El fin del crisol de razas: “la inauguración de una Argentina multicultural”

Por Matías Slodky

Sin dudas la aparición del peronismo en la Argentina, por aquel distante 1945, produjo que ciertos enunciados y valores del país y la sociedad caigan para siempre, mientras que otros se arraiguen también para siempre 1 . El peronismo, como movimiento democrático y popular, logró terminar con la lógica liberal y positivista de la oligarquía, denominada crisol de razas, es decir, la idea que primó, durante más de 50 años, de una Argentina “blanca”, “europea”, “católica”, la cual los gobiernos conservadores predecesores al peronismo han ponderado sistemáticamente. Un claro ejemplo de las arbitrariedades decretadas por los anteriores gobiernos al peronismo se observa en sus políticas de inmigración orientadas a “blanquear” la población, con el objetivo de garantizar el orden y el progreso. Estableciendo así, las bases de una sociedad nobiliaria o de “notables” con derechos restringidos, incluso entre los nuevos inmigrantes, a los que les tocó sufrir la pobreza, la xenofobia, y más aún, si su ascendencia era judía, el antisemitismo.


El pasado lunes 4 de noviembre, tuve el agrado de entablar un breve diálogo con el historiador israelí Raanan Rein -vicerrector de la Universidad de Tel-Aviv y director del centro de S. Daniel Abraham de estudios internacionales y regionales de la misma universidad-, el cual, en sus innumerables obras, entre las que se encuentra; “Los muchachos peronistas judíos” 2 , investiga y postula varios enunciados y mitos históricos sobre la figura de Juan Domingo Perón, el peronismo, la segunda línea peronista, los medios de prensa extranjeros – en su visión del peronismo- y, quizás lo más destacable, el rol de la comunidad judía argentina dentro del movimiento peronista, donde se encuentra una clara segunda línea dirigencial peronista de origen judío, que va desde la OIA (Organización Israelí Argentina), sectores de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), varios sindicatos e incluso ministros, asesores, embajadores, empresarios cercanos a Perón, como también muchos amigos personales del ex presidente con origen también judío/israelí.


En cuanto a la desmitificación de varios conceptos y “presuntas verdades” instauradas en la sociedad argentina -en la que se incluye la comunidad judía de nuestro país- y en varias sociedades extranjeras, como es la estadounidense o la europea, Raanan se propone desafiarlas. Algunas de estas “verdades” postulan un “Perón nazi”, “nazifascista”, “antisemita”, “en contra de la comunidad judía”, “receptor de criminales de guerra nazi”, entre muchos otros mitos -absurdos y engañosos- que todo judío argentino, hemos escuchado de algún ágrafo “X” o hasta de profesores e historiadores. Es por esto, el valor agregado que suma la ardua y meticulosa investigación del doctor Raanan Rein, no solo en la desmitificación de mitos, sino también, -en la aludida- segunda línea del gobierno peronista, con mucha ascendencia en las

comunidades judías argentinas.


Es oportuno, a mi juicio, realizar una breve reseña o recorrido histórico, que aporte vigor a este razonamiento, sobre el rol de la comunidades semitas, y el por qué el peronismo fue el movimiento político que inauguró la concepción de una Argentina multicultural, que catapultó a la vida política a distintas minorías étnicas, en este caso, los argentinos de origen judío y que, además, realizó incontables luchas, desde una política pública contra la discriminación y el antisemitismo en la Argentina, poniendo fin a la concepción nombrada en el título del crisol de razas.


En primera instancia, durante la gran ola inmigratoria a la Argentina entre 1889- 1930, más de cien mil judíos de origen europeo y ruso llegaron a nuestro país de forma permanente, escapándose de la miseria y el hambre europeo, sumado a las posteriores y sangrientas Guerras Mundiales, -en ese entonces se observaba una Europa que expulsa población, muy contrario a la actualidad-


. Esta inmigración fue promulgada arduamente por nuestro Estado, estimulando la recepción de inmigrantes, por la vieja concepción positivista de “blanquear” la sociedad y cambiar la composición demográfica, asumiendo que esta ola inmigratoria provendría de la Europa del noreste industrializado y protestante. Muy contrario a ese deseo, la gran oleada provino de los sectores empobrecidos del sur y el este europeo que, en su mayoría, profesaban religiones no cristianas y, además, no poseían los genes “blancos” que tanto demandaban nuestras élites sociales. Es, en este contexto, en el cual surgen las primeras voces xenofóbicas, y la consolidación del “crisol de razas” en la Argentina 3 .


