El Genio Maligno, Calvo y sin Desmesuras

Por Silvano Pascuzzo

Los últimos meses han visto, en Argentina, una reconstrucción acelerada de la capacidad de la derecha para retomar el control de la agenda política; usando los medios masivos de comunicación y a una minoría de facciosos, movilizados por un visceral rechazo a todo lo popular. La idea de que la “grieta” puede cerrarse, demuestra ser absurda e ineficaz, a la hora de poner límites al avance de los sectores más cerradamente gorilas de nuestra sociedad.

El Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, es una pieza clave de este entramado de nuevas relaciones políticas, que ha construido el Neoliberalismo en la Región y en el país. En apariencia moderado, es en realidad un defensor incondicional de los argumentos más conservadores, lo que ha puesto de manifiesto en más de una oportunidad; en el curso de las conferencias de prensa que, inexplicablemente, el Presidente de la Nación le regala en bandeja, cada catorce días.

Mientras Mauricio Macri vacaciona en París, y maneja los hilos de la “resistencia civil” de los fascistas de la clase media; Larreta rompe las disposiciones sanitarias del Gobierno Nacional, jugando al tipo serio y mesurado. Con amplio espacio para avanzar en sus planes, los grupos opositores están a sus anchas, desplegando una estrategia, hasta ahora, muy exitosa; que busca mostrar al Estado como arbitrario, cruel, despótico, al mismo tiempo que desnuda la impotencia de éste para hacer cumplir la Ley.

Muchos de nosotros nos preguntamos, a qué se debe esa impunidad; que los ha sacado de una derrota contundente en las urnas, y les ha dado la chance de ser protagonistas tan pronto, una vez más, de la vida política. Se los ve tranquilos, distendidos, haciendo un juego efectivo y constantemente en ascenso; mientras al oficialismo se lo vislumbra errático, paquidérmico, sumido en el temor y las vacilaciones. Convencido de una debilidad que nunca tuvo en los inicios de su gestión; y que ahora es el resultado de sus propias elucubraciones.

Los llamados de distintos compañeros y compañeras, para que se tomara conciencia de que el rumbo es incorrecto; de que, de esta manera, nada de lo prometido al electorado en 2019 podrá cumplirse a carta cabal, han caído en saco roto. Obstinado en su “fundamentalismo dialoguista”, el Presidente cada vez decide menos, cada día se desdibuja más, cada hora que pasa, pierde incluso capacidad de comunicar; quizás su único punto fuerte hasta la fecha.

Pasan las semanas y el Congreso no trata proyectos claves, el Ejecutivo no controla la agenda pública y los periodistas a sueldo de las corporaciones, presionan porque “huelen sangre” con gran vigor y contundencia; sobre un Poder Nacional que se justifica, por cada paso que da, como culposo. El Peronismo aparece, por primera vez desde 1983, tanto o más confundido que los gobiernos de otro signo; incapaz de gobernar con eficiencia y responsabilidad práctica.

Tampoco es efectivo el uso del aparato de medios a disposición del Frente de Todos, mucho más variado y sólido del que disponían Néstor y Cristina; en parte, porque algunos comunicadores usan un modo burdo y descaradamente oficialista – casi tan impúdico como el utilizado por Clarín y La Nación en los tiempos de Cambiemos – y, en otra gran parte, por el evidente desconcierto y la inocultable incomodidad de compañeros y compañeras, que se desviven por empujar una carro, que sus propios dueños no desean que lo haga. Anuncian iniciativas abortadas, planes inconducentes y políticas que no cuajan en la realidad, que no terminan de implementarse. Una tarea imposible.

En una palabra, vemos un escenario peligroso, en el que no se reportan avances de peso en los múltiples campos de la gestión pública; y, para peor, no se desarrolla una estrategia alternativa, ante la evidente paralización en la toma de decisiones. La Crisis Económica no cede, los cambios en el frente judicial se demoran otra vez, el impuesto a los ricos y la nacionalización de una parte del complejo agroindustrial muere antes de haber nacido; mientras, ahora, incluso el manejo en apariencia aceptable de la pandemia de COVID 19, se deshilacha por falta de determinación en la aplicación práctica de las disposiciones normativas.

Nos preocupa que la Conducción Estratégica del Kirchnerismo no vea esto y no haga los esfuerzos necesarios para corregir un rumbo que nos debilita cada día más. Estamos preocupados, inquietos. Nos quedamos esperando un relanzamiento del Gobierno que no llega; una profundización que no aparece; una mirada menos dogmática e idealista. El tiempo transcurre sin cambios, sin respuestas.

Las elecciones de medio término están a la vuelta de la esquina. Nada garantiza que lo que fue eficiente en 2019, vaya a serlo en 2021. La Provincia de Buenos Aires es presa de la alianza del oficialismo con Larreta; y el Gobernador – con inocultable fastidio – trata de mantener el decoro y los buenos modales, en medio de una ecuación que le pone en riesgo su propia sustentabilidad, al exponerlo a una explosión del sistema de salud bonaerense, como efecto contagio de una Ciudad de Buenos Aires que apuesta a la normalización de todas sus actividades, y a la expansión incontrolada de la enfermedad.

Repetimos una vez más, a riesgo de ser cansadores. Si no se corrige el rumbo, si no se toma conciencia de que la composición de lugar que se ha hecho desde el Gobierno es errada; que su política económica y sanitaria carecen de contundencia y hondura; se corre el peligro de frotar la lámpara con inconciencia, despertando al Genio Maligno, calvo y sin desmesuras, que espera agazapado para volver por los fueros, ante la banalidad de los que decían, hace apenas unos meses, ser sus más eficientes verdugos.

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