Del Feminismo al Colectivo Trans. Un recorrido hacia las nuevas identidades de género.

Cristina Garaizabal, mujer catalana. Activista feminista y psicóloga clínica de formación psicoanalista. Experta en problemáticas relacionadas con la diversidad sexual y de género nos ayuda a reflexionar sobre cómo las ideas feministas han cambiado desde los 60s hasta la actualidad. Un breve recorrido que ayuda a comprender las nuevas identidades de género y la consolidación de la lucha del colectivo Trans en Argentina y en el mundo.



Que nuestra sociedad está basada en un sistema binario de género no es novedad. Desde los inicios del movimiento feminista -allá por los 60s- alumbradas por la famosa frase de Simone de Beauvoir “La mujer no nace, se hace”, el feminismo moderno comenzó a constituirse en diferentes movimientos que comenzaron a denunciar que los papeles, roles, características identitarias, psicológicas, no eran algo adquirido que se debiera a la biología sino que por el contrario, que era algo que se construye socialmente -y por lo tanto- susceptible de ser cambiado.


En los 60s discutíamos las reflexiones de Gail Rubin. Ella decía en su libro Trafico de mujeres. que el sexo y el género eran dos dimensiones separadas de una persona. Para ella el sexo era la dimensión biológica y corporal; y el género eran precisamente los rasgos, las conductas, los comportamientos y se representaba a través de una construcción social.


Esta formulación establece que sobre la base del sexo biológico construimos un género, que a su vez, es el que la sociedad considera de cómo tienen que ser las mujeres y los hombres. Pero a mi modo de ver esta manera de interpretar al género seguía estableciendo al sexo como algo inmutable, como algo natural y como algo que no podía cambiarse. Daba por hecho que existían dos sexos, que esa era una realidad biológica, y que por eso era una realidad demostrada científicamente -y en todo caso- era el género el que podía cambiar.


En los inicios los movimientos feministas occidentales se vieron influenciados por la visión de un sistema sexo-género binario como forma de explicar cómo nos hacíamos mujeres y hombres. Es cierto también, que esta visión sirvió como punto de partida para la elaboración y conformación de diferentes movimientos y corrientes de pensamiento dentro de feminismo hasta finales de los 80. Desde mi punto de vista creo que fue un esquema que nos permitió aclararnos, denunciar que los que nos exigían hacer como mujeres no era algo natural, sino que era una imposición social.


Y cuál sería mi critica a esas teorizaciones? Bueno, la primera es que yo creo que esa posición está profundamente impregnada de la dicotomía dominante en el pensamiento occidental. La naturaleza por un lado y la cultura por el otro. Es decir, el sexo es la matriz biológica, natural e incuestionable mientras que el genero representa lo construido culturalmente que por lo tanto se traduce en una posición social y en una subjetividad especifica.


Estas teorías proponían que las diferencias entre hombres y mujeres dependían de la biología y que por lo tanto son diferencias que no podían ser modificadas. Yo creo que en los primeros años con toda la fuerza que teníamos como movimiento nadie se atrevía a cuestionarlo. Pero ojo porque ahora porque vuelven otra vez algunos fundamentalismos y esencialismos biologicistas. Yo creo que al no haber deconstruido la categoría MUEJRES dejamos un terreno fértil para que estas posiciones fundamentalistas biologicistas vuelvan a cobrar relevancia.


Las consecuencias de basar las diferencias en la biología y la anatomía, llevaba aparejado la defensa exacerbada de la estructura psicológica del ser biológicamente machos o hembras. Desde niños nos educan desde patrones como “las mujeres son de tal o cual manera”y“ los hombre son de tal o cual manera. Es decir, al haber dos grupos completamente homogéneos entre si, y a la vez dos grupos dicotómicos y enfrentados. Creo que esto dio pie a generalizaciones y a rigideces interpretativas que nos han llevado también a considerar que lo femenino era radicalmente lo opuesto a lo masculino.


