El nuevo conductor: Juan Domingo Perón

Por Matías Slodky

Artículo elaborado en base al trabajo final de la materia Sistemas Políticos Comparados (cátedra del Lic.Silvano Pascuzzo) de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús por los estudiantes Matías Slodky y Delfina Julieta Bruno.

El liderazgo de Perón y su legitimidad como conductor de gran parte del movimiento obrero, sindicatos, ejército, iglesia y, por supuesto, del conjunto de la Nación, tiene inicio a partir de su cargo en la Secretaria de Trabajo y Previsión, en 1943 y luego, en 1944, durante la presidencia de Edelmiro Farrell, desempeñándose como Vicepresidente y Ministro de Guerra, pero sin dejar de dirigir su lugar estratégico en la Secretaria de Trabajo.

Como se mencionó en el artículo anterior (el cual podrán visualizar al final de esta nota), el 17 de octubre es un claro reflejo de su liderazgo y legitimidad. Por otro lado, Perón, durante su labor en estos puestos, ha enfrentado a distintos sectores de la sociedad, como también de su mismo sector, que son, en definitiva, los que deciden llevarlo preso a Martin Rodríguez el 9 de octubre.

Es aquí, a mediados de 1945, donde los hechos dan una significación trascendental, ya que dan pie a la legitimidad de Perón, su liderazgo y la posterior cultura política que se genera a partir de allí.

En primera instancia, como Vicepresidente, decide abandonar la neutralidad frente a la guerra, que se venía sosteniendo ya desde el inicio del conflicto, a lo cual se suma la decisión de erradicar a funcionarios caratulados como germanófilos dentro del gobierno. El caso emblemático es el del Canciller Orlando Peluffo, el cual había obstaculizado las relaciones con los Estados Unidos, ejerciendo una presión para que Argentina, siendo uno de los últimos países de América latina que resistía su posición neutral, continuara así. A partir de la decisión de Perón de declarar la guerra, las relaciones con Estados Unidos se alivian un poco y, a su vez, se intervienen diarios de ideología pro nazi, lo que originó críticas en sectores cercanos a Perón, como lo fue F.O.R.J.A y la figura de Arturo Jauretche, recriminando falta de soberanía por entregarse a la imposición americana.

Cabe mencionar que el alivio de las relaciones con EEUU finaliza con la muerte del presidente Roosevelt; con el ascenso de Harry Truman, comienza una política exterior más agresiva, designando como embajador a Spruille Braden.

Braden era un empresario norteamericano de la rama minera, con importantes negocios en la Patagonia chilena y había participado anteriormente en distintas misiones diplomáticas en América latina; quizás su labor más significativa fue durante la Guerra del Chaco, como mediador entre Bolivia y Paraguay. Ahora, como embajador en Argentina, tenía la intención derrocar al gobierno de Farrell y Perón, acusándolo de ser un peligro fascista y nazi para la región, por lo que recomienda a Truman la expulsión del país de las Naciones Unidas. Aquí es importante una cita del historiador Norberto Galasso donde menciona:


Cabe preguntarse, ¿se hallaba convencido Braden de que en Argentina existía un régimen nazi, capaz de constituir un futuro bastión del hitlerismo? O, por el contrario, ¿utilizaba el espantajo nazi para acabar con un gobierno que pretendía ser independiente a los Estados Unidos y además proyectaba planes de industrialización, autonomía, flota de mar propia, etc.[…] Perowne, un diplomático británico, responde esta interrogante en un informe: ‘uno no puede eludir la sensación de que el ‘fascismo’ del coronel Perón es tan solo un pretexto para las actuales políticas del señor Braden y sus partidarios en el departamento de Estado: su verdadero objetivo es humillar al único país latinoamericano que ha osado enfrentar sus truenos’[1]

Son claras las intenciones de Braden y Norteamérica, sumado a que la oposición determina, en su consigna “rodear a Braden”, marcar como referente al embajador; esta oposición, llamada Unión Democrática, estaba compuesta por sectores del radicalismo, en mayor parte yrigoyenista, sectores del Comunismo y Socialismo, demo progresistas y, por supuesto, gran parte de conservadores importantes que han ocupado puestos dirigenciales en el gobierno predecesor al ‘43 de Ortiz y Castillo, como es el caso de Alsogaray, Felipe Melo, Saavedra Lamas y Pinedo, entre otros.

No obstante, de a poco, comienzan a existir desencuentros con Perón dentro del régimen, debido a sus acciones, que favorecen al sector obrero; aquí, el historiador Juan Carlos Torre resalta: “Perón que, en nombre de la concordia, alentaba la movilización obrera y exasperaba las tensiones sociales [..] en el sentido que el Secretario de Trabajo, con sus reformas, es quien amenazaba los fundamentos del orden existente”. Es claro, en este sentido, que muchos integrantes del régimen consideraban a Perón como alguien que amenazaría los ideales del régimen y quebrantaría el mandato para exigir elecciones, con claras intenciones de postular su candidatura.

