¿El Heartland cambia de manos? Segunda Parte

Por Lautaro Garcia Lucchesi

Análisis de la dinámica geopolítica actual en el continente Euroasiático


Ponencia presentada en la IV Conferencia Mundial de Relaciones Internacionales “Cambio de Agenda, los desafíos de la nueva realidad global”, organizado por el Centro de Estudios Estratégicos de Relaciones Internacionales (CEERI).

3- La situación en Medio Oriente

Ya hemos hecho mención, en el apartado anterior, a ciertos cambios que se han producido en la región de Medio Oriente. En este apartado intentaremos, de forma breve, profundizar un poco más sobre dicha situación.


Como destaca Gabriel Merino (2014), la política norteamericana llevada adelante por Obama en esta región buscaba evitar, o retrasar en el tiempo, un enfrentamiento abierto con Irán:


Es a través de las operaciones de inteligencia, pertrechamiento de terroristas y rebeldes, el aislamiento y el bloqueo económico la forma de enfrentarse a Irán, Palestina, Hezbolá y el gobierno Sirio, promoviendo crisis internas en los Estados y las fuerzas contrarias a sus intereses. Solo en última instancia creen factible una guerra convencional en Irán, agotadas las instancias anteriores (p.33).


Sin embargo, esta estrategia no ha resultado del todo fructífera. La ola de crisis en el mundo árabe y la mayor inestabilidad en la región no derivó en un fortalecimiento del control norteamericano sobre la región sino que, por el contrario, los que avanzaron fueron los rusos y los chinos.


Como también reconoce Merino (2014),

La puja por el control de las materias primas energéticas es un primer elemento central de estos enfrentamientos. El avance de China sobre África como principal país inversor y comprador de materias primas, así como el aprovisionamiento energético del gigante asiático con el petróleo de Medio Oriente (...) es un dato central para comprender la puja sobre esas regiones (pp.45 y 46).


En toda guerra o enfrentamiento político-estratégico, una de las principales formas de vencer la estrategia del enemigo es cortando (o controlando) sus líneas de abastecimiento. En este sentido, por ejemplo, se vuelve central el control del estrecho de Ormuz, la salida del Golfo Pérsico al Océano Índico, por donde pasa el 40% del petróleo mundial, en donde limita Irán, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Por ello, en general, todos los estrechos y pasos estratégicos son motivos de disputa y están en el ojo de los enfrentamientos (p.46).


Estos elementos destacados explican el reciente acuerdo entre China e Irán. Como explican Vadell y Zaccara (2020), este acuerdo contempla:


A. un plan a largo plazo de inversiones chinas en infraestructura para modernizar la industria en Irán que abarcan desde los combustibles fósiles, las carreteras, las telecomunicaciones, los puertos (entre los que se encuentran el estratégico puerto iraní de Chabahar) y los ferrocarriles, con foco en la línea Teherán-Mashhad que conectará con Afganistán y el puerto seco de Khorgos, en Kazajistán, completando el recorrido del “Tren de la Ruta de la Seda”;


B. el incremento de la cooperación financiera (inversiones estipuladas en US$ 400 mil millones, de los cuales US$ 228 mil millones serán aportados por el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, del cual Irán es miembro desde la firma del acuerdo en 2016);


C. y el aumento de la cooperación en los ámbitos culturales, educativos, científicos, legales, legislativos, y militar, con especial énfasis en la coordinación política en la lucha contra el terrorismo y maniobras militares conjuntas.


Como era de esperarse, los Estados Unidos no se quedaron callados. Sin embargo, su respuesta fue más bien discursiva que real. Desde el Departamento de Estado, acusaron a China por socavar su propio objetivo de promover la estabilidad y paz en la región, y amenazaron con imponer algún tipo de sanción contra todas las empresas chinas que presten ayuda a Teherán.

También puede interpretarse esta acción de China como una respuesta a la decisión de Trump de volver a imponer sanciones y embargos contra Irán, ya que el gobierno chino había llamado a Estados Unidos a preservar el Acuerdo Nuclear con Irán, algo que no fue escuchado por la administración Trump.


En esta iniciativa de EE.UU. de sancionar nuevamente Irán, el país norteamericano se encontró absolutamente aislado. En el Consejo de Seguridad, Francia, Alemania, Rusia y Reino Unido rechazaron que los Estados Unidos tuvieran la potestad de extender el embargo, ya que Trump se retiró del Acuerdo Nuclear con Irán, de forma voluntaria, en mayo de 2018. Por eso, las nuevas sanciones carecerían de valor jurídico. Las autoridades norteamericanas argumentaron que siguen siendo parte del acuerdo, aún a pesar de haberse retirado, y por eso se basa en el dispositivo de “snapback”, incluido en el acuerdo, para reimponer las sanciones. Además, las sanciones que introdujo Trump correrían por cuenta de la ONU, aún a pesar de que el organismo multinacional afirmó que la decisión no depende de los Estados Unidos. Una clara decisión unilateral. También busca comprometer a sus aliados europeos a garantizar el cumplimiento de las sanciones, algo que sus aliados no quisieron aceptar.