A su vez, la creciente presencia de judíos europeos -llamados asquenazíes o sefardíes, dependiendo la región- se concentran y convierten, con gran notoriedad, en la vista cultural de Buenos Aires, asentándose en las zonas de Once y Villa Crespo. Esto produjo el comienzo de grandes estereotipos racistas, producto de sus ropas, costumbres y apariencia, donde ciertos

“liberales” de la élite los veía como inferiores y contaminantes. Sin embargo, otro porcentaje de judíos, decidieron dedicarse a la agricultura, migrando a las zonas del interior del país, conformando pequeñas colectividades rurales - presentes hoy en día- en regiones como Entre Ríos o Santa Fe, que les valieron el nombre a estos inmigrantes de “Gauchos Judíos”.


Durante los gobiernos de “la Década Infame”, la población judía ascendía ya a casi trescientas mil personas, aunque la consolidación de gobiernos conservadores, como el de José Félix Uriburu, promulgaron restricciones a la inmigración “por el posible ingreso al país de elementos indeseables” 4 , en virtud de una ideología ultranacionalista y xenófoba de la élite política y social - sólo alcanza con leer los titulares del diario “La Nación” para esas fechas, justificando esas decisiones- algo que el gobierno de Juan Domingo Perón cambió rotundamente, quitando estas limitaciones a la inmigración y blanqueando la situación de más de 10.000 judíos indocumentados.


Ahora bien, durante el proceso de la revolución del ‘43 por parte de un sector nacionalista del ejército -GOU-, en contra del gobierno fraudulento de Castillo y la postulación de Robustiano Patrón Costas a la presidencia, en donde, entre sus filas se encontraba Perón, insertó en el gobierno y sus figuras dirigentes con concepciones judeofóbicas y antisemitas, como los formantes de la Alianza Libertadora Nacionalista -que luego es opositora a Perón y conforma el golpe de 1955-. Esta alianza, germinada de esta revolución del ‘43, acrecentó el antisemitismo, con ministros polémicos como Luis Perlinger o el posterior canciller Orlando Peluffo 5 , y también intelectuales como Gustavo Martínez Zuviria. A estos se sumaron los sectores xenófobos, que estimularon la violencia y la discriminación a la colectividad de argentinos judíos con estigmatizaciones o estereotipos.


A partir de 1945, cuando la figura de Perón adquiere más relevancia en los asuntos políticos y sociales del país, luego de estar en la “Secretaria de Trabajo y Previsión”, y posteriormente como vicepresidente, muchos opositores intentaron adjudicarle la carátula de un líder fascista y antisemita -observable en los textos del embajador Spruille Braden, “Libro Azul”- debido a supuestos dichos que nunca la historiografía pudo documentar, o incidentes en el proceso histórico del 17 de octubre de 1945, donde algunos sectores ultranacionalistas que apoyaban a Perón causaron disturbios en la ciudad -algo que el partido laborista de Perón, que contaba con integrantes judíos, salió a repudiar-, o mismo en el proceso de campaña política de 1946, acusando a Perón de “nazi fascista” como estrategia de difamación. El mismo Perón, en el diario “La época”, condenó enérgicamente los ataques a los argentinos judíos, negando esas ideas en sus principios, acusando al embajador estadounidense y a la oposición de instaurar tales suposiciones.


Otro hecho importante, donde se acusa a la figura de Juan Perón, es durante el estado de neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, cuando era vicepresidente en el gobierno de Edelmiro Farrell. Una acusación sumamente ahistórica debido a que la trayectoria neutralista proviene de la Primera Guerra Mundial, añadiendo que, en la concepción social, la neutralidad a la guerra era percibida como un “orgullo”; a su vez, la posición neutralista era un estándar de política exterior desde el gobierno de Ortiz en 1939, algo que el gobierno de Farrell continuó. A esto se sumó la posición de Gran Bretaña, la cual apoyaba dicha neutralidad para que los productos y alimentos argentinos lleguen al país sin que las fuerzas del Eje ataquen a los buques argentinos. Esta tendencia de “neutralidad” se quiebra en 1945, cuando Perón destituye al canciller Orlando Peluffo, quitando a su paso -como un gran logro en secreto de Perón- elementos nacionalistas en la política exterior argentina, ya que además de destituir al canciller, declara la guerra al Eje, ocasionándole fuertes críticas por parte de la oposición e, incluso, de aliados como lo es el intelectual Arturo Jauretche 6 .