Bueno yo creo que esta generalización fue de los aspectos mas preocupantes de aquellas posturas, que han tenido y hoy tienen todavía un gran impacto. Un impacto que no es precisamente bueno. Por ejemplo, en temas de violencia machista a veces solemos generalizar en exceso, las mujeres, somos las victimas y los hombres siempre son siempre los verdugos; y creo que esto nos está llevando muchas veces a no atacar bien los fundamentos y las bases de la violencia machista y a no combatirla bien porque evidentemente ni todas las mujeres somos buenas, ni todos los hombres son malos.


El patriarcado nos atraviesa a todas y todos, aunque de manera muy diferente y con consecuencias muy distintas y es verdad que faltan instrumentos para comprender la verdadera dimensión de la problemática que no es precisamente que las mujeres son siempre buenas y los hombres siempre malos.


Creo también que estas generalizaciones han creado tensiones que dieron inicio a movimientos y corrientes dentro del feminismo. Muchas mujeres no se sentían identificadas en ese sujeto común feminista y en las mujeres que el feminismo defendía inicialmente. Fueron aparecieron voces en contra de esa pretendida homogeneidad, por ejemplo los movimientos de Mujeres lesbianas, sobre todo las mujeres más masculinas y luego en los 90s empezaron a aparecer otros sectores como mujeres inmigrantes, prostitutas y movimientos transexuales, que no se veían reflejadas en ese sujeto que el feminismo hacia suyo. Y por lo tanto, no se sentían representadas. En este contexto comenzó la crisis y la transformación interna dentro de Feminismo.


Algunas feministas empezamos a ser conscientes que algo no andaba bien. Que las mujeres eran bastantes mas diversas de lo que en un principio pensábamos y habíamos imaginado, y empezamos a reconocer la diversidad entre nosotras; diversidad de situaciones, diversidad de subjetividades, diversidad de opiniones sexuales, de origen étnico, de origen nacional, de la presencia o ausencia de sentimientos religiosos, diversidad de adscripciones políticas, de maneras de vivir el deseo sexual entre otros. En fin todo aquello nos llevó a cuestionar esas formas tan monolíticas de entender el género y a entender que debíamos flexibilizar la categoría de alguna manera.


Este nuevo sistema de sexo-genero como manera de entender la situación de las mujeres y de habitar el mundo han sido desarrolladas -yo creo- por la tercera ola del feminismo; Mujeres jóvenes, muy preparadas y han empezado a comprender cómo es esta nueva dimensión de la identidades de género de manera que sean mas inclusivas, menos sectarias y menos excluyentes.


La idea no es sólo entender las identidades de género de aquellos que se sienten mujeres y hombres, sino también de personas que no acaban de identificarse con ninguno de los dos géneros establecidos en el sistema dominante.


Nuevos sectores trans y de personas que defendían el transfeminismo proponían y denunciaban que el sistema de géneros, además de ser jerarquizado; era un sistema dicotómico y binario basado en dos categorías excluyentes que se presentan como únicas posibles. Esta demanda nos permitió desarrollar otras formas de comprender mejor la violencia que implica no poder identificarse en ninguna de esas dos categorías, recortando reprimiendo o renunciando a todos aquellos deseos, a todas aquellas aptitudes, a todas aquellas características que no calzan con aquello establecido como patrón de género.


A finales de los 90s comenzaron visibilizarse los reclamos de los grupos Trans y creo que esto tuvo mucho que ver con la labor que hizo el feminismo, apoyando el reclamo de este colectivo y poniéndolo en superficie. Al flexibilizar la categoría MUJER empezaron a aparecer personas que no se sentían identificadas con ninguna categoría. O personas que se sentían identificadas con el género contrario al que se supone que correspondían según la lectura social y cultural de la sociedad formal. Estas personas se llamaron transexuales femeninas y en los 90 activaron lograron integrarse al sistema de género para volverlo más diverso con muchas consecuencias.