Con este nuevo acuerdo de cooperación, Irán ya no se encuentra aislado frente a Occidente, sino que cuenta con un aliado muy importante, que le ofrece una salida para descomprimir su asediada economía; esto también significa el fracaso de la política de contención y aislamiento por la que hace tiempo los Estados Unidos vienen apostando.


El otro elemento que me gustaría destacar en este apartado es la disputa, en el Mediterráneo oriental, entre Turquía y Grecia. La razón es que Turquía es un aliado fundamental de los Estados Unidos contra China y Rusia, pues si Turquía lograse controlar el mar Negro, el Mediterráneo oriental y el Caspio, China ya no podría penetrar en esta región. Turquía es consciente del valor que Estados Unidos le asigna, por eso aprovecha su situación para intentar avanzar en ciertos intereses territoriales, como las aguas ubicadas entre Grecia y Chipre, con sus abundantes reservas de petróleo y gas. Grecia rechazó el avance turco y la UE lo apoyó. Emmanuel Macron instó al gobierno de Erdogan a abstenerse de cualquier otra intervención unilateral y propuso una cumbre para tratar el conflicto, lo cual calmó los ánimos de ambos actores involucrados.


En este conflicto en el Mediterráneo oriental, también hay que reconocer la participación de Israel. En enero de este año, Israel firmó, junto a Grecia y Chipre, un acuerdo para la construcción de un gasoducto submarino que permitirá transportar gas hacia Europa, sin la necesidad de atravesar el territorio turco. Junto con esto, se conformó el Foro de Gas para el Mediterráneo Oriental, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, y que está conformado por Egipto, Israel, Grecia, Chipre, Italia y Jordania, dejando afuera a Turquía; para este último, el foro compone una organización anti-Ankara.


Esta es una nueva tendencia, pero un descontento de Turquía por el trato de sus aliados para con ella puede ser peligroso, no sólo por lo mencionado anteriormente de que funciona como contenedor de China en el Mediterráneo, sino también por el temor que representa para Europa la cuestión de los refugiados. Turquía actúa como un contenedor de los flujos de migrantes que buscan acceder a Europa a través de ella, y ya sabemos la crisis humanitaria y política que causó en 2015, al permitir a los migrantes llegar al Viejo continente.

4- La puja de la UE por mayor autonomía

En este tercer apartado, me gustaría abordar dos elementos que permiten visualizar la intención de la UE, particularmente de Francia y Alemania, de pugnar por un mayor autonomía en su política exterior, abandonando un poco el rol de vagón de cola de los Estados Unidos.


El primero es la controversia entre Alemania y los Estados Unidos por la construcción del gasoducto Nord Stream 2. Este gasoducto busca transportar gas natural ruso directamente a Alemania a través del mar Báltico, a un valor menor que el actual, garantizándole a Europa el acceso a un recurso crítico y, por lo tanto, su seguridad energética, evitando el paso habitual por Europa del este. Esta iniciativa es impulsada por una alianza de empresas de Rusia, Alemania, Austria, Francia y los Países Bajos y prevé la construcción de dos ramales para transportar hasta 55.000 millones de metro cúbicos de gas.


Asimismo, Merkel lo impulsa como forma de completar su nueva matriz energética, que busca abandonar la energía nuclear y el carbón por energías más limpias; así como también constituye un instrumento para mantener a Rusia como un aliado dentro de la órbita europea, en vez de un enemigo al que hay que aislar, lo cual lo pondría aún más del lado de China.


Tanto Estados Unidos como varios países de la UE, así como los partidos políticos opositores a Merkel, se oponen a este proyecto de infraestructura. Estados Unidos quiere que la UE adquiera el gas natural licuado de los yacimientos de esquisto norteamericanos, así como también considera que este proyecto pone en juego la seguridad de la UE, pues Rusia podría cortarle el suministro de un recurso fundamental. Ya a finales del año pasado, Trump anunció sanciones contra algunas de las empresas que participaban en su construcción, lo que obligó a posponer la entrada en operación de este gasoducto, que estaba justamente dispuesta para finales de 2019. De hecho, América Hernández (2020) propuso seis opciones para dejar sin efecto el Nord Stream 2:


1. Presionar a la autoridad minera regional de Stralsund y la Agencia Federal Marítima e Hidrográfica para que revoquen sus permisos de construcción del gasoducto.

2. Observar los procesos judiciales con las ONG medioambientales que se oponen al proyecto. 3. Emitir una restricción nacional a las importaciones de gas ruso.