Durante los meses de junio y julio, Perón le concede una entrevista a Braden para tratar los temas sobre las tensiones sociales, y el papel de la Unión Democrática. Aquí es donde Braden pide beneficios para los habitantes norteamericanos, pero fue más allá y buscó que Estados Unidos pudiera realizar nuevos negocios en la Argentina, en el sector de la aeronáutica centralmente, y reemplazar los bienes que estaban incautados de Alemania y Japón (cuando a estos se le declaró la guerra), para así invertir con capitales norteamericanos; para esto, Braden reclama el permiso para la entrada de capitales norteamericanos y, a su vez, la otorgación de concesiones a dicho gobierno: “Sí Perón accedía, como buen muchacho, Braden se declarará neutral frente al gobierno, el departamento de Estado le daría luz verde hacia la presidencia y Estados Unidos dejaría de sembrar espinas en su camino” (Norberto Galasso). A lo que el general responde:

“Si yo entregara el país, en una semana sería el hombre más popular en ciertos países extranjeros. A ese precio, prefiero ser el más oscuro y desconocido de los argentinos, porque no quiero, y disculpen la expresión, llegar a ser popular en ninguna parte por haber sido un hijo de puta en mi país […] Vea embajador, nosotros como movimientos revolucionarios, queremos liberar al país de toda clase de férulas imperialistas. Usted se ha embarcado en una tendencia totalmente contraria a la nuestra y nosotros estamos en contra de lo que ustedes, los americanos, quieren”. [2]


Es clara la respuesta, así como las intenciones de Perón, y lo que representará el movimiento peronista; por otra parte, Perón y parte del movimiento que lo empieza a legitimar, sabían que Braden era la oposición, ya que él mismo logró unir a varios sectores de la oposición dentro de la Unión Democrática. Agregando que parte del pueblo denotaba ya la relación de estos sectores opositores con la oligarquía, la cual Perón mencionaba como enemiga del pueblo y de la masa trabajadora, a la cual consideraba como la única fuerza y clase social.

Al movimiento peronista se le suman sectores, como en el anterior artículo mencionamos, del conservadurismo en Buenos Aires y las provincias, así como importantes sectores del radicalismo antipersonalista, y el nuevo Partido Independiente. Aquí es donde resaltamos la legitimidad de Perón, no solo partidaria, sino, y aún más importante, en la población y en las masas populares que, ya para la época, comenzaban a entonar frases como “Ni yanquis, ni marxistas, PE-RO-NIS-TAS”. Por su parte, la oposición crece día a día en agresividad, en un espectro amplio de derecha a izquierda, donde el embajador Braden juega un rol importantísimo, agrupando nombres de familias de la oligarquía, desde Santamarina, Anchorena, Martínez de Hoz, Álzaga, Llavallol de Roca, y políticos como Américo Ghioldi, Héctor Iñigo Carreras o Alicia Moreau de Justo. Es interesante, como resalta Miguel Scenna, que “un embajador paso a ser jefe de partido a plena luz”. Braden es consciente de esto, por lo que informa al Departamento de Estado de su liderazgo y caudal de apoyo.

Por otro lado, a Perón se le suma más conflictos con sectores de su gobierno, que lo miran con recelo por su apoyo en las masas populares y la intención de romper con la lógica que apoyaban Farrell y sus ministros. Perón llega a manifestar:


“Hacemos un llamado a todos los trabajadores argentinos para que piensen y sientan el futuro por la normalidad y constitucionalidad que todos anhelamos, pero siempre que esa normalidad no vuelva a estar constituida por el fraude, el negociado, la coima y la injusticia social”.


Un claro ejemplo de lo mencionado es la reunión que hay entre el ministro de Guerra de Farrell, Héctor Vernengo Lima, con el embajador, donde detalla lo siguiente:


“Hice un esfuerzo especial (aquí habla Braden en primera persona) con Vernengo Lima, los hechos ocurridos en este almuerzo parecen confirmar un informe recibido hace algunos días, según el cual un fuerte grupo de oficiales del Ejército del GOU, había tenido un enfrentamiento con Perón con el argumento de que el Ejército podría hacer buenas migas conmigo si él (Perón) no enturbiara las aguas. La misma fuente nos informó ahora que este grupo presionará activamente para lograr la renuncia de Perón a la vicepresidencia y a sus cargos ministeriales”.

