Argentina: ¿De la caterva vociferante a la desestabilización?

Por Silvano Pascuzzo

La victoria del Frente de Todos en las elecciones del 27 de Octubre ha otorgado el triunfo a las fuerzas populares, sin que la derecha haya podido impugnar sus resultados. También Argentina ha sido el único país de la región en donde la alianza entre políticos, medios, jueces y servicios de inteligencia, tuvo que morder el polvo, ante el fracaso de sus intentos por encarcelar a Cristina Fernández de Kirchner. Lo cual no es un dato menor, si tenemos en cuenta el contexto, caracterizado por un avance de grupos reaccionarios en Colombia, Chile, Ecuador, Brasil y Bolivia.


Decíamos al respecto, en otra nota para Koinón, que existe una contraofensiva en Sudamérica, de las derechas autoritarias, que llegan para ocupar – por la vía del voto o por vías de hecho – el rol de los viejos partidos políticos, pulverizados por la traición de sus dirigencias y por el papel jugado en la modelación y puesta en práctica de los proyectos neoliberales de las décadas del ‘80 y ‘90 del siglo pasado. La Democracia liberal – la famosa Poliarquía – que muchos visualizaban como una herramienta efectiva para lograr el desarrollo y la equidad sociales, está siendo destruida desde dentro, por sus supuestos defensores; mientras se construye a paso firme, una nueva versión del “Estado Burocrático Autoritario”; ésta vez con un maquillaje civil, institucional, que es evidentemente, una farsa.


Ahora bien: ¿es posible que un modelo semejante se instale y consolide en un país como la Argentina?. La respuesta no es sencilla, porque demasiados acontecimientos inesperados han ocurrido, desde Quito a Brasilia, y desde La Paz hasta Santiago, como para dar una respuesta categóricamente negativa. Todo dependerá del desempeño del Peronismo en los próximos meses; y también, de la capacidad de Alberto Fernández como Jefe del Estado y como líder regional de las fuerzas populares y nacionales. La experiencia mediático empresarial ha fracasado en las urnas, y es posible – diríamos que hasta probable – que los sectores derrotados intenten una desestabilización con apoyo interno y externo.


No carecen de recursos y tampoco de apoyos. Existe un sector de la población, hay que decirlo, que estaría gustoso de colaborar activamente con una salida autoritaria. No constituye, es claro, una mayoría ni mucho menos, pero es portador de un odio acendrado hacia todo lo popular, y de una mentalidad simplista y brutal. Es el sector al que le hablan Pichetto y Carrió, Bullrich y Garavano. Su perdurabilidad a lo largo de nuestra Historia lo ha colocado como colectivo social, junto a todos los golpes de estado desde 1930, e incluso desde antes. No sólo en Bolivia hay ciudadanos racistas, violentos y segregacionistas. Aquí, entre nosotros, los contamos de a miles.


Esa “quinta columna” acompañó el intento sedicioso de 2009, orquestado por Clarín y las patronales agropecuarias; y hoy conforma la legión de los partidarios de la mano dura, la “meritocracia” y la criminalización de la pobreza.


Constituye la base electoral más dura del Macrismo, en provincias y distritos importantes; por lo que se debe estar alerta. Activados y movilizados, éstos energúmenos que comparten con el resto de los argentinos su condición de ciudadanos, pueden convertirse en una caterva amorfa y vociferante, que justifique en su alucinada comparsa de “burlesque” clandestino, cualquier salida autoritaria.


De éste modo, podemos señalar, que la derecha ha perdido una elección, pero todavía tienen mucho poder y mucha presencia en el cuerpo social argentino.


Ahora es cuando el Movimiento Nacional debe construir organización y cohesión internas; pues es posible que deba, más temprano que tarde, afrontar problemas enormemente serios. Los tambores de guerra ya pueden escucharse en las inmediaciones de la Sociedad Rural Argentina (SRA), en las páginas de los diarios hegemónicos, y en las palabras de ciertos adefesios y monigotes al servicio del capital foráneo y nativo. La endeblez ideológica de los propios, el falso

intelectualismo de ciertas miradas posmodernas y una creciente indiferencia, frente a las señales de violencia surgidas al interior de los aparatos de seguridad del Estado; preocupan y mucho, a quien esto escribe.


El peor error que podría cometerse en circunstancias como la presente, es subestimar el poder que aún tiene la derecha. Será crucial aquí, el papel que puedan jugar las organizaciones sociales, las universidades, los sindicatos y los organismos de DDHH, al momento de aislar y repudiar a los violentos y a los sediciosos. Y claro, también de la capacidad que el Estado demuestre para actuar con todo el peso de su fuerza legítima y jurídica, en la detección y penalización de eventuales intentos desestabilizadores. No tener en claro esto, en las actuales

circunstancias, es abrir las puertas del infierno.


En conclusión. Sin movilización popular y sin un Estado apto para prevenir golpes al sistema democrático, el futuro puede jugarnos una muy mala pasada.


Cada uno de nosotros, los que creemos posible la conciliación entre la Libertad y la Igualdad, tenemos que cumplir con nuestro deber, denunciando al racismo, las llamadas al autoritarismo y acompañando activamente al nuevo gobierno popular. De todo ello, y no de otra cosa, depende la estabilidad de la Democracia en la Argentina, y porque no, en toda la América del Sud.


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