4. Dejar que las sanciones de EEUU ahoguen el proyecto, pero esta opción "supone cierto riesgo para Alemania".

5. Presionar para que se impongan sanciones a nivel de la UE. "Esta es la opción activa más segura, ya que asegura que Alemania no se arriesgue sola".

6. Negarse a dar luz verde a la finalización del proyecto. "Incluso si no se toman medidas adicionales por parte de Alemania o la UE, el Nord Stream 2 todavía se enfrenta a muchos desafíos para obtener una licencia de operación".

También Ucrania se opone fuertemente al proyecto, ya que su concreción supondría una pérdida de más de €1.800 millones, que es lo que adquiriría por los derechos de tránsito del gas que, actualmente, llega a Europa a través de su territorio.


El reciente envenenamiento del opositor ruso Alexéi Navalny parecía poner en entredicho la concreción del proyecto. Sin embargo, toda la coalición gubernamental alemana salió a apoyar la continuidad del proyecto, rechazando la intención norteamericana de intervenir en las decisiones soberanas de Alemania. Aquí tenemos el primer planteamiento autonómico de un socio fundamental de los Estados Unidos, como lo es Alemania.


La concreción de este proyecto también sería una victoria para Rusia, pues le permitiría presentarse como un socio de Europa, así también como una alternativa a la actitud coactiva de Estados Unidos para con la región. Recordemos que el propio Mackinder consideraba que una alianza entre Rusia y Alemania significaría la gestación de una potencia que controlaría todo el Heartland, algo que Estados Unidos debería evitar a toda costa, como debió evitarlo Gran Bretaña es su período de auge como potencia imperial.


En este sesgo autonómico alemán también hay que destacar el acercamiento de la UE con China para la concreción de un acuerdo por el cual China removería barreras para el ingreso de inversores europeos, incluyendo la ampliación del acceso a áreas reservadas para empresas chinas, así como también abordar las transferencias tecnológicas forzadas y nivelar el campo de juego con las empresas estatales chinas. Sin embargo, estas negociaciones están parcialmente estancadas por la cuestión del respeto a los derechos humanos por parte del gobierno de la República Popular China y por las acciones unilaterales de éste en el mar del Sur de China. No obstante, de concretarse, sería un fuerte golpe para los Estados Unidos y Trump pondría el grito en el cielo.


De hecho, Merino (2014) destaca una nota de Martin Wolf en el Financial Times del año 2010, la cual


sintetiza numerosas opiniones y refleja la identificación de Alemania y China como adversarios de las fuerzas angloamericanas y el capitalismo global. (...) El problema es que ni China ni Alemania cedieron a las presiones para modificar su política de agresiva exportación-ahorro-superávit comercial-inversión. En concreto, además de acusar a estos países como los causantes del desequilibrio económico mundial que produjo la crisis, a Alemania le reclaman que deje su política de ahorro y aumento de la competitividad de la industria y destine recursos al consumo mediante el incentivo de su demanda doméstica, disminuyendo su superávit y contribuyendo a la demanda global; mientras que a China la presión en el mismo sentido está puesta para que modifique el tipo de cambio, fijado por el estado intencionalmente alto con respecto al dólar, lo que hace muy competitivas (baratas) sus exportaciones y bajos los costos de producción local, y para que también incentive su demanda doméstica y con ello la demanda global. Esto es lo que está en discusión en la crisis de 2010, en la cual el eje de las contradicciones pasa por Europa, y China aparece como aliada de la estrategia alemana, observándose un nuevo cambio cualitativo en el despliegue de la multipolaridad (pp. 36 y 37).


En este marco, cobra sentido la disputa comercial de Trump contra China y la UE, pues el déficit de balanza comercial norteamericano es concebido como un factor de debilidad que genera una transmisión de riquezas hacia el exterior que “deberían” pertenecerle a los Estados Unidos. El problema es que esta actitud de Trump contra enemigos y aliados por igual aleja a éstos últimos de su posición, profundizando ese sesgo autonómico, pues Estados Unidos quiere cosechar todos los beneficios de su posición dominante sin enfrentar ninguno de los costos, como puede ser la provisión de bienes públicos globales, por ejemplo.


El segundo elemento a destacar en esta puja por mayor autonomía es la propuesta franco-alemana de crear un Ejército Europeo. Macron (2017) argumentó que una de las claves para la soberanía europea, en términos de defensa, es


Dotarse de una fuerza de intervención común, un presupuesto de defensa común y una doctrina común para actuar. La creación del Fondo Europeo de Defensa y la cooperación estructurada permanente deberían fomentarse lo antes posible y complementarse con una iniciativa de intervención europea que permita una mejor integración de nuestras fuerzas armadas en todas las etapas; En la lucha contra el terrorismo, Europa debe garantizar que nuestras capacidades de inteligencia se unan mediante la creación de una Academia Europea de Inteligencia; La seguridad debe garantizarse, juntos, en todas sus dimensiones: Europa debe estar dotada de una fuerza común de protección civil.


