El Desvío de la Minoría

Por Elías de la Cera


“Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza”.

-Pedro Calderón de la Barca.


Tenemos, en Koinón, cierta tendencia a reivindicar algunos pensadores desdeñados por la tradición liberal y que las bibliografías obligatorias de las universidades no incluyen entre las cuarenta del mazo. Lo hacemos, quizá, no solamente para sentir el placer de lo furtivo, de lo subversivo, sino porque intentamos seguir las enseñanzas de quien nos supo advertir lo desfavorable de ir al almacén con en el manual del comprador, escrito por el propio almacenero.


Aristóteles es nuestro filósofo de cabecera, y “La Política” un libro de consulta permanente, plagado de palabras subrayadas, anotaciones marginales y manchas de toda índole; pues los bienes son para los usos. Tomaremos, entonces, algunos apuntes extraídos del Capítulo V del Libro Tercero, en donde, exponiendo la teoría de los gobiernos, el filósofo descubre la esencia de la Oligarquía. Trataremos esta cuestión porque la circunstancia es la que obliga, y nos basaremos en Aristóteles porque, como decía Baruch Spinoza: “Todas las cosas quieren perseverar en su ser”.


Resulta primordial poder diferenciar el interés general del interés propio. Sin cometer la torpeza de explicar por qué se diferencian uno de otro, diremos que si el gobierno (a cargo de un solo individuo, a cargo de una minoría, o a cargo de una mayoría) obra en función del interés general, pues estamos ante un gobierno perfectamente puro. Pero si, por el contrario, ese individuo, esa minoría o esa mayoría a cargo del gobierno, obra en función del interés propio en detrimento del interés general, pues entonces, dice Aristóteles, estamos ante un gobierno impuro, desviado del camino trazado por su fin.


¿Cual es ese camino trazado por su fin? se estará preguntando alguien en alguna dimensión espaciotemporal. O mejor todavía: ¿Por qué hacemos todo esto? ¿Qué es lo que nos motiva a emprender esta gesta generosa e interminable?. Según nos da a entender el sabio de Estagira, todas las ciencias, todas las artes, tienen un bien por fin; y el primero de los bienes debe ser el fin supremo de la más alta de todas las ciencias: la política. El bien en política es la justicia, la igualdad, la utilidad general.


Aquellos sectores que, al mando o no del gobierno, afecten el bien común, ni siquiera serán considerados parte de la comunidad; si lo fueran, no podrían esquilmarla sin atentar contra su propia prosperidad. Tal es la esencia de la Oligarquía. Nacida como la desviación del verdadero gobierno de la minoría; la Aristocracia. Pregunto: ¿Será por eso que Domingo Faustino Sarmiento aborrecía a la Sociedad Rural Argentina?


La Oligarquía sólo tiene en cuenta el interés personal de los ricos. Nunca han diseñado un modelo de crecimiento inclusivo. Viven del alquiler de la tierra y, sin hacer absolutamente nada, se llevan un tercio de la ganancia generada por el productor y los trabajadores. Aumentar el precio de la comida afecta al conjunto de la comunidad, pero al oligarca lo favorece.


Son los grandes responsables de la desigualdad, ya que ejercen su dominio desde su condición de terratenientes, propietarios de vastas extensiones de tierra. Juro y perjuro estar citando a Smith (no a Marx) cuando digo que donde quiera que haya una gran propiedad, hay una gran inequidad. Por cada hombre rico deben existir al menos cinco pobres. Esta inequidad en la propiedad y en la riqueza implica una distinción entre ricos y pobres.


Las instituciones y los gobiernos adictos a esta casta de bon vivants tienen como único objetivo, proteger la riqueza y defender al rico del pobre. Dandole a los primeros influencia sobre los segundos, porque los que no tienen título de propiedad heredado deben pagar, en la góndola, la codiciosa desmesura de esta perfidia parasitaria, esclavista y feudal.


La tesis de Aristóteles es que la Oligarquía nunca considerará el interés general; ergo, no forman parte de la comunidad. Son un cuerpo extraño a la nación, para decirlo en palabras del Abate Sieyes. Debemos extraerlo, en beneficio de la comunidad.


Hay una ley inflexible que actúa contra nuestra aspiración a lograr un acuerdo con ellos: Los privilegiados prefieren correr el riego de la destrucción total, antes que renunciar al más mínimo privilegio. “Todas las cosas, quieren perseverar en su ser”.


La reforma desde arriba es imposible. Hagamos entonces, que la revolución desde abajo, sea inevitable.

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