El Peronismo Neoliberal de los ‘90, la crisis de la Tercera Posición

Por Matías Slodky

Artículo elaborado en base al trabajo final de la materia Sistemas Políticos Comparados (cátedra del Lic.Silvano Pascuzzo) de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús por los estudiantes Matías Slodky y Delfina Julieta Bruno.

El movimiento peronista, durante la dictadura cívico militar, comprende que es necesario adaptarse al nuevo contexto; en este caso, la necesidad de plantear un panorama electoral donde una figura fuerte del movimiento se haga con la mayoría en las urnas. De modo que, a fin de ganar las elecciones 1983, el frente peronista propone a Ítalo Luder como candidato a presidente. Hay que destacar, y como se mencionó con anterioridad, que las fracturas del movimiento comprometían la fuerza del frente, ante la falta de unión.


Las diferentes ramas políticas comprendían que la clave, ante la salida de la dictadura, era la fortificación del gobierno, a fin de no caer nuevamente en un golpe militar; es por esto que comienza a tratarse el concepto de “democracia condicionada”, o el reconfortante sueño de la democracia liberal, ésta es aquella por la cual los electos deben seguir bases ya marcadas por el conjunto de partidos políticos, en concordancia con las elites, con el único fin de generar una democracia fuerte ante alguna tensión. En este caso, se puede comprender que las instituciones dejarían de tener influencia sobre las políticas de los gobiernos, dado que estas ya estaban establecidas de antemano. El Peronismo debía aceptar, entonces, ingresar a una democracia liberal.


Durante la campaña política, el frente radical, con su candidato Raúl Alfonsín, se presenta como la solución “a los años decadentes del peronismo. Sumado a este último punto, Raúl Alfonsín hizo girar toda su campaña en torno a que, durante su presidencia, se llevarían a cabo juicios de lesa humanidad a los militares culpables de la tragedia nacional. He aquí un dato crucial: el autor Bruno Susani menciona que un “error” de la campaña presidencial peronista fue no mencionar el enjuiciamiento a la junta militar como proyecto.


De aquí que las elecciones de dicho año dieran la victoria al sector radical; un dato a destacar, para el posterior análisis, es que durante la presidencia de Alfonsín el poder de los sindicatos decrece, provocando no solo marchas como respuesta, si no también una pérdida muy grande del poder peronista, entendiendo que este residía, en parte, en estos sindicatos.


Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se pueden ver representadas diversas fracciones dentro del frente peronista. Por un lado, el sector verticalista, quienes expresaban el deseo de que Isabel sea la jefa del movimiento peronista, en tanto figuran a ella como maleable y manipulable. Por otro lado, el sector antiverticalista, el cual comprende un estrecho vínculo con las milicias, el caso de Raúl Matera, y la representación de la CGT Azopardo (la cual era conciliadora); este sector, a diferencia del anteriormente mencionado, no estaba de acuerdo con la figura de Isabel como representante o jefa del movimiento. En este caso, presentaban un proyecto modernizador del partido, caracterizado por la inclusión de las elecciones internas. Un tercer sector, los renovadores, donde figuras como Antonio Cafiero encabezaron sus expresiones, ligadas a la aceptación de Isabel. Por último, el sector peronista que se enfrentó al militar, donde Vicente Saadi y Framini representaron al ala más conservadora del peronismo.


El peronismo de Menem en la gobernación de La Rioja (ambas durante la tercera presidencia de Perón) representaron el contrapeso a la corriente renovadora, que pretendía el cambio de imagen del movimiento a fin de ganar las elecciones presidenciales; de hecho, el sector renovador logró lo cometido y se realizaron las elecciones primarias, donde Carlos Menem salió victorioso con el 40% de los votos.


El liberalismo jugó su parte durante esta época, en tanto fue motor de la estigmatización de los reclamos sindicales, desarrollando y expandiendo la idea en la ciudadanía de que los sindicatos jugaban como barreras al buen desarrollo económico; de aquí la jugada del radical Alfonsín de apuntar a restringir el poder sindical. Las burocracias sindicales, tildadas de dogmáticas, fueron fuente de crítica liberal.

Los códigos de la representación política han cambiado. El neoliberalismo reaganiano y thatcheriano ponía en escena otra sociedad, que algunos creían que podía sacar al mundo de la crisis económica en la que se hallaba luego de los dos shocks petroleros y de la recesión del 1981, que se había manifestado muy marcadamente en Argentina”.