Asimismo, Merkel (2018), en un discurso ante el Parlamento Europeo, propuso la creación de un verdadero ejército europeo, que actuaría como complemento de la OTAN, para: “demostrar al mundo que nunca más habrá guerra entre nuestro países”. Merkel, al defender la propuesta de Macron, además agregó que: “lo que no me gustaría es que los países europeos aumentaran su presupuesto en defensa para comprar armas a Estados Unidos o a otros países”.


Trump ya había atacado a Macron por esta propuesta, presionando para que las autoridades europeas aumentaran el gasto en defensa en el marco de la OTAN, algo que logró a finales del 2018, cuando los países miembros de dicha alianza aceptaron llevar su gasto hasta el 2% para el 2024. Sin embargo, recientemente ha surgido una versión que afirma que, de ser reelecto, Trump podría retirar a Estados Unidos de la OTAN, lo cual sería una victoria para Putin y Xi Jinping, pues ya no tendría que lidiar con la presencia norteamericana en el continente europeo. El Heartland quedaría absolutamente a merced de ambos países, lo cual podría desatar un conflicto entre ambas potencias por el control de la isla mundial. Sin embargo, lo importante a destacar es que esta acción de Trump significaría, en términos de Brzezinski, la claudicación de EE.UU. como potencia, pues el continente euroasiático es el tablero en el que se define la lucha geopolítica por la supremacía global.

5- Conclusiones

En síntesis, lo que este trabajo ha permitido observar es la dinámica geopolítica actual en el Heartland mackinderiano, a partir de tres escenarios. En el escenario asiático, tenemos una relación triangular entre Rusia, India y China, con una Rusia actuando como pivote entre ambos. La iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda incomoda a la India, pues pone bajo el control del gigante chino a gran parte de Asia Central y Occidental, llegando a Europa, lo que le permite a China proyectarse como una verdadera potencia euroasiática, algo que la India ambiciona. Al mismo tiempo, la India se siente amenazada por este avance, por eso se apoya en Rusia como forma de contener el avance de China, especialmente teniendo en cuenta las disputas fronterizas entre ambos y el apoyo del gobierno chino a Pakistán, enemigo absoluto de la India.

En esta estrategia de contención, la India también se ha apoyado en la potencia norteamericana, la cual haya cada vez más dificultades en la contención de China, ya que su presencia en ese territorio se limita a lo naval, y su aliado japonés ya no es capaz de apoyarlo, al punto de que, con enorme frustración, se ha adherido a la OBOR.


En Medio Oriente, la imposibilidad de utilizar a Siria como contención contra Irán, y el reciente acuerdo entre este país y China, ha obligado a los Estados Unidos a reconocer el fracaso de la estrategia en esta región, apostando por una estrategia basada en el acuerdo que no parece tener mucha proyección, pues la condición para su éxito es la aceptación de Palestina de esta estrategia, lo cual ya han rechazado. Por lo tanto, incluso si estos acuerdos se extendieran a otros países árabes, no evitará que Hamás y Hezbolá continúen con sus operaciones.


Al mismo tiempo, el aliado turco no se muestra conforme con el Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, que lo deja fuera del importante proyecto en favor de Israel. Aprovechando su posición estratégica en el intento de contención de China en el Mediterráneo, ha avanzado en dicho mar en la búsqueda de apropiarse de los yacimientos hidrocarburíferos de Chipre y Grecia, generando un perjuicio a las empresas europeas que buscaban aprovecharse de esos recursos, lo que generó la reacción de la UE. Turquía respondió amenazando con permitir el ingreso de los refugiados a Europa.


En cuanto al Viejo continente, tenemos una puja franco-alemana por mayor autonomía respecto a los Estados Unidos, con ciertos acercamientos a China y Rusia que enojan a los Estados Unidos, que parecen encaminarse, de ganar Trump, a una estrategia de mayor aislamiento. Aunque muchas de estas tendencias son incipientes y de ninguna manera pueden considerarse como continuidades, deben ser un llamado de atención para los Estados Unidos, si es que quiere continuar siendo una potencia global. Si opta por abandonar la contención de China y cerrarse en sí mismo, abandonando la disputa en el continente euroasiático, no hay nada que garantice que podrá volver a ocupar su lugar en el corto plazo.


Trump rompió con la idea de “hegemonía benigna” que proponía Brzezinski y, de optar por un mayor aislacionismo, estaría permitiendo lo que el asesor de Jimmy Carter consideraba fundamental evitar: el surgimiento de un poder dominante en Eurasia que pudiera disputarle la hegemonía global.

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