Como antes mencionamos, cada vez más sectores del radicalismo antipersonalista se suman a las filas de Perón; es el caso de su futuro vicepresidente, J. Hortensio Quijano, y Juan I. Cook, que también se acerca a Perón. A su vez Perón decide ir al Colegio Militar a acrecentar su figura y legitimidad; en dicho acto, explaya sus ideas del país y de lo que se debe hacer en Argentina, para organizarla. En el discurso detalla:


“En primer término, encarar la recuperación nacional, es decir, recuperar paulatinamente para el Estado los valores que son del Estado y que deben volver a él; en segundo término, defender las riquezas del país de manera que ninguna de ellas pudiera ser entregada en lo futuro a manos extranjeras; en el aspecto social, nuestros postulados serán organizar el trabajo, el descanso e instituir una previsión social tan amplia como fuera posible. En cuanto al aspecto político, en primer lugar, devolver al país la soberanía popular que había sido durante tantos años un mito. En segundo lugar, asegurar que esto no vuelve a repetirse en el futuro. En tercer lugar, terminar con los negociados, las coimas y los robos que se han utilizado en todos los gobiernos”.

Son claras las señales y bastiones que Perón representa y que luego, durante sus presidencias del ‘46-’55, pondrá en marcha y que formarán el logo del peronismo, los cuales se identifican de forma clara en este discurso, como lo son la soberanía política, la soberanía económica y la justicia social, Perón es el conductor, aquel personaje surgido en el ‘30, que el 4 de junio de 1943 participa en el golpe a Castillo, por inquietudes nacionales, enfrentamientos entre sectores del ejército, y cierta vocación popular como ya mencionamos, convirtiéndose en líder político que interpreta como nadie el momento histórico, y puesto por el pueblo para dirigir un gran frente de masas en búsqueda de concretar la transformación argentina. A su vez, su estrecha vinculación con empresarios, con oficiales del Ejército que están de su lado y, por supuesto, con los trabajadores, lo han transformado a Perón en el político capaz de conducirlos y cohesionarlos a todos.

Otro acontecimiento que marca el liderazgo de Perón es el 19 de septiembre, donde todos los sectores que apoyan al embajador Braden y a la Unión Democrática, redoblan sus esfuerzos organizando la “Marcha de la Constitución y la Libertad”, la cual reúne a todos los sectores opositores, generando marchas y protestas multitudinarias, para la caída del gobierno militar y, más que nada, en contra de la figura de Perón, reclamando a su paso, la entrega del gobierno nacional al Presidente de la Corte suprema de Justicia, elecciones inmediatas y libres, sin estatuto de partidos políticos, y sólo con el acuerdo de la ley Sáenz Peña. El lema de esta es “No al gobierno del Ejército. Gobierno del pueblo y gobierno para el pueblo” según informa el Diario “El Mundo”. Esta marcha, según los informes, contó un masivo apoyo, estipulado en 300.000 personas; en esta marchan, en primera fila, personajes de la oligarquía, y sectores de partidos conservadores, socialistas, comunistas y radicales, hasta el mismo Braden, antes de volver a Estados Unidos por decisión del presidente Truman para emprender otro pedido, estuvo en la misma.

Es sabido que Juan Perón buscó sacarle mérito e importancia a la marcha, pero la realidad es que ésta generó varias consecuencias en su cargo como Secretario y Vicepresidente, añadiendo que varios integrantes del gobierno, como el anterior mencionado Vernengo Lima, y un gran sector de la Marina, a la cual Lima representa, ya habían determinado la necesidad de quitar a Perón de las filas del gobierno.

Debido a estos hechos y presiones mencionadas, Juan Domingo Perón, el 8 de octubre de 1945, debe renunciar a sus cargos, tanto de Secretario de Trabajo y Previsión como de Vicepresidente de la Nación, y Ministro de guerra, siendo desplazado por el general Eduardo Avalos, un allegado a Lima y partidario de la conspiración en contra de Perón. Ahora bien, las consecuencias de la renuncia de Perón se vieron reflejadas en el Movimiento Obrero y en las clases que apoyaban al general, ya que, enterados por la decisión, salen a las calles cercanas a la Secretaria de Trabajo y Previsión (aproximadamente un grupo de 80.000 trabajadores). En este acontecimiento, Perón ofrece un memorable discurso, en el que trata de identificar a los enemigos de la patria, pero a su vez, con la intención de tranquilizar a estos sectores, prometiéndoles que sus conquistas alcanzadas no serán pisadas ni perdidas; es así que, en este discurso, surge la frase:

“Por ello, les pido también que conserven una calma absoluta y cumplan con lo que es nuestro lema de siempre: del trabajo a casa y de casa al trabajo. (continua) No debemos, por ninguna causa, exponer la tranquilidad de un obrero o la felicidad de una familia. Hemos de luchar con inteligencia y organización, y así, el triunfo será nuestro. El señor presidente me ha prometido que la obra realizada y las conquistas alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso. Pido, pues, el máximo de tranquilidad a todos, tranquilidad y calma es lo que necesitamos para seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que, en el futuro, sean invencibles. Y si un día fuese necesario, he de formar en sus filas para obtener lo que sea justo. Mientras tanto, que sea la calma y la tranquilidad lo que guíe los actos de los obreros, para que no se perjudique esta magnífica jornada de justicia social”

Luego de este memorable discurso, el 11 de octubre, Juan es llevado preso, por órdenes del presidente Farrell, a la isla Martin Rodríguez. El poder y legitimidad de Farrell comienza a perder peso y surge el de Avalos, y el de dos personajes más, como Vernengo Lima, anteriormente mencionado, y el de Dr. Juan Álvarez, personaje del conservadurismo opuesto rotundamente a Perón.