Judith Butler en los 90 escribió un libro llamado El género en disputa y a mi modo de ver creo que es clave para comprender y para dar legitimidad a las diferentes formas de habitar el género y vivir la sexualidad.


Por otro lado la bióloga feminista Anne Fausto Sterling en 2000 escribió Cuerpos sexuados, donde viene a plantear que eso de la naturalidad de los sexos es relativo.



Para Butler ciertamente la heterosexualidad construía el género en el esquema antiguo de entender la diversidad y creo que esta forma de comprender la diversidad es muy interesante.


A donde llegamos con todas estas reflexiones? A cuestionarnos mucho la propia idea de la identidad de género o de la identidad como algo estable que se construye según nos han explicado y al fin de cuentas la identidad es un invento moderno. Podemos imaginar en la antigüedad un individuo como tal? Las personas pertenecían a categorías mucho más amplias por ejemplo Ser parte de la plebe o de la Nobleza o eras rey o reina. Pero el individuo como tal es algo que nace con la ilustración y con la modernidad.



De ahí aparece ese mito del ser humano que todo lo puede, que está por encima de todo, que es lo que estamos viviendo en estos momentos, y por lo tanto nuestras identidades son únicas. Y lo que se viene a plantear desde estas nuevas corrientes de pensamiento y diversidad surgidas es justamente que eso es un mito. Y es algo bastante falaz. Que la realidad es que la identidad la vamos construyendo a los largo de toda nuestra vida. Intentamos ser lo más coherentes y estables posible, pero no lo somos. La incoherencia, la incertidumbre y la inestabilidad forman parte de los seres humanos y de la vida en general. Y que por lo tanto eso de las construcciones no resultan ser tan monolíticas y tan estables como se presuponía.


Lo que construimos según mi opinión son identidades múltiples, identidades variadas, flexibles, Identidades que vamos habitando en función de las diferentes circunstancias y de las diferentes categorías que nos van atravesando. Creo que nos a dado una idea mucho mas interesante para poder apreciar y defender la diversidad desde un punto de vista más sensato y profundo. Todo bien con la diversidad pero a veces no nos damos cuenta de las violencias y discriminaciones que ocurren a pesar de las maravillosas leyes que de igualdad y ley del matrimonio igualitario entre otras.


Quiero referirme a los nuevos esencialismos que no solo han calado en el feminismo sino también –a mi criterio- en las ciencias sociales, en la psicología y yo creo que eso dio base teórica a la lucha del movimiento LGBT e incluso a la consideración de las naciones unidas hace dos años, considerando la identidad de género como un derecho humano, universal, integral, intransferible, irrenunciable, incondicionado, inviolable, obligatorio e imprescindible. Con éste pronunciamiento las afirmaciones los transexuales no son enfermos, por ejemplo, han supuesto un nuevo paradigma a la hora de analizar la cuestión trans.


En primer lugar desmedicadizandolo estableciendo que no es una enfermedad y que no es necesario meter o sacar cosas de nuestro cuerpo. Muchas chicas trans cambian su cuerpo hasta extremos peligrosos. No tengo ningún problema con ello pero me parece que pagan un precio muy alto para ser leídas del género que quieren.


Lo más importante en la actualidad son aquellos discursos que reproducen el escencialismo y el determinismo identitario. Porque me preocupan? Pues por que es un esencialismo que sigue defendiendo la inmutabilidad e imposibilidad de cambios para muchas cuestiones de género y que defiende que existe una identidad sexual determinada por cuestiones biológicas y que esto es imposible de modificar. Y yo creo que esto está siendo aceptado sin una mirada critica por enormes sectores sociales, incluidos sectores feministas, sectores progresistas y esto se manifiesta sobre todo cuando se habla de temas con problemática transexual.


En el marco de la media sanción de la ley de cupo laboral trans en Argentina, acercamos la opinión de Cristina Garaizabal y esperamos sumar entendimiento sobre las problemáticas de estos grupos y colectivos sociales.

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