El Portón Verde; el Umbral de la Nada

Por Elías de la Cera

“¡Que descansada vida

la del que huye del mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por la que han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!”


Fray Luis de León.


El experimento que vaciló entre el keynesianismo, la ortodoxia y la ignorancia. El repentino capricho de Cristina y el abnegado voto de la militancia (más preocupada en satisfacer ese capricho que en el futuro de la patria) fueron suficientes para que llegue al poder un frente electoral frívolo, carente de contenido, carente de marco doctrinario.


Aristóteles, supo entender a la política como el medio por el cual los hombres funden en la realidad las platónicas virtudes. Esas virtudes están (tal cual dijera su mentor) situadas en un cuerpo celeste y perfecto, alejadas de nuestro mundo imperfecto y corrupto por definición. Entonces, si el hombre sólo puede concebir la idea de perfección a través de la reflexión, sólo a través de la asociación y la acción colectiva (la política) se pueden concretar en la tierra las virtudes celestes.


Esas virtudes (la justicia, la libertad, la belleza, la igualdad, la fraternidad) son siempre un tanto abstractas, un tanto confusas y a veces pueden resultar hasta oximorónicas. Pero así de abstractos y de aburridos, estos conceptos funcionan como fuerza motriz, ya que toda la obra de gobierno estará orientada a concretar ese ideal, ese sueño de juventud, ese eterno candor humano.


Las doctrinas convierten esas virtudes en principios y valores permanentes, que cuestionables o no, sirven para que el hombre pueda desarrollar una vida virtuosa en el seno de una comunidad dada. No pienso hacer postmodernismo en pantuflas y decir que todo eso es un invento para encubrir relaciones de poder y que en realidad etcétera. Esperar una ovación por decir algo así es como festejar un gol de puntín.


Bueno, si el lector sabe respetar los silogismos (una institución en desuso) deducirá que toda acción individual, toda asociación, toda acción política tiene un sustrato filosófico que la respalda, que la orienta, que le da sentido, y que la hace superar las acechanzas del tiempo; la muerte y el olvido.


Sin ese platónico sustrato, sin esa lumbre que arde en el alma, sin esa sed que busca incesamente un mundo mejor, la política tendría la misma relevancia que una gota en el océano, que un puñado de arena en el desierto. Carente de sentido, su presencia sería tan insignificante como su ausencia. “Un gobierno sin doctrina es como un cuerpo sin alma” decía un aristotélico y acertado Perón.


¿Cual es el ideario en el que se respalda el actual gobierno? ¿Cual es su marco doctrinario? ¿Cuales son sus principios y valores? En anteriores artículos, merecidamente olvidados, me hacía estas preguntas pidiendo por favor que alguien me dé una respuesta siquiera incoherente. Como nadie me ha respondido, y yo aún no la he hallado, tengo derecho a suponer que este gobierno carece de todo eso que le da sentido a la política.


Tendré que pensar (basándome en las declaraciones de su Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero) que estamos ante un líder postmoderno, o sea, carente de doctrina y de valores trascendentes, afecto a ecuaciones filosóficas del calibre de: “Todo es una construcción social”, “Todo es subjetivo”, “La nada nadea”, etcétera.


Es una lástima que estemos todos corriendo la liebre y no podamos advertir lo patético de un presidente que dice: “Ya no lo tengo a Evo, no lo tengo a Correa, no lo tengo Mujica, no la tengo a Michelle. Ahora solo hay dos que queremos cambiar el mundo: López Obrador y yo”.


Cuatro cosas. Primero: Ningún reformista cambia el mundo. Segundo: ¿Quien te dijo que Correa, Michelle y Mujica quieren cambiar el mundo? Tercero: ¿Quien te dijo que López Obrador quiere cambiar el mundo? Cuarto: ¿A qué viene esa profundidad analítica digna de fotocopiadora de Universidad Pública?


Todo eso para no hablar de las reuniones “claves” en Olivos, ni de los anuncios “importantes” que se hacen con respecto a la cuarentena. Maratón del portón verde en los noticieros, preguntando si ese que está ahí es el auto de Larreta. Luego llegan los discursos, tan aburridos e incomprensibles como los de Macri. Los gráficos mal hechos. Las “chicanas” de Kicillof a Larreta. Las preguntas pésimamente formuladas de los periodistas. Y la incertidumbre de la gente que no sabe a apartir de cuando vence el nuevo permiso, si es obligatorio descargarse la app, si es personal “esencial” o personal “exceptuado”, si estamos en ASPO o en ISPO. En Fin.


A esto se le suma el postergado acuerdo contra los “bonistas insensibles” y el anuncio magnánimo de una expropiación de la que no se tiene ni un solo proyecto, ni un solo bosquejo, ni una sola idea. Y para que el delirio sea completo, marchas de una resucitada oposición en contra de un comunismo, que para variar, tampoco existe.


Detrás de todo esto, no hay nada. Es solo una sucesión de cosas que no tienen sentido. El “periodismo batilana” que se hace en C5N, busca justificar a toda costa la desastrosa gestión del gobierno, gritando desafinadamente los escándalos de la “¡Mesa Judicial M!”y del “¡El Espionaje ilegal!”, osea, hace macrismo a la inversa, repugnancia intelectual, repugnancia moral, repugnancia general.


Más allá de las comparadas, y de las risas que despierta el solo hecho de relatar objetivamente la situación actual, quisiera aclarar que anoto con mucho tristeza estas reflexiones. No solamente por ser contemporáneo a este proceso, sino por haber votado a este gobierno. No puedo evitar sentirme culpable por el daño que se le está haciendo a la base material y espiritual de la nación. Solo me queda la impotencia de saber que lo que puedo hacer es muy poco, y que mis perplejidades están destinadas a perderse, a ser ignoradas.


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