Otro elemento central es la gran propaganda, por parte de Estados Unidos, sobre la visión “Nazi” de Perón, algo que se debió, en primer lugar, a la neutralidad Argentina, que el gobierno norteamericano -tal como se destacó en la charla con Raanan Rein- nunca pudo perdonar a los gobiernos que ejercieron el poder durante la guerra, a pesar de que Juan Perón, al abandonar la política exterior nacionalista, participa de manera activa en la conferencia de San Francisco -la cual da las bases para la creación de organismos como la OEA y, aún más importante, la Organización de las Naciones Unidas (ONU)- con miras a acercarse al gobierno de los Estados Unidos y recomponer las relaciones, deteriorados desde el gobierno de Ramón Antonio Castillo. Estados Unidos y la oposición encabezada por el embajador Braden, condujeron un ataque constante a la idea de un Juan Perón “Nazi”, que predominó en el subconsciente de muchos argentinos, tanto judíos como miembros de otras religiones, como también en las sociedades extranjeras. Algo que la política posterior peronista se ha encargado de desmitificar, luchando contra la violencia antisemita, y acercándose a las comunidades judías, con el complemento de llevar a la vida política dentro del partido a muchos argentinos de origen judío, que van desde, el Rabino Amram Blum -consejero personal de Perón-, Jaime Yankelevich, Pablo Manguel, Enrique Dickman, Moisés Slinin, Cesar Tiempo, Jacob Tsur, Abram Krislavin y Ángel Perelman (fundador de la Unión Obrera Metalúrgica y primer secretario de ésta), entre decenas que

ocuparían numerosos renglones.


Siguiendo con esta lógica, el acercamiento de Perón a la comunidad judía se llevó a cabo desde la OIA, la cual algunos autores identifican como una sección del partido peronista “judío”, debido a la relación que entabló con el movimiento peronista; el director de ésta fue Pablo Manguel -aunque su fundador fue Eduardo Schejtman, oriundo de la colonia judía santafesina Moisés Ville-, quien luego se desempeñó como embajador en el naciente Estado de Israel. Perón fue el primer mandatario latinoamericano en reconocer como Estado soberano y establecer una embajada en la citada nación. La conexión entre la OIA y Perón se dio a través de Ángel Borlenghi, que ocupaba el cargo de Ministro del Interior e integró, en su ministerio, a Abram Krislavin, de origen judío. En uno de los primeros discursos de Perón en la OIA, declaró lo siguiente:


  • “Tengo la impresión de que mucha gente de la colectividad, que nos ha combatido, lo ha hecho engañada, en su mayor parte, como está engañada la mitad del pueblo argentino por los diarios. Yo voy a demostrar con los hechos que no es cierto. [...] Solamente anhelo que todos los que vivan aquí se sientan argentinos, sin tener en cuenta su origen, su procedencia porque estamos demasiado mezclados en este país para semejante discriminación” 7.


Esto demuestra, de forma clara, la posición y acercamiento de Perón a la comunidad judía, rompiendo con la idea del “crisol de razas” e introduciendo a la Argentina en una sociedad democrática y multicultural. Es tal el hecho que Perón decreta feriado nacional, para la colectividad judía, las fiestas de Rosh Hashana (Año nuevo) y Yom Kipur (día del perdón), o mismo la inauguración - por parte del consejero de Perón , el rabino Amram Blum- de la cátedra de Estudios Hebraicos en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Otro cometido en esos primeros años, es el rescate de 47 inmigrantes de origen judío que habían quedado retenidos en Brasil, los cuales ingresan a la Argentina con los correspondientes papeles.


Es por esto importante la desmitificación de una colectividad judía opositora al peronismo; al contrario, los intentos de Perón y su esposa Eva Duarte de Perón -la cual ejerció un rol fundamental con memorables discursos, en los cuales resaltaba que los únicos que habían hechos distinciones de razas y religiones, había sido la oligarquía- por acercarse y luchar contra el antisemitismo, al cual consideraban inaceptable, ya que la distinción de clases y razas era contraria a la concepción básica del peronismo. Otra cuestión interesante es la mirada de Evita, que consideraba un ejemplo de lucha al pueblo hebreo, por la lucha constante por una patria “perdida”; no es casual la creación de una organización cercana a Eva, como lo fue la “Organización Sionista Femenina”.


Es más, durante las elecciones de 1951, la fórmula Perón-Quijano resultó victoriosa en la mayoría de colectividades judías por amplio margen.


