Crítica y Diversidad. Contra el Maquiavelismo de Pulpería

Por Silvano Pascuzzo

Como todos sabemos, el actual gobierno argentino es el producto de una coalición electoral amplia y muy diversa, formada al calor de la lucha contra el Macrismo, entre los años 2015 y 2019. Los actores que la componen tienen miradas, historias y recorridos bastante diferentes y, pasadas las elecciones, los hechos, más que las palabras, determinan sus reacciones ante las políticas públicas implementadas. Surgen malestares y desacuerdos, lo que no sólo es natural, sino también inevitable. No habría, a priori, que sorprenderse por ello; y mucho menos indignarse.


El rumbo estratégico de un Proyecto Popular se ve siempre sometido a tensiones coyunturales y a presiones diversas. Juan Domingo Perón (1895-1974) explicó, en más de una oportunidad, ese difícil equilibrio entre el “concebir”, el “planificar” y el “ejecutar”, de un modo mucho más inteligente y claro que lo que podría hacerlo el autor de ésta nota. Solamente nos gustaría puntualizar que, sobre el tema que nos ocupa, las miradas no deberían ser unánimes.


El Presidente de la Nación, en consecuencia, está condenado – como cualquier gobernante – a conformar a algunos y a defraudar, total o parcialmente, a otros. La tan mentada “unidad” en política es siempre dinámica, y nunca queda congelada en torno a composiciones demasiado estables. Una cosa es juntarse para buscar votos, y otra muy distinta es construir acuerdos alrededor de soluciones prácticas a problemas estructurales. Incluso puede decirse que, lo que para unos es parte del paisaje, para otros es la antesala de enormes y amenazadoras tormentas.


Partiendo de éstas sencillas pero evidentes verdades, es básico pensar que existirán chisporroteos y desinteligencias internas. Lo crucial, nos parece, es la coincidencia de objetivos de largo plazo, la orientación general. En la Argentina de hoy, las diferencias entre el modelo liberal y el nacional y popular son tan claras, que ello debería servir para que todos los sectores que componen el Frente de Todos caminen – al menos por un tiempo considerable – por sendas convergentes. Sin sacralizar, claro está, a la obsecuencia y a la falta de sentido crítico.


Ahora bien: ¿es cierto que verter opiniones críticas es siempre sinónimo de hacerle el juego al adversario?. Nos resistimos a sostener un punto de vista tan tajante como simplista. Hay que apartarse de cierto “maquiavelismo” de pulpería, que se inspira en una especie de obsecuencia irracional hacia ciertas figuras públicas con poder, por la sencilla razón de que los dirigentes son falibles, imperfectos y, demasiadas veces, cobardes. Argumentar que opiniones honestas y críticas pueden poner en riesgo unanimidades inexistentes en la realidad viva de lo cotidiano, es no sólo un acto de ignorancia, sino una inveterada estupidez.


Los hombres y mujeres que militamos en política tenemos que ser coherentes con lo que decimos y predicamos. Contribuir con puntos de vista no convencionales, opuestos a los de una mayoría silenciosa y pasiva, no es un crimen; es, por el contrario, un gesto de lealtad. Desafiar a la “sabiduría convencional” – como bien lo resaltara John Kenneth Galbraith (1908-2006) – es salvar a los amigos de su propia evanescencia. La abusiva fetichización del verticalismo convierte a los hombres en esclavos de su propia cobardía.


Nos permitimos entonces recomendar, ser tolerantes con las discrepancias puntuales y las diferencias sobre cómo solucionar dilemas a los que todos consideramos importantes. Nada bueno podrá recogerse usando argumentos inquisitoriales y verborragias condenatorias contra los disidentes. Uno de los mayores errores cometidos durante los gobiernos populares del 2003 al 2015 fue precisamente ese: callar los desacuerdos y considerar imposible la convivencia dentro de un único espacio. Fue esto último lo que favoreció a Macri, y no nuestros puntos de vista diferentes. Haber optado por la ruptura y no por la discusión.


Desde aquí abogamos porque el Gobierno se consolide, aspiramos a que pueda desplegar su proyecto estratégico con efectividad y buenos resultados; pero también nos preocupan ciertas discusiones escolásticas, algunos argumentos excesivamente institucionalistas de escaso valor práctico y, sobre todo, acciones de gran candidez que, en circunstancias determinadas, podrían ser muy peligrosas. No queremos ser concesivos con los propios ni callar frente a lo que no nos gusta, puesto que nos sentimos parte de un Proyecto Nacional y Popular, al que defenderemos siempre, con orgullo y determinación. A fin de cuentas, la militancia es compromiso; más que con los hombres, con la Patria y con el Pueblo. Los primeros pasan. Los segundos, nos trascienden.

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