Deuda Pública y Democracia. Partidos, Periodismo e Intelectualidad Orgánica en el Capitalismo Global

Por Silvano Pascuzzo

Una mirada crítica sobre las condiciones de funcionamiento del Capitalismo a principios del siglo XXI muestra, sin lugar a dudas, la subordinación de los sectores productivos – agrícola e industrial – a los dictados del sistema financiero global. Nadie duda ya, que los estados nacionales son débiles ante las presiones de quienes financian sus déficits primarios, constituyéndose, al mismo tiempo, en acreedores. La deuda de los países desarrollados, emergentes y subdesarrollados, con bancos y fondos de inversión transnacionales, constituye uno de los datos más relevantes a la hora de analizar el escenario mundial. La autonomía de la política es cada vez más pequeña.


Acaso no estemos, sin embargo, frente a un fenómeno ni nuevo ni original. Desde los tiempos más remotos, el préstamo a interés – la usura – fue un elemento de peso en el conjunto de los mecanismos que explican la estructura económica de una época. Los antiguos ya discutían, con vehemencia, el peso de éstas prácticas en la vida cotidiana y en el funcionamiento de sus sociedades; condenando moralmente a prestamistas e intermediarios. Desde los profetas hebreos hasta los filósofos de la Grecia clásica, la ética se vinculaba esencialmente con el trabajo, y la corrupción, con la acumulación desmedida de riqueza y su uso especulativo y crematístico.


El sistema capitalista, en sus diferentes fases, ha tenido a la especulación financiera como uno de sus motores más potentes. En artículos anteriores, hemos puesto de manifiesto el lugar central que ésta ha tenido en lo que los economistas han llamado la “acumulación primitiva”; y en la mecánica de funcionamiento de las crisis que siempre lo han caracterizado. Los flujos de dinero – en metálico y papel moneda – constituyeron, desde fines de la Edad Media, el combustible del conjunto de todas las actividades productivas y comerciales. La rentabilidad fue, y es, sinónimo de “tasa de ganancia” sobre el capital invertido; más allá o más acá

de los beneficios tangibles que el sistema pudiera tener para tal o cual sector específico.


La deuda es, en éste sentido, un componente básico de cualquier presupuesto público. La relación entre las finanzas y la política ha sido motivo de largas e interminables polémicas, pero pocas veces se ha resaltado la importancia que tiene en la expansión del negocio especulativo y su desarrollo a escala global.


La sustracción de activos monetarios por la vía del endeudamiento es uno de los negocios más rentables y jugosos de la economía mundial, pues algo es sabido: ningún Estado quiebra y, como resultado de ello, refinanciando intereses atrasados, puede continuar siendo una fuente de recursos inagotable, más allá de crisis circunstanciales.


La dinámica de acumulación por parte del capital financiero cuenta también con alianzas muy importantes, que es necesario desnudar y explicitar a la vista del público, muchas veces ignorante de su existencia y repercusión última, sobre sus propias vidas, a mediano y largo plazo. La primera de ellas es con la política y la segunda con los medios de comunicación concentrados. También, y en tercer término, con el mundo académico y universitario.


Los partidos políticos son hoy, agencias de intermediación de intereses corporativos, más que sistemas de representación popular. Sus líderes y sus cuadros intermedios trabajan como lobistas de las grandes corporaciones, a la par que como legisladores y administradores públicos. La cooptación de las burocracias estatales por el Capital es hoy un hecho consumado, haciendo realidad los temores de teóricos revolucionarios como Karl Marx (1818-1883) o científicos sociales de ideología liberal, como Max Weber (1864-1922).


Por otro lado, los grandes conglomerados mediáticos operan, en consonancia con los partidos políticos, en defensa de los intereses crematísticos de los fondos globales de inversión, de modo descarado y brutal. Sus voceros y capitostes de más renombre reproducen, hasta el infinito, una construcción de “sentido común”, acorde con la dinámica de los negocios financieros. Detrás de un Liberalismo explícito, de una conservadora visión de la realidad social, disciplinan conciencias y aletargan inteligencias, detrás de la idea de que la información y su interpretación es un sinónimo de Poder e influencia colectiva.


Por último, la existencia de técnicos e intelectuales orgánicos afines a los intereses usurarios, completa el esquema de articulación entre política y economía característico de nuestro tiempo. Sin ellos, la reproducción de discursos legitimadores de la acumulación de recursos desde el estado a los privados sería, todo lo más, muy dificultoso. Dotados de conocimientos técnicos y saberes específicos, éstos profesionales le dan al sistema la autoridad necesaria para consolidar hegemonías con el respeto, cuando no con la aquiescencia, de quienes en realidad son esquilmados.


Es crucial entonces resaltar estas dinámicas y estas relaciones, porque son el combustible con el que la hegemonía de una minoría refuerza su poder sobre el resto de la Humanidad y construye mecanismos coercitivos y extorsivos de gran envergadura. No podrán articularse políticas liberadoras de esos yugos sin identificar, previamente, los lazos que unen a las finanzas con la baja calidad democrática, el autoritarismo, la falta de controles y la corrupción estructural imperante en las democracias contemporáneas. Saber que existen es el principio de toda liberación.


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