las coyunturas – una línea argumental precisa y clara: los pueblos – entre ellos el nuestro – se están apartando de los valores democráticos, a causa de que los sistemas pluralistas liberales, no dan respuestas a sus problemas, y gobiernan orientados a cumplir compromisos con factores de poder corporativo, que los condicionan y limitan en su accionar. Algo que, sin dudas, nosotros compartimos, aunque nos gustaría realizar algunos comentarios sobre la cuestión planteada por la Vice Presidenta.


Cristina apela a una serie de argumentos muy interesantes, para enunciar su Tesis de que el Estado es el único instrumento capaz de generar equilibrios sociales sustentables dentro del actual modo de acumulación de riquezas. Tiene la confianza típica de los dirigentes del siglo anterior, en la Autoridad Pública, como representación de la Soberanía Popular. Concibe como todavía viable, un modo atemperado de Capitalismo Humanista, centrado en el consumo de masas, los altos ingresos y la consolidación de algunas políticas públicas tendientes a producir menos desigualdad e injusticia. Convicciones que – como ella misma lo dijera – iluminaron y orientaron la acción gubernativa de su esposo, Néstor Carlos Kirchner, y la etapa en la que le tocara personalmente ejercer la Jefatura del Estado Argentino, entre 2003 y 2015.


Su formación como abogada y su experiencia en el ámbito legislativo, la inclinan sobremanera, a considerar los diseños institucionales para la toma de decisiones colectivas, como relevantes; subestimando el poder de la organización popular, como motor y base de cualquier transformación progresiva de las estructuras sociales. Afirma que el Estado actual – democrático y liberal – tiene sus fundamentos en ideas de 1776 y 1789, en clara alusión a las Constituciones estadounidense y francesa, arquetípicas durante los siglos XIX y XX; proponiendo en consecuencia, una Reforma Integral del Sistema Jurídico, que dé cuenta de las transformaciones ocurridas desde entonces, hasta la actualidad. Su alusión a las Convenciones de 1949 y 1994, debe colocarse pues, en esa línea.


Ahora bien. ¿Es ese el asunto central de la política argentina hoy? Al parecer no carece de relevancia, pero nos parece que el eje de la hegemonía de los grupos dominantes, está en el terreno de lo social, en dónde la dilución, corrupción y desarticulación de los vínculos colectivos organizados entre las personas, a partir de la Dictadura Cívico Militar Genocida de 1976-83, ha cambiado las relaciones de fuerza entre Capital y Trabajo, de modo decisivo. La Política se ha debilitado como mecanismo de representación, y los sectores dirigentes se han dedicado a instalar su figura en los medios, competir en elecciones cada dos años y a desarrollar carreras exitosas como operadores, gestores, intermediarios y lobistas del capital, frente al Estado. Constituyen, como sector, una Oligarquía cada vez más aislada del resto de la Comunidad, tanto por su visión de los problemas, como por su estilo de vida.


Venimos insistiendo, en notas anteriores, en la idea de que el principio de la reconstrucción de cualquier Frente Nacional y Popular, debe pasar por el cambio de método en la construcción territorial. Los viejos caudillismos están caducos, y hoy, las técnicas de comunicación no ocupan el lugar que otrora ocupara el entramado de relaciones de fidelización interpersonal, que constituyera la base de los Movimientos de Masas, como por ejemplo, lo fuera el Peronismo. No rechazamos como útiles los medios modernos, pero sí sostenemos que sin presencia viva, carnal y activa entre los trabajadores y vecinos de las grandes ciudades y los pueblos del país, sin referentes de carne y hueso prestigiados por su acción concreta y sus conductas al servicio de los otros, es imposible derrotar a nuestros enemigos. Con los métodos de ellos, la derrota está más que asegurada. Si a algo le temen, es a la organización y la movilización del Pueblo.


Desde el Estado, será difícil cambiar los desequilibrios que el Neoliberalismo ha creado, gracias a su victoria en los 80 y los 90, sobre el Socialismo Real. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros y financistas, confían en la atomización, el individualismo y el egoísmo generalizados, que son anestesias útiles a la hora de impedir la conquista de derechos sociales. El Keynesianismo y la Social Democracia, son estériles ya, para modificar la tendencia del Capitalismo hacia la concentración de las riquezas en muy pocas manos, y la extensión del desempleo y la marginalidad como fatal consecuencia.


Me gustaría, en fin, escuchar a Cristina hablar más de éstos temas, y un poco menos de Derecho Constitucional y cuestiones partidarias. Si ella se pusiera al frente de un gran esfuerzo militante por convencer desde las acciones, más que desde los discursos, las elecciones podrían ganarse mucho más fácilmente de lo que se pueden ganar ahora, consolidando una fuerza capaz de tomar el control del Estado y forzar cambios trascendentes, que al estar incorporados a la conciencia colectiva como conquista de la lucha, y no como concesión desde arriba; serán sin dudas imbatibles e inderogables.

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