Enrique “Mono” Villegas

Por Paris Goyeneche

Enrique Mono Villegas (Buenos Aires, 3 de agosto de 1913 - ibídem, 11 de julio de 1986) fue un pianista argentino de jazz de excepción. Su padre fue dentista, escribano, abogado y después dejó todo para dedicarse a criar gallos de riña. Su madre murió joven, de un ataque cerebral, cuando Enrique tenía seis meses. Como lo criaron unas tías, decía haber hecho “todo lo que se me dio la gana, toda mi vida”. El Mono creía que su vida había terminado a los 7 años. Desde entonces sólo se había dedicado a tocar el piano y a leer. A esa edad, ya tocaba Mozart correctamente. Fue anotado en el conservatorio al mismo tiempo que en el colegio primario. Su descubrimiento del jazz llegó poco después, a los nueve años; tenía mucha imaginación, que en el jazz es una materia prima imprescindible.


Llegó hasta el cuarto año del Colegio Nacional Mariano Acosta, donde dejaba las clases para ir a estudiar piano. Según él mismo, era “un tipo inteligente, músico de raza y de nacionalidad pianista”.


En 1932, estrena el Concierto para piano y orquesta de Ravel, en el teatro Odeón de Buenos Aires. Por esa misma época, descubrió a quien él reconoce como sus “maestros espirituales”: Art Tatum, Fats Waller, Duke Ellington y Louis Armstrong. Aunque luego incorporaría otras influencias (Thelonious Monk y Bill Evans, entre ellas), tanto su estilo como su repertorio quedarían marcados para siempre por la impronta de estos cuatro grandes. Ese mismo año, estrenó en el Consejo Nacional de Mujeres la versión original de la “Rhapsody in blue”, de George Gershwin.



En 1943, formó el Santa Anita Sextet con Juan Salazar en trompeta, Chino Ibarra en saxo tenor, Panchito Cao en clarinete, Tito Krieg en bajo y Adolfo Castro en batería. En 1944, formó el combo Los Punteros, con Juan Salazar en trompeta, Bebe Eguía en saxo tenor, Jaime Rodríguez Anido en guitarra, Nene Nicolini en contrabajo y Pibe Poggi en batería.


En 1949, ingresó como pianista para el dúo Martínez-Ledesma, en reemplazo de Horacio Salgán. Aprendió a tocar música criolla. En 1953, escribió la música para “Un tranvía llamado Deseo”, de Tennessee Williams, que estrenó en el teatro Casino la compañía de Mecha Ortiz. Grabó para discos Music Hall, música criolla con guitarra y bombo (zambas, chacareras, gato [mús, vidalas, etc., de los hermanos Ábalos]) y temas de jazz con Méndez en contrabajo y Poggi en batería. Ganó laCcopa Mundo Radial como solista favorito del Bop Club, del cual fue socio fundador.


En 1955, viajó a Nueva York, donde grabó para Columbia Records con Milt Hilton en bajo y Cozy Cole en batería. Le propusieron entonces grabar temas del compositor cubano Ernesto Lecuona, pero él no aceptó. Se dedicó a mirar películas, a tocar en pequeños lugares y a frecuentar a los músicos jazzeros Cole Porter, Count Basie, Nat King Cole y Coleman Hawkins. En 1957, en Cleveland, escuchó por primera vez a Duke Ellington; “Gracias a él, empecé en el jazz”, decía. Y aseguraba sentirse identificado porque “jamás repetimos la música aunque toquemos los mismos temas. Estamos convencidos de que el jazz, como la conversación, debe ser espontáneo”.


En 1958, tocó durante el Festival Casals en la Universidad de Río Piedras (Puerto Rico). En 1973, grabó el disco de sus 60 años en el Teatro Municipal General San Martín y, en 1974, volvió a tocar la “Rhapsody in blue” en el club Vélez Sarsfield, ante 20.000 espectadores. En 1975, tocó, en solo de piano, un repertorio de jazz en el Teatro Colón de Buenos Aires.


En 1985, recibió el Premio Konex como uno de los 5 mejores jazzistas de la Argentina. Por esos mismos años, tocó en el estadio de Vélez Sársfield la “Obertura 1812” de Chaikovski, acompañado de orquesta y cañones verdaderos. Ese espectáculo contó con la conducción de Blackie (Paloma Efron). Hombre de una cultura rica y variada, que abrevaba tanto en los libros como en la calle, Villegas cultivó amistades con los escritores Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández, el pintor Xul Solar y el bandoneonista Astor Piazzolla, quien le dedicó el tema Villeguita.


Con semejante currículum, sólo puedo dejarlos frente a su obra, que ha sido más que prolífica. Ha pasado por todos los estilos, como buscando su lugar en el mundo de la música. Y se ha dado el gusto de tocar con los grandes lo que siempre ha querido.


Si de versiones se tratara quisiera compartir con ustedes su versión al jazz del clásico del tango “Caminito”


https://www.youtube.com/watch?v=F5uBZwpgzTY


Y un álbum que no puede faltar, “En cuerpo y alma”.


https://www.youtube.com/watch?v=OPzXV9LRQlo

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