La cita muestra el cambio de escenario; el peronismo se enfrentaba a otro tipo de Argentina, marcada por crisis económicas y una historia de dictaduras militares.


La campaña electoral de Carlos Saúl Menem se caracterizó por sus clásicas visitas a centrales urbanas del movimiento y los recorridos en los “menemóviles”, donde el candidato se presentaba por los barrios a fin de promoverse como presidente; este tipo de campaña se diferencia de la propuesta por el sector más renovador, quienes pretendían también una modernización del modo por el cual se establece la relación con el elector, pero no fue el caso de Menem, él continuó con clásicos medios de campaña. Las elecciones de Carlos Saúl Menem mostraron la capacidad del partido para arreglar las diferencias del mismo de manera democrática; en este caso, con las elecciones primarias que generaron como candidato a presidente a Menem.


Ya en la presidencia, Menem tuvo que enfrentar la herencia del radicalismo: una hiperinflación causada por la política económica liberal, llevada a cabo durante la dictadura militar y por el posterior conjunto de herramientas económicas del radicalismo, que resultaron ineficaces a la hora de contener la inflación. El Plan Austral anunciado por Raúl Alfonsín no tuvo éxito; en 1987, las cifras de la inflación ascendieron, avanzaron los precios relativos en diversos sectores, y a esto se le sumó la caída de los precios de los productos exportables argentinos.


De modo que las políticas principales que caracterizan este período darán lugar a la denominación de “peronismo neoliberal”. Se aprobó la ley de Reforma del Estado y, como consecuente, la privatización de varias empresas estatales; a saber, empresas como Entel, Aerolíneas Argentinas, diversos canales televisivos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales y Gas del Estado. En cuanto a las medidas económicas, el plan del gobierno fue básicamente la desregularización de economía, caracterizado por el establecimiento de libertad de precios, la reducción de cupos y aranceles y, por otro lado, la reducción de la prohibición de importaciones.


En 1989, se produjo una segunda hiperinflación, donde la decisión del ministro Erman González fue la confiscación de los depósitos a plazo fijo y el cambio de estos por bonos en dólares; a este cóctel de medidas se le sumó la restricción de emisión monetaria, concluyendo con el llamado Plan Bonex. Tiempo después, se aprobó la Ley de Convertibilidad, por la cual el Banco Central de la República Argentina se veía obligado a respaldar con reservas al peso; en este caso, el plan propuso la paridad de un peso-un dólar, generando una dolarización de la economía financiada con deuda externa, el ajuste y la venta de empresas estatales. El financiamiento de la deuda externa se formó en base a las exigencias de los bancos mundiales y la necesidad de aplicar las medidas económicas necesarias a fin de pagar dicha deuda. El ministro Cavallo, ex diputado por la provincia de Córdoba por De la Sota y ex director del BCRA durante la dictadura genocida, es el encargado de pulir y aplicar la doctrina del consenso de Washington en nuestro país, profundizando el modelo neoliberal iniciado por José Alfredo Martínez de Hoz en 1976.


Menem abandonó el rol regularizador del Estado, mediante la aplicación de masivos recortes a la salud, educación acción social, obras públicas y justicia, así como también recortó salarios de los militares, funcionarios públicos y jubilaciones. La reforma Constitucional de 1994 provocó la transferencia a las provincias de la propiedad del subsuelo y, con ello, la posibilidad de generar acuerdos con multinacionales, a fin de explotar de las minas nacionales.


Durante este periodo, la cultura política presentó un gran giro, que ya se venía formando durante la tercera presidencia de Perón; la sociedad comenzaba a desencontrarse con los frentes políticos de la Nación, que se puede justificar con la pérdida de fe provocada por la institucionalización del neoliberalismo.


Menem reforzó su liderazgo a través de la reforma constitucional y la formación de un hiperpresidencialismo. Esto se concreta en 1994, producto, en parte, de la crisis de los liderazgos de la que hacemos mención y de su falta de legitimidad.


Por su parte, el movimiento peronista, tras el liderazgo de Menem, ha encontrado una fuerte partición, ya que distintos sectores críticos dentro del peronismo se han separado del Partido Justicialista, acusándolo de no representar los principales preceptos del mismo, como la justicia social, la soberanía económica y política, reclamando que el instrumento partidario se ha convertido en la institucionalidad del saqueo neoliberal por parte del gobierno menemista. Esto provocó una nueva resistencia en las elecciones de 1995, donde varios sectores del peronismo y movimientos sociales se alinean tras las filas del candidato Bordón, por fuera del partido Justicialista.

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