Preso el general, se originan presiones formidables en el movimiento obrero, que se inquietan por el encarcelamiento de Perón. Aquí surge una figura muy importante dentro del peronismo, que es Domingo Mercante, gran amigo de Perón; Mercante fue el intermediario de Perón con los sindicatos, para indicarle todas las novedades y cómo se engendrará el proceso; la misma Eva se encarga de comunicarle el estado de la ciudad y los sindicatos.

Es así como, el 16 de octubre de 1945, los sindicatos dan la directiva de paralizar las actividades, para la libertad del general, que ya se encontraba en el hospital militar por leves problemas de salud. En este sentido, varios sindicatos comunican los siguiente:


“El coronel Perón no solo está en el corazón de los obreros sino en el de todo el pueblo honrado. Si este cuerpo no resuelve la huelga general, les puedo asegurar que será impotente para contener la huelga que se producirá lo mismo por el estado emotivo de los trabajadores”

Finalmente, el 17 de octubre, aproximadamente más de 500.000 personas marchan por la liberación de Perón. Para ver a su conductor y líder, tal como lo indicó Arturo Jauretche: “Era el suelo de la patria sublevada”; ya que lo que movilizó a aquellas masas hacía Perón no fue el resentimiento, fue la esperanza o, como dice Fermín Chávez; “era la verdadera fiesta del alma de las multitudes con un sentido profundo y sereno de justicia; obtener la liberación de su líder”. Es indudable la significación del 17 de octubre como reflejo del liderazgo y legitimidad de Perón, basado en esta nueva cultura política que se gesta y que se verá reflejado durante sus presidencias; teniendo en cuenta que la movilización popular produjo la liberación de Perón, y la destitución de Lima, de Eduardo Álvarez y, en su lugar, asumen como ministros Juan Pistarini y el teniente Sosa Molina (que luego formarán parte del gabinete en las presidencias de Perón)

Por lo tanto, es importante destacar el papel de Perón como el nuevo líder del pueblo argentino, sustentado en todos los sectores antes mencionados, que lo llevan a la presidencia, en las elecciones del 24 de febrero de 1946 y a su asunción, el 4 de junio de 1946, frente a una oposición conformada en las figuras de los candidatos José Tamborini y Enrique Mosca, pertenecientes a la Unión Democrática.

Referencias

Anterior articulo: https://www.koinon.com.ar/post/las-fuerzas-sociales-del-17-de-octubre

Articulo “El camino a la victoria: del 17 de octubre al 24 de febrero”: https://www.koinon.com.ar/post/el-camino-a-la-victoria-del-17-de-octubre-al-24-de-febrero

Azarretto, Roberto (1983). “Historia de las fuerzas conservadoras”. Buenos Aires, Argentina, CEAL.

Galasso, Norberto (2016). “El 17 de octubre de 1945”. Buenos Aires, Argentina, Ediciones Colihue.

Luna, Felix (1984). “El 45”. Buenos Aires, Argentina.

Perón, Juan Domingo (2012). “Filosofía Peronista”. Buenos Aires, Argentina, CS Ediciones.

Perón, Juan Domingo (1949). “La comunidad Organizada”. Buenos Aires, Argentina.

Perón, Juan Domingo. “Tercera Posición y Unidad Latinoamericana”.

Perón, Juan Domingo (1947). “Doctrina Peronista, Filosófica, Política y Social”. Buenos Aires, Argentina.

Rapoport, Mario. Spiguel Claudio (2009). “Relaciones tumultuosas, Estados Unidos y el primer peronismo”. Emecé, Buenos Aires, Argentina.

Rein, Raanan (2015). “Los muchachos peronistas judíos”. Sudamericana, Buenos Aires, Argentina.

Torres, Juan Carlos (2002). “Los años peronistas (1943-1955)”. Buenos Aires, Argentina.

Waldman, Peter (1973). “El Peronismo, 1943-1955”. Hyspamerica, Buenos Aires, Argentina.

[1] Galasso, Norberto, (2016) “El 17 de octubre de 1945”, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Colihue. [2] Félix Luna, “El 45”.

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