El Rastro de la Revolución. La Crisis del Paradigma Centro Periferia

Por Silvano Pascuzzo. En un artículo anterior, hablábamos de la importancia que tuvieron las revoluciones de liberación nacional en Rusia, China e Irán, como motorizadoras de procesos de desarrollo económico, alternativos a los de Europa Occidental y los Estados Unidos de Norteamérica.



Esa forma de “modernizar” la Economía y la Sociedad, fue no sólo exitosa, sino rápida y audaz; transformando al Capitalismo que describieran los clásicos de los siglos XVIII y XIX, desde Adam Smith a Karl Marx. Incluso, podemos afirmar que han puesto en crisis la famosa: “Teoría del Imperialismo”, desarrollada por Werner Sombart y Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) a principios del siglo XX. Estamos – decíamos – en un nuevo: “sistema mundo”, que ve plasmarse en los hechos, todos los augurios pesimistas presentados por el Profesor Samuel Huntington, en su famoso libro de la década de 1990: “El Choque de Civilizaciones”.


Rusia, China, India e Irán, así como los países del Sudeste Asiático, ya no son la “Periferia”; sino que merced a la construcción – cada uno a su modo – de mecanismos productivos, comerciales y financieros, en los que el “Mercado” está fuertemente regulado por un “Estado” interventor y planificador; han recobrado el papel que en la economía mundial. Tuvieran antes de 1492 y 1498, fechas de los viajes de Cristóbal Colón y Vasco Da Gama, respectivamente. Hoy son los más relevantes inversores en el área de las telecomunicaciones, la robótica y la cibernética, así como en todos los rubros de consumo masivo. Exportan celulares, computadoras, textiles y electrodomésticos, como en la Antigüedad y el medioevo, vendían a Europa: sedas, porcelana, especias, piedras preciosas, orfebrería en oro y productos de lujo. Han desarrollado eso que Juan Domingo Perón llamara a principios de los años 50, un. “Capitalismo de Estado”.


Por ejemplo, en nombre del “Socialismo” y tras arduas discusiones internas, los bolcheviques rusos, conducidos por Iosif Visarionovich Gughasvili (Stalin), pusieron en marcha un proceso de industrialización tremendamente rápido y audaz; y lo hicieron – es verdad – con un alto costo en vidas humanas, tal y cómo había ocurrido en Occidente un siglo antes, según sabemos, por los relatos de autores tan importantes como: el reverendo Thomas Malthus, el especulador bursátil David Ricardo y el industrial socialista Friedrich Engels. Los campesinos se convirtieron en obreros, estos en ingenieros y técnicos, gracias al desarrollo de una poderosa industria y de un complejo aeroespacial, que en menos de una década, puso fuera de la atmósfera terrestre a un satélite de comunicaciones, varios animales, una mujer y un varón.


También en China, la ·Revolución” de 1949, terminó con la dependencia del país, con respecto a las potencias extranjeras que lo habían convertido en una enorme factoría, al servicio de sus intereses. La “Guerra del Opio”, las “Concesiones” portuarias y la “Libertad de Comercio”, arruinaron toda posibilidad de desarrollo autónomo, condenando a millones de seres humanos a sufrir hambre y desesperación. Después de Mao Tsé Dung, Pekín recuperó “Soberanía”, y con ella un lugar cada vez más relevante en el Mundo; y con Deng Xiao Ping, alcanzó el desarrollo mediante la importación de métodos y tecnologías occidentales, en el marco de un respeto a las tradiciones heredadas de los ancestros y bajo la conducción del Partido Comunista. La pobreza extrema ha sido erradica, y China disputa el control de segmentos crecientes del mercado global capitalista.


En la India, el proceso ha sido igual de virtuoso, tras la larga lucha por la Independencia, conducida por el Mahatma Gandhi y el Pandit Nerhu. El “Socialismo” adquirió en los años 60 un tono “desarrollista”, que industrializó a la ex colonia británica, impulsó el proceso de industrialización sustitutiva y mejoró ostensiblemente, en muy poco tiempo, el nivel de vida de la población. Las hambrunas son ya cosa del pasado, y en Nueve Delhi y otros centros urbanos, la producción manufacturera, el comercio y las finanzas, están construyendo un enorme mercado en constante expansión, controlado y regulado por un sector público robusto y activo. Ahora los hindúes producen bienes que se exportan al resto del planeta, dejando saldos positivos en las reservas de libre disponibilidad. India ya no es una factoría de la City de Londres, gobernada por un Virrey; sino una Nación soberana, que marcha hacia el futuro, con mejores rendimientos macroeconómicos que hace tres décadas y con mayor igualdad.


La antigua Persia, Irán, resolvió su profunda dependencia de Occidente, con un particular experimento revolucionario: la llegada al poder del “Fundamentalismo Islámico”. Pero el Ayatolah Khomeini, líder religioso y político del Pueblo iraní, que había vivido en el exilio parisiense durante años, sabía que el “Estado Nacional” – algo insignificante en la concepción mahometana del mundo – era una herramienta invalorable de construcción de una nueva sociedad y de un nuevo conglomerado de fuerzas anti imperialistas. A pesar de las agresiones de occidente y de una guerra contra un país vecino, Irán se recuperó y hoy muestra grandes progresos en lo económico y en lo social. Se moderniza, se abre al Capitalismo y al Desarrollo, sin modificar sus valores tradicionales y su forma de gobierno. Pesa en la balanza del sistema internacional por sus reservas petrolíferas y por su poder militar, y disputa con energía su predominio en el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico.


Los países del Sudeste Asiático – el ejemplo tomado por Francis Fukuyama en los años 90, para recomendar el Liberalismo desregulador al Tercer Mundo y a América Latina, luego de la disolución de la Unión Soviética – resolvieron el drama del subdesarrollo, por vías diversas, pero exitosas. Son naciones Estado, que distan hoy diametralmente de lo que fueran en el pasado, gobernadas por modelos autocráticos y caracterizadas por contar entre sus potencialidades, con una planificación estratégica y una intervención estatal en la economía, en todo contraria al dogmatismo liberal de Occidente. Los norcoreanos y los vietnamitas, se inspiraron en el Marxismo ruso y chino; los indonesios en un nacionalismo popular de raigambre tercerista, los taiwaneses en un remedo asiático del New Deal y los surcoreanos. En una particular adaptación del corporativismo japonés. Todos muestran modernización y progreso, cierto bienestar y niveles aceptables de equidad.


En resumen: Europa y los Estados Unidos están descubriendo, que ya no detentan – como en los siglos XIX y XX – la hegemonía global. Aquel mundo descripto por Lenin en: Imperialismo Fase Superior del Capitalismo, está siendo reemplazado por otro, en el que el “Capitalismo dependiente”, está muriendo en Eurasia, para dar paso a un modelo estatista, intervencionista e incluso “neo socialista”. El esquema de los años 90, que hablaba de una Globalización conducida por Occidente nunca se concretó. Las “Revoluciones de Liberación Nacional” contra el Colonialismo, han demostrado ser vehículos aptos para romper las limitaciones al Desarrollo y han aportado la fuerza que posibilitó la multipolaridad actual. No es poco.

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