Por otra parte, es en esta época donde muchos argentinos -entre ellos judíos- experimentaron los frutos de una política de desarrollo y de distribución, que contempló un gran ascenso social, como fue el caso del emblemático ministro de economía, José Ber Gelbard, en la tercera presidencia de Perón o, asimismo, el apoyo de miles de trabajadores y sindicatos, como la UOM,

dirigida por el argentino de origen judío Ángel Perelman, el cual fue fundamental en las movilizaciones del 17 de octubre, día en que se realizó, de forma definitiva, la alianza de Perón con la clase obrera, que situó a los trabajadores como elemento central del movimiento peronista, donde varios judíos se sintieron identificados y participes de esa movilización popular; es el caso de Ángel Yampolsky quien, posteriormente, integró la lista de diputados por el partido peronista. Otro gran trabajador y sindicalista fue Rafael Kogan - también de origen semita-, secretario gerente de la Unión Ferroviaria (UF).


Con referencia a lo mencionado, se encuentra un importante suceso que le valió a Perón el conflicto con la Iglesia Católica Argentina, la claudicación de la enseñanza católica obligatoria, lo cual quitó influencia a la Iglesia en la enseñanza pública y ocasionó los lineamientos para el quiebre de relaciones con Perón; a esto se le sumó la sanción del divorcio por el gobierno peronista.


Por esto, no es casual la influencia de la Iglesia en la conspiración del golpe efectuado por la denominada “Revolución libertadora” en 1955.


La última cuestión a reivindicar, es la fructuosa relación que realizó el gobierno de Perón y su esposa Eva Perón, con el Estado naciente de Israel, como se mencionó anteriormente, en relación a su reconocimiento y la edificación de una embajada en dicho país. Pero, además, el gobierno peronista realizó un gran acuerdo comercial, que le valió no solo bonanzas al crecimiento del pequeño Estado, sino también el acercamiento de Argentina con el gobierno de los Estados Unidos, el cual comenzó a realizar, al mismo tiempo, inversiones importantes en nuestro país. El Estado de Israel designó como embajador en Argentina a Jacob Tsur, que con el tiempo entabló una gran y cercana relación con Perón, hasta el punto de realizar misiones en nombre de Argentina en EE.


UU., para desmitificar la idea que se tenía del gobierno peronista. En esta vía, los avances de relaciones produjeron la visita de la futura primer ministra de Israel, Golda Meir, y también del presidente Jaim Weizmann. Este último emitió un comunicado especial, en honor y pésame por la muerte de Eva Duarte de Perón, en Julio de 1952. Esta concepción ayuda a entender la visión del matrimonio Perón sobre la construcción de una Argentina abierta y la influencia de la OIA, para las relaciones con Israel.


En conclusión, el peronismo cimentó las bases de la modernización social y cultural argentina, abriendo las puertas a una sociedad “multicultural”, tanto en su respeto a religiones, como también a razas o etnias. El ejemplo brindado aquí, luego de efectuar un breve repaso histórico necesario, a mi juicio, para desenmascarar innumerables mitos sobre la figura de Juan Domingo Perón y del peronismo en general, provee los argumentos, sobre la figura de Perón y los argentinos de origen judío -los cuales pude tratar fugazmente con el historiador Raanan Rein. Otro componente sustancial fue la ruptura del peronismo - como se intentó denostar en esta nota, con varios ejemplos-, con la lógica liberal de nuestra oligarquía, del crisol de razas o la sociedad de “notables”, que solo reconocía a unos pocos y beneficiaba a esa minoría.


Concepto que el peronismo indudablemente cambió, catapultando y otorgando derechos sociales y políticos a los excluidos, desclasados y también olvidados de la sociedad argentina.


Referencias:

1 Luna, Félix, Los 45(1984), Buenos Aires, Argentina, Hyspamerica.

2 Rein, Raanan, Los muchachos peronistas judíos (2016), Buenos Aires, Argentina,

Sudamericana

3 Víctor Mirelman, En búsqueda de una identidad: Los inmigrantes judíos en Buenos

Aires, 1890-1930(1988), Buenos Aires, Argentina, Milá

4 ídem.

5 Luna, Félix, Los 45(1984), Buenos Aires, Argentina, Hyspamerica.

6 Galasso, Norberto, (2016) “El 17 de octubre de 1945”, Buenos Aires, Argentina,

Ediciones Colihue.

7 